“A partir de hoy, la OTAN es más europea que nunca”, declaró el canciller alemán Friedrich Merz al culminar la cumbre de Ankara hace unos días. Casi ochenta años antes, el 4 de abril de 1949, doce países firmaban en Washington el Tratado del Atlántico Norte. Alemania no estaba en la sala. Ni siquiera existía: la República Federal nacería siete semanas después, sobre un territorio ocupado. Fue hasta 1955 cuando Bonn entró finalmente, y con condiciones: su ejército estaría bajo mando aliado, renunciaría a las armas atómicas y la garantía, así exigida por Francia, de que las tropas americanas se quedarían.
La frase de Merz se dijo como un anuncio de fortaleza europea, pero podría estar describiendo otra cosa. Desde hace un año y medio, bajo presión estadounidense, Europa ha comenzado a asumir su propia defensa. En ese contexto, Alemania se ha propuesto, en palabras del propio Merz, construir “el ejército convencional más fuerte de Europa”. Así que una OTAN “más europea que nunca" parecería el eufemismo de "más alemana que nunca". En Ankara, Berlín anunció también un gasto militar récord de 124,700 millones de euros para este año y adelantó seis años, a 2029, su meta del 3.5% del PIB. De seguir en ese ritmo, en 2029 Alemania gastará en defensa el doble que Francia.
Pero, más allá del dato y el monto, vale la pena detenerse en el mecanismo impulsado por el propio canciller que en marzo del año pasado empujó para eximir del freno constitucional de deuda (la conocida Schuldenbremse, arquetipo de la ortodoxia fiscal alemana) todo gasto en defensa superior al 1% del PIB. Al hacerlo removió el límite de cuánto puede gastar el país en rearmarse. Lo preocupante y la pregunta que hay que hacerse es: ¿quién en Alemania heredará la posibilidad de tener una chequera ilimitada para el gasto militar?
Y esta no es una pregunta retórica: los vecinos de Alemania ya se la hacen. Polonia, Francia y Reino Unido observan el rearme alemán con una inquietud que ha llegado a la prensa europea y a los análisis de seguridad. Los escenarios contemplados van desde una Alemania que no acudiría a defender a sus aliados hasta una Alemania rearmada convertida ella misma en riesgo. Polonia ha sido la primera en preocuparse y expresarlo en voz alta. La memoria de 1939 como un fantasma en Ankara.
Por eso la respuesta a quién heredará la chequera militar alemana cobra tanta importancia. La AfD, considerada como una organización de extrema derecha, es la primera fuerza del país con 27-28% en todas las mediciones de julio, siete puntos arriba de la CDU de Merz, cuya aprobación personal ronda el 15%. La AfD pide levantar las sanciones a Rusia, se opone a armar a Ucrania y busca una arquitectura de seguridad europea sin Estados Unidos y con Moscú. Así que 2029 se convierte en un año crucial para Alemania, para Europa y para la OTAN. El año en que Merz promete alcanzar el 3.5%. El año en que su presupuesto de defensa toca los 152,000 millones y el año de la próxima elección federal en Alemania.
En 1949 la OTAN nació en una sala donde Alemania no tenía asiento. Setenta y siete años después, la sala entera parece depender de lo que se decida en Berlín. Merz llama a eso una OTAN más europea que nunca; sus vecinos, con más memoria, aún no encuentran cómo llamarla.
X: @solange_
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