Cuando el rey Salomón ordenó desenvainar la espada para partir en dos al hijo disputado por dos madres no pretendía ejecutar una sentencia, sino provocar una revelación: el derecho absoluto, desprovisto de prudencia y empatía por la vida, deviene en carnicería.
Aquel pasaje bíblico encuentra símil en el diseño institucional de la Ciudad de México, ahora bajo el escrutinio del Mundial de Futbol y laboratorio de la ponderación jurídica. Cortar de manera tajante el nudo gordiano de las tensiones urbanas equivaldría a aplicar esa solución salomónica mal entendida.
Mientras las pantallas globales transmiten la algarabía de las aficiones internacionales y el dinamismo económico cubre zonas comerciales, por las arterias viales transitan causas sociales legítimas o no —algunas transmutadas en cascarita callejera— que ponen a prueba la capacidad para resolver la ecuación más compleja del derecho contemporáneo: conciliar la libre manifestación, la garantía de tránsito de millones de personas y la estabilidad comercial, renunciando al monopolio de la violencia como herramienta de pacificación social.
Este dilema encuentra base en la teoría de la ponderación de principios constitucionales de Robert Alexy, quien argumenta: los derechos fundamentales no son mandatos absolutos, sino principios a ser realizados en la mayor viabilidad, de acuerdo con las posibilidades fácticas y jurídicas.
“Conciliar ambos derechos es una de las tareas más complejas y no se trata de elegir uno u otro”, señaló la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, en conferencia el día anterior a la inauguración del Mundial.
Defender ambos derechos implica desplegar un esfuerzo logístico: desvíos viales alternativos oportunos, mesas de negociación permanentes y la presencia de cuerpos de paz.
Aunque hay quienes ante la provocación promueven o quisieran ver los viejos reflejos autoritarios. El recuerdo del “halconazo” del 71, episodios como la brutal intervención policial en San Salvador Atenco en 2006 o la violencia desatada durante la toma de posesión presidencial en diciembre de 2012, evidencian un patrón histórico represivo ante la complejidad de la protesta.
En contraste, la genealogía de la vocación pacifista de la Ciudad de México tiene referente en la disolución del Cuerpo de Granaderos, ejecutada al inicio de la gestión local de la ahora presidenta Claudia Sheinbaum.
Charles Tilly, en sus estudios sobre los movimientos sociales, identifica la protesta como una forma legítima de participación política en las democracias consolidadas. Una ciudad capaz de albergar una justa deportiva internacional en el estadio emblemático de otros dos mundiales, mientras respeta y encauza manifestaciones, demuestra madurez institucional frente al principio de la ponderación.
@guerrerochipres

