Pasado el fervor patrio del desfile militar quisiera, como cada año, emitir una opinión detallada de las cosas que quiso decir el desfile, de sus simbolismos y detalles operativos.
El primer mensaje, que se repite desde el primer desfile militar organizado por López Obrador, fue la insistencia en la ‘operación pantalla’ (el término castrense para referirse coloquialmente a una mentira) de hacer creer al pueblo de México que la Guardia Nacional está vivita y coleando. La GN no existe, es una ficción jurídica, una marca, pero carece de personal y vacantes propias. A quienes vimos desfilar em miércoles pasado fue a soldados y marinos disfrazados de guardias nacionales, haciendo cosplay de policías (como un otaku que se disfraza de su personaje favorito de Naruto), pero la GN no existe. Tan no existe, que quien supuestamente la comanda, Omar Hamid García Harfuch, ni si quiera se molestó en asistir al desfile.
La segunda farsa, tan risible que dio ternura atestiguarla, fue el uso de drones comerciales (similares a los que pueden adquirirse en tiendas departamentales o sitios de internet) y robots ‘caninos’ de fabricación china (similares a los que dan la bienvenida en algunas plazas comerciales del país). Los drones que desfilaron, incluso aquellos que sí son desarrollos tecnológicos propios (como los de la Armada), no tienen capacidades kinéticas (capacidades de portar y usar armamento) y sólo cumplen funciones de reconocimiento (función que ya cumple el 50% de la Fuerza Aérea y la Fuerza Aeronaval, que consiste fundamentalmente de avionetas y aviones de transporte), y que para tal efecto, bien pueden realizarse vía papalote.
La pretensión de tranquilizar al pueblo de México mostrando drones de Temu refleja una involución del pensamiento estratégico de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM). Al presumir ese equipo, en lugar de que la FAM se presentase como el estándar de profesionalismo de la aviación, único poder aéreo en este territorio soberano, el Ejército se rebajó a pretender que ya iban ‘a medio camino’ de tener tantos drones como los cárteles.
La pretensión de los cárteles al comprar drones es precisamente parecerse a la FAM, tener una fuerza aérea similar (la misma, pero más barata). Dado que los cárteles no pueden comprar aeronaves Texan o F-5, se limitan a modificar artesanalmente drones de uso agrícola. Los cárteles quisieran tener el presupuesto o la discrecionalidad de la FAM. Triste ver al Estado ignorar que ya cuenta con capacidades de reconocimiento y apoyo aéreo cercano, pretendiendo imitar a su adversario.
El último mensaje es de apapacho a su presidenta (quien decidió presenciar el desfile a pie de calle, no desde la lejanía del balcón de Palacio Nacional), a quien sus fuerzas armadas le refrendaron, ¡no estás sola! Sin embargo, dentro de mis incipientes conocimientos de historia militar, no recuerdo un solo ejército que solo a base de infantería haya sido capaz de impedir la superioridad aérea del Ejército Estadounidense. Si Donald Trump y Pete Hegesth cumplen sus amenazas de dronear y sustraer a políticos cómplices del narcoterrorismo en México, ni aunque los 330,000 soldados y marinos custodiaran Palacio Nacional impedirían una operación como la que secuestró a Nicolás Maduro.
A las tropas que desfilaron, muchas felicidades, desde un punto de vista estrictamente marcial quedó de fibra, todos los ensayos rindieron fruto. A los generales y almirantes que planearon el desfile, pongan sus barbas a remojar, nos quedan 2 años de Trump gane o pierda las intermedias.
Director del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos
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