Las vacunas son la luz al final del túnel. Debemos apoyar para que la vacunación salga muy bien, pues enfrenta retos muy complejos. Es inaceptable que el presidente la complique más.

Las autoridades del Consejo de Salubridad y personas expertas deben actuar. Me consta la fortaleza técnica de la salud pública en México. Esa comunidad tiene conocimiento, experiencia, dedicación, de sobra. Les toca imponerse. Sin confrontar, pero sin ceder a decisiones sin sentido.

Basta considerar la complejidad del proceso para comprender por qué no hay que agregar más riesgos. Doy algunos ejemplos:

La producción requiere alcanzar 50 millones de dosis al día para cubrir la demanda global en un año. Actualmente la producción ronda 2 millones de dosis al día. Por ahora sólo 2 vacunas tienen aprobación. Estos son los retos globales.

La complejidad logística del proceso de distribución hasta el punto de aplicación con el cuidado debido es otro gran reto. Todas las vacunas requieren cadena de frío permanente y alguna, como la que se aplica actualmente, inicia en ultrafrío de 70º bajo cero.

La aplicación también enfrenta retos mayúsculos. Primero de aceptación, luego de flujo de personas al punto de aplicación, todo conforme a dosis disponibles y prioridades. Y si no fuera suficiente reto, requiere repetir la misma operación en plazo determinado: la 2ª dosis para cada persona.

Además, se requiere un registro seguro, confiable y riguroso. Un registro nominal, una constancia para cada persona y el monitoreo y evaluación de todos los eventos y problemas.

En México, el plan original ha sido distorsionado. El documento rector de la política nacional de vacunación explica que el Grupo Técnico (GTAV) estableció las recomendaciones y criterios de prioridad. Y textualmente dice que el presidente instruyó el “Operativo Correcaminos” que modifica aspectos sustanciales:

Complica la logística. El “operativo” pretende usar los “centros de bienestar” como puntos de vacunación. Esto genera múltiples riesgos, pues la gran mayoría carece de las condiciones para la cadena de frío y la logística de flujo, aplicación y espera requeridas. La decisión carece de sustento. Hay muchos espacios mejores.

El operativo distorsiona el orden de despliegue geográfico. En lugar de iniciar por los lugares más poblados, en zonas metropolitanas donde se concentra 2/3 de la población, el mayor riesgo de contagio y el 84% de las muertes por Covid (donde también hay mayor pobreza) se inicia por las más zonas más aisladas. Absurdo en muchos sentidos.

Y suma una nueva fuente de sospechas hacia la vacunación, al involucrar a los 32 “superdelegados” y su aparato de “servidores de la nación” con su sesgo político. Esto, además de abrir espacio a la manipulación electoral, pone en riesgo el registro, pues muchos “servidores” carecen del equipamiento y capacitación para llevarlo a cabo.

Urge: 1) Regresar al plan original y mejorarlo con sustento técnico y participación social. 2) Utilizar los mejores lugares de aplicación. 3) Respetar el orden de prioridad por edad y no postergar las zonas urbanas densamente pobladas y con mayor contagio. 4) Garantizar el registro cuidadoso y neutral. 5) Evitar la injerencia político-electoral.

Hay muchas exigencias más, como la aplicación a todo el personal de salud, incluyendo el del sector privado o la necesidad de involucrar a la sociedad para la logística, cadena de frío, espacios adecuados y muchas más.

Esta vacunación —insisto— es tarea de Estado. Con la vida y la muerte no se juega. Nadie puede ser tan irresponsable.

(Agradezco a @xtrevi haber compartido los datos de zonas metropolitanas y municipios).

Consultor internacional en programas sociales. @rghermosillo

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