Por Abraham Roldán, psicoterapeuta y tallerista en temas de diversidad sexo-genérica. Colaborador de Intervención en Crisis en The Trevor Project México.

—No me siento seguro de que nos vean tomándonos de la mano y que al rato mi mamá se entere; prefiero dejarlo aquí—. Con esas palabras, a mis dieciséis años, viví mi primera ruptura amorosa: la de un joven que apenas descubría su atracción romántica hacia otros hombres.

Si bien reconozco que es válido decidir terminar una relación, en su momento, recibir ese mensaje de texto durante la madrugada generó en mí una profunda tristeza, dificultad para respirar y dos preguntas: si así serían mis relaciones por venir y cuál era el sentido de seguir viviendo. Y es que, pese a que esa noche me acompañó el bailar y cantar los álbumes pop de las artistas del momento, seguía sin encontrar la calma frente a los pensamientos de muerte como una opción para dejar de sentir tristeza, ansiedad o miedo.

Esto no es algo fuera de lo común, en nuestra reciente campaña en The Trevor Project México —la organización líder en intervención de crisis para juventudes LGBTQ+—, titulada “Cuando nadie está, estamos”, se retoma lo señalado por The Journal of Clinical Psychiatry: el riesgo de suicidio es mayor durante la noche que en cualquier otro momento del día, debido a procesos biológicos y psicológicos, así como a factores sociales.

Este apunte se ve reflejado en el número de contactos vía WhatsApp y Web que recibe nuestra línea de atención: el 42% de las solicitudes de crisis que atendemos ocurren entre las 11 de la noche y las 4 de la mañana. Es por esto que se vuelve imperativo brindar a todas estas juventudes el acceso a un espacio seguro.

Ante este panorama es importante preguntarnos: ¿cuántos lugares conocen que brinden apoyo a juventudes sexogenéricas diversas en cualquier momento del día, la noche o la madrugada cuando están atravesando una crisis emocional?

La , elaborada por nuestra organización, encontró que 53% de las juventudes LGBTQ+ en el país habían considerado el suicidio el año anterior y que, en efecto, una de cada tres de estas personas lo intentó —incluyendo a casi la mitad de las juventudes trans y no binarias—.

En este sentido es imperativo establecer espacios seguros, mismos que definimos ya no solo como un lugar físico, sino como el cúmulo de acciones que cada persona lleva a cabo con quienes se relaciona para brindar cuidado, empatía y una escucha sin miedo a juicios, violencias o invalidaciones.

Bajo esta premisa, hemos lanzado diversos materiales educativos como la reciente y el recurso , entre otros. Estas publicaciones están pensadas para conocer qué pasos podemos seguir para acompañar a las juventudes que, como en mi caso, en medio de la oscuridad hubieran deseado tener los entornos de cuidado que no tuve sino hasta mi edad adulta; una compañía que se vuelve un factor protector contra la depresión, la ansiedad y las ideas de suicidio.

Los años pasaron y logré compartir mi orientación con mi familia, quienes no solo me arroparon en mi primera ruptura amorosa y en las siguientes, sino que se han encargado de recordarme cada día que mi orientación nunca debe ser un motivo de culpa o rechazo. Es así como, de la misma forma en que la música a todo volumen me resulta un analgésico para el malestar, fueron mis redes de apoyo las que transformaron mi día a día.

Para todas las juventudes que hoy resisten en medio de la noche: merecen espacios listos para escucharles, cobijarles y potencializar el orgullo de ser quienes son. Porque tu orientación sexual, identidad y expresión de género, así como tu derecho a vivir plenamente, importan.

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