¿Por qué los cárteles parecen extenderse mientras los homicidios dolosos descienden? ¿Aumenta o disminuye la realidad de la seguridad según bajan ambos? La capacidad institucional para desmantelar grandes estructuras delictivas, fragmentándolas en células menos letales obligadas a mutar para sobrevivir, podría explicar la convergencia de ambos aspectos.

Esa reducción drástica de la letalidad es la victoria más urgente y necesaria de todo Estado Nación. La legitimidad de un gobierno se mide, ante todo, por su capacidad para proteger la vida e imponer un sentido generalizado de orden regido por normas y supervisado por cuerpos gobernantes.

El decremento del 41 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos registrados —esto es, aun asumiendo que en alguna proporción, minúscula o no según la entidad de la cual se hable, existen porciones numéricas correspondientes a la tragedia del fenómeno de los desaparecidos—, informada por el gobierno federal para marzo de este año en comparación con septiembre de 2024, es resultado de un enfoque de contención sin duda contribuyente de la neutralización de las cadenas logísticas del crimen.

En otras palabras, el gobierno está interrumpiendo una parte muy relevante del proceso de generación de violencia letal.

Las cifras presentadas esta semana en la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum apuntan a una muy clara disminución de las muertes violentas asociadas al crimen organizado y eventualmente a las correspondientes a riñas y diversos tipos de conflictos. Las organizaciones criminales pierden capacidad de disputar el territorio mediante la violencia armada al enfrentarse, como ahora ocurre, a una resuelta disposición del Estado para contenerlas y sancionarlas con eventuales colaboraciones con el gobierno de Estados Unidos.

Crecientemente presionados, los criminales se repliegan hacia la clandestinidad financiera, delitos como la extorsión o el fraude, trata de personas y/o hacia aquellos con menor impacto visible.

El caso del Cártel del Noreste es ilustrativo de esta transformación. Según información del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos —publicada en las páginas de EL UNIVERSAL—, esta organización ha concentrado sus esfuerzos en el tráfico de personas, armas y lavado de dinero. Aunque se le caracteriza por sus “prácticas sanguinarias”, su diversificación delictiva migra hacia operaciones alejadas de la violencia sangrienta evidente.

En una línea colaborativa de la estrategia de Sheinbaum, la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, apuesta a la presencia institucional territorial, endurecimiento de las sanciones contra la extorsión y más detenciones como instrumentos contra el enraizamiento delictivo.

Es buena noticia saber que Brugada también mantiene esfuerzos para la contención del proceso celular de los organismos delictivos a los cuales se está golpeando en la capital nacional.

@guerrerochipres

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