Nada tiene que ver con la misoginia decir que la carta escrita por López Obrador es expresión de la debilidad de la Presidenta y de su partido. Lejos de las pretensiones del presidente norteamericano, lo que es cierto que lo sucedido en el país bajo el mandato obradorista y en el actual sexenio nos han colocado en una situación de vulnerabilidad frente a un vecino voraz que se caracteriza por su visión transaccional. La impunidad garantizada a la delincuencia organizada durante la gestión de AMLO a través de la política de “abrazos no balazos”, la aceptación de ganar el poder al costo que fuera aún si eso implicara recibir dinero del narcotráfico o incluso que ocuparan directamente carteras gubernamentales, el aceptar que se llegara al asesinato como el de Melesio Cuén, el ser responsable del “Culiacanazo”, saludar a la mamá del Chapo, imponer candidatos a modo para poder negociar con el narco como sucedió en Sinaloa, el permitir un negocio gigantesco como el huachicol fiscal, el triangular recursos de países como Venezuela como se ha documentado en el caso Segalmex, pero sobre todo porque en aras de ganar se permitió que se manchara con dinero bañado en sangre a las campañas morenistas. Todo eso es lo que tiene al país postrado. Nadie duda que el presidente norteamericano tenga sus propios intereses y nuestra liberación de ninguna manera dependerá de él. El problema es que acá se colocó al país en una grave situación justamente cuando hay que revisar un tratado comercial, cuando se afecta a nuestros paisanos limitando el envío de las remesas —la principal fuente de ingresos de familias de escasos recursos—, y se afecta a sectores de la economía con aranceles y con la caída de la inversión debido a la incertidumbre jurídica derivada de su mal llamada reforma judicial.
La culpa de todo esto no la tiene Trump. Y aquí es donde uno esperaría la autocrítica de López Obrador. Para pedirle perdón al pueblo de México por la mentira y la traición. Porque la gasolina no cuesta diez pesos, porque la economía no crece, porque hay más muerte y violencia que nunca, porque nuestros jóvenes prefieren estirar la mano en lugar de estudiar o trabajar, porque todo el sistema de cuidados que permitía que las mujeres trabajaran mientras sus hijos estaban seguros lo desaparecieron, porque Pemex y México están endeudados y estamos muy lejos de ser un país soberano energéticamente, porque gobiernan personas frívolas e incapaces como en Campeche, o ausentes como en el Estado de México, porque se reprime a los jóvenes y a quienes piensan diferente, porque lejos de reconciliar se siembra odio y división, porque se premia la ineptitud y se protege a quienes pactaron con el crimen organizado, no importa que esto implique heridas y dolor para el pueblo de México.
Que nadie se engañe. Las encuestas demuestran una baja sustancial del partido en el poder y la carta misma de López Obrador al hablar de que con él todo estaba controlado deja muy mal parada a la Presidenta. Por eso se prepara para regresar. Para encabezar el proyecto y pretender sacarle las castañas del fuego a la Presidenta. Una vez más. Pero el país ya no es el mismo. Ni él tampoco. Sembró tempestades y más le vale no venir a cosecharlas.
Política mexicana y feminista

