Las elecciones pueden ser un acto civilizatorio. Deben serlo. Pero no siempre lo son. Las elecciones del 6 de junio en México pueden consolidar la deriva autoritaria del gobierno o propiciar un equilibrio político democrático. El presidente López Obrador y sus cortesanos acusan a toda la oposición de querer regresar a los tiempos de la corrupción. Qué paradójico, pues en la coalición oficialista se encuentran los dos partidos más corruptos de México, el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Ante este panorama, muchos acaban creyendo que todos los partidos son absolutamente corruptos. Si fuera cierto, la democracia en México estaría condenada a descomponerse.

No me cabe duda de que el sistema de partidos tiene serios defectos y que hay allí podredumbre. Por ello mismo es muy importante que las próximas elecciones sean una lección de civilidad. ¿Pero quién va a civilizar a los partidos políticos? Desde luego que no será el presidente, que quiere barrer la suciedad desde arriba para tirarla a los de abajo, en un acto profundamente incivil, entrometiéndose en el proceso electoral ilegalmente.

La esperanza es que sea la ciudadanía, o al menos una gran parte de ella, la que dé una lección civilizatoria al sistema de partidos, distribuyendo su voto de manera que se le corten las alas a la autocracia presidencial. Un proceso civilizatorio que detenga a la barbarie política requiere del concurso de la intelectualidad. Hoy en México cada día hay más intelectuales que están comprendiendo que es necesario detener el autoritarismo. En 2018, cuando las elecciones, muchos intelectuales creyeron que López Obrador era una alternativa progresista. Hoy se están desengañando. Por eso he afirmado que el presidente ha perdido la batalla intelectual. Él mismo lo ha confesado, cuando repasó sus escuálidas filas intelectuales y solo encontró a unos pocos fieles.

No se trata de un asunto de números. La intelectualidad ha estado realizando un creativo esfuerzo de interpretación y de crítica, encaminado a entender el carácter del gobierno. Ello ha creado un sólido corpus de teorías e información que ayuda la ciudadanía a orientarse. Se han publicado libros fundamentales que forman un abanico multicolor de críticas. Quiero citar los excelentes análisis de José Antonio Crespo, Carlos Elizondo Mayer-Serra, Luis Antonio Espino, Carlos Illades y Luis Rubio. Hay que agregar los numerosos ensayos y artículos de, entre muchos otros, Héctor Aguilar Camín, Jesús Silva-Herzog, Enrique Krauze y José Woldenberg, así como un enorme número de periodistas que han amasado gran cantidad de reflexiones y de datos. Yo he agregado a la lista mi libro Regreso a la jaula. El conjunto es un poderoso caudal de ideas que la ciudadanía va absorbiendo lentamente y que contribuye a la función civilizadora.

Esta riqueza tan diversa de reflexiones no tiene comparación con las magras fuerzas intelectuales que ilustran al gobierno, llamadas por el propio López Obrador a ayudarlo. Apenas han respondido unas pocas voces con timidez y con pocas ideas. Asumo que la verborrea mañanera tiene un efecto esterilizador. Queda en el aire la pregunta: ¿se ha filtrado el caudal de críticas y reflexiones en los partidos y en muchos votantes? El domingo 6 de junio tendremos la respuesta.

Investigador

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