Cuando el poder sirve para utilizar las instituciones con el objetivo de perseguir a opositores, cuando la justicia se aplica de manera selectiva y se mide con raseros diferentes si se trata de adversarios, se está actuando con vileza y se degrada la política. Lo más grave es que esta forma de ejercer el poder no sólo deteriora la vida pública, sino que pone de rodillas a todo un país. ¿Cómo entender que desde la tribuna presidencial se proteja a una gobernadora que es pillada proponiendo ofrecer información de seguridad a supuestas agencias extranjeras para resolver sus asuntos personales? ¿Cómo justificar que para desviar la atención y cambiar la narrativa desde esa misma tribuna se dé luz verde para encarcelar —justo en este momento— a quien gobernó su entidad hace más de 30 años? ¿Cómo justificar este cambio de narrativa de quienes apenas ayer defendían con el cuchillo entre los dientes la presunción de inocencia de Rocha Moya pero que hoy justifican que ese criterio no se aplique a quien consideran un adversario? La única explicación posible es que el pacto que los sostiene está construido sobre complicidades e impunidades y que para protegerse y asirse al poder son capaces de todo, incluso de utilizar la justicia a su conveniencia, a modo y conforme a sus intereses. No se persigue la verdad. El objetivo es manipular.

Pero no se puede tapar el sol con un dedo. Se puede hacer uso de cuantos distractores quieran, pero la realidad siempre sale a flote. Al final de cuentas el lodazal en el que han convertido a la política acaba por salpicarlos a ellos mismos porque es muy grande la cola que se les puede pisar. Porque en aras de llegar al poder fueron capaces de aliarse con los intereses más oscuros. Porque en su lógica maquiavélica el fin “transformador” justifica cualquier medio incluso la alianza criminal que concretaron para llegar a ser gobierno en diversos ámbitos de la vida nacional. Porque una buena parte de su poder se sostiene sobre el financiamiento de sus campañas con dinero manchado con la sangre de las y los mexicanos y al crimen organizado no se le olvida aquello de que “amor con amor se paga”. Porque están tan coludidos que primero se defienden entre ellos antes que poner por delante el interés nacional y la seguridad de millones de hombres y mujeres que hoy viven con miedo, incertidumbre e inseguridad. Porque para respaldarse son capaces de todo. Ahí está la propuesta de proceder penalmente contra periodistas que se han atrevido a ser portavoces de la información que los desnuda como es el caso de Héctor de Mauleón, cuyo único delito fue publicar los audios que retratan de cuerpo entero a una gobernadora cuyos vínculos sospechosos han sido señalados desde tiempo atrás.

Para encubrir su negligencia hacen uso de cualquier maniobra. Pero no lo van a lograr. No se va a olvidar fácilmente su indolencia. Porque todos los días como cortesía del otro lado de la frontera llegan avisos de que esto va a escalar. De que tarde o temprano el lodazal los va a alcanzar. Lo malo es que esto no vendrá de la convicción soberana de que es indispensable limpiar la casa de tanto mugrero para así defender a México.

Política mexicana y feminista

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