La esencia de la vida en el fascinante reino de los hongos reside en el micelio. Esta vasta red de filamentos microscópicos y subterráneos es capaz de capturar nutrientes, absorber humedad y reaccionar inmediatamente ante estímulos externos para transmitir alertas bioquímicas por plagas o sequías.

De manera similar, cuando una metrópoli de las dimensiones y complejidad de la Ciudad de México fortalece su estrategia de videovigilancia, la concepción innovadora requiere ramificaciones.

La seguridad urbana del siglo XXI empieza a estructurarse como un micelio digital con filamentos entre el entorno público y el privado. Con un despliegue de más de 119 mil 650 cámaras de videovigilancia públicas, el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) transita a ser una densa red de conexiones con empresas y negocios privados.

Este modelo de videovigilancia mixta se expande mediante alianzas estratégicas con organismos privados. A través del programa Aliados C5, el sistema teje vínculos con corporativos históricos y comercios de gran escala como Oxxo, Walmart, la Asociación de Hoteles de México o la ANTAD, la Canaco y Canadevi.

La incorporación esta semana de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en la Ciudad de México formaliza la consolidación de este micelio de la videovigilancia, donde los lentes privados se convierten en fibras adicionales conectadas al flujo de información del gobierno.

Esta metamorfosis cobra centralidad operativa bajo la gestión de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien ha insistido en la pacificación mediante un enfoque comunitario, integral y tecnológicamente avanzado.

Al enlazarse al sistema central, las cámaras particulares dejan de ser herramientas aisladas de protección patrimonial privada y pasan a formar parte de una malla continua que dota al espacio urbano de una sensibilidad periférica sin precedentes. Visión compartida por el presidente del organismo patronal, Adalberto Ortiz, en la comprensión de la seguridad pública como indispensable e irrenunciable para la atracción de inversiones, generación de empleos de calidad y prosperidad compartida.

Esta transición expone resultados como una disminución de entre 20 y 70 por ciento en los reportes de incidencia delictiva en las inmediaciones de negocios cuyas cámaras están conectadas al sistema C5.

Esquema similar al desarrollado en Inglaterra, donde las alianzas con particulares han posibilitado una red superior a las 600 mil cámaras, de las cuales solo más de 131 mil son públicas.

El sociólogo canadiense David Lyon, referente en el estudio del monitoreo tecnológico, define este fenómeno como el surgimiento de una cultura de la vigilancia, la cual pasa de una política institucional a una dinámica participativa, donde empresas, comunidades organizadas y ciudadanos alimentan activamente los flujos de datos. El micelio de la videovigilancia.

@guerrerochipres

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