El pasado 1 de julio, el Bosque de Chapultepec conmemoró el cumpleaños 36 de Xin Xin, la última panda gigante que habita en el zoológico mexicano, la más longeva de su especie a nivel mundial y el único ejemplar en el extranjero que no es propiedad de China. En 1975, tres años después del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, el gobierno chino donó al país una pareja de pandas gigantes: Ying Ying (hembra) y Pe Pe (macho). Con este gesto, México se convirtió en uno de los pocos países beneficiarios de la llamada "diplomacia del panda", una práctica mediante la cual China otorgaba ejemplares de esta especie como símbolo de amistad y cooperación bilateral.

La diplomacia del panda es una práctica de política exterior implementada por el país asiático que consiste en el envío de pandas gigantes a naciones extranjeras como instrumento de relaciones internacionales y símbolo de cooperación bilateral. Desarrollada durante la Guerra Fría como mecanismo de soft power, esta estrategia permitió a China proyectar una imagen positiva y establecer vínculos diplomáticos con países estratégicos.

Dicha práctica experimentó una transformación radical a mediados de la década de 1980. Se suspendieron las donaciones de ejemplares y se estableció un sistema de préstamos con contratos de 10 años con costo. Bajo este nuevo esquema, todos los pandas en el mundo, incluidas las crías nacidas en el extranjero, permanecen como propiedad de China. Este cambio respondió tanto a preocupaciones sobre la conservación de la especie como al deseo de mantener un mayor control diplomático sobre estos animales.

El 7 de junio de 1981, marcando otro hito en la historia de la conservación, llegó al mundo Tohui, la primera panda gigante concebida en México y una de las primeras en nacer en cautiverio fuera de China mediante inseminación artificial. Su nacimiento consolidó a México como referente científico en la reproducción de esta especie y convirtió a la panda en un símbolo nacional durante la década de 1980. Nueve años después, en 1990, Tohui fue emparejada con Chia Chia, el panda macho que había llegado desde Londres en 1988, y de esa unión nació Xin Xin, cerrando así un ciclo de tres generaciones de pandas en Chapultepec.

Xin Xin no solo es un ícono de la conservación: mientras que en la naturaleza los pandas rara vez superan los 20 años de vida, ella ha duplicado la esperanza de vida de sus congéneres salvajes, lo que constituye un indicador del trabajo de conservación que se realiza en el Zoológico de Chapultepec.

Mientras la panda mexicana celebra sus 36 años en Chapultepec, el panorama global de su especie ha cambiado radicalmente. Tras décadas de esfuerzos, China logró que en 2016 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reclasificara al panda gigante, que pasó de estar "en peligro" de extinción a ser considerado una especie "vulnerable".

En la actualidad, más de 1,860 ejemplares viven en libertad en las montañas de China, mientras que la población en cautiverio alcanzó los 808 ejemplares en 2025, casi el doble que hace una década. China ha integrado 73 reservas naturales en un gran parque nacional y ha logrado liberar exitosamente a nueve pandas en su hábitat natural.

Xin Xin no es solo un ícono de la conservación, sino el legado vivo de una relación diplomática de más de medio siglo. En 2025 se cumplieron exactamente 50 años de la llegada de sus abuelos Ying Ying y Pe Pe a México, lo que la convierte en el testimonio histórico de esa amistad entre México y China.

Especialista en temas asiáticos

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