Por Dian Rodríguez

¿Cuántas veces has escuchado la frase “Contamos con un excelente ambiente laboral?”. Apuesto que muchas. Años atrás, trabajé en una empresa que, como varias, hacía alarde sobre el respeto a la diversidad cuando la realidad era otra. Debido a las críticas que abundaban en ese espacio laboral, durante más de un año reprimí mi identidad de género detrás de una vestimenta sombría y “neutral”, basada en el código interno, callé mis palabras y propuestas, evité opinar en cualquier charla trivial, me sentí cansada, triste y sola… con esa sensación constante de “no pertenencia”.

Con la aparente tranquilidad de un ingreso fijo y algo parecido al reconocimiento laboral, sentía que aún podía “aguantar”, pero sí me pongo sincera y me confieso, siempre quise irme de ese espacio. Ahora me pregunto, sin afán recriminatorio ¿cómo pude tolerar esa situación?Bajo estas circunstancias conocí a “A”, y con ello encontré las herramientas necesarias para resistir o, cuando menos, tuve la motivación suficiente que me ayudó a idear un plan para salir de aquel trabajo sin espacios afirmativos.

De acuerdo a la de The Trevor Project México, un espacio afirmativo es aquel que no solo acepta pasivamente la diversidad, sino que la valida, celebra y protege activamente, va más allá de la tolerancia, pues se trata de un compromiso consciente para crear condiciones donde todas las personas puedan florecer.

Esa expresión me gusta y la sostengo porque justo en aquel espacio laboral me sentí marchita. Pero ¿cómo se puede florecer en los espacios laborales si en México solo el 9% de las juventudes LGBTQ+ encuentran espacios afirmativos en su lugar de trabajo? Esto de acuerdo con datos de la .

Volviendo a mi historia, “A” llegó luego de que despidieran de forma muy poco empática al compañero que se sentaba junto a mí, tal como suelen hacer algunas organizaciones. Si bien la noticia no me afectó —para ese punto me encontraba bastante anestesiada emocionalmente—, el haberme enterado de las formas utilizadas, fue la constatación de que estaba en un lugar donde el respeto por las personas era la última prioridad.

Con la creencia constante de no poder confiar en nadie, “A” y yo no nos hablamos a la primera, porque estos son los efectos de espacios en donde no hay inclusión: fragmentar, generar duda, miedo, desconfianza y, sobre todo, malestar emocional constante. Pero un día escuché cómo hablaba acerca de sus ideas con entusiasmo, y algo en su tono y en las palabras que elegía, me dijeron que todo estaría bien, que podía confiar, que por fin había “alguien como yo”, de inmediato di la vuelta, le hablé y nos presentamos. Finalmente estaba ante alguien que también pertenecía abiertamente a la comunidad LGBTQ+, no estaba sola. Ahí empezó una breve historia de resiliencia conjunta, en donde sentía que podía contar con quien comprendía mis inquietudes, y hasta nos animamos juntxs a expresar el orgullo que nos daba la pertenencia a ese microcosmos de diversidad.

Recuerdo esto con fortaleza y con cariño, pues hizo toda la diferencia para transitar esa etapa, para buscar florecer. No obstante, ahora pienso en qué estará pasando con las personas que no tienen acceso a estos espacios. Según la , en trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres dedicamos hasta 61.1 horas semanales en promedio, mientras que los hombres dedican 58 horas, por lo que no es sorpresa que nos queden pocas horas para otras actividades de nuestro desarrollo personal, algo que se traduce en mayores riesgos de ver reducidas redes y herramientas de apoyo y en el influjo que esto puede tener para nuestra salud mental.

Resulta urgente, entonces, que podamos contar con espacios laborales seguros, pues es una realidad que muchas juventudes no se sienten respaldadas. Como ya no estoy anestesiada —después de un largo proceso de recuperación—, quisiera invitar una vez más a entrar a esta nueva guía de Trevor, para conocer estrategias transformadoras, por si quien lee lo necesita, o por si sabe de alguien que la requiera. Solo hace falta dar la vuelta y escuchar lo que nuestrxs compañerxs tienen para decir.

Pedagoga de la FES Aragón, promotora de la salud mental desde hace 5 años y Especialista de Capacitación para el área de Intervención de Crisis en The Trevor Project México.

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