Evidentemente el PRI estatal y el gobernador, que mantiene control sobre su congreso local, fueron los ganadores principales de la jornada del domingo. Ahora bien, a escala nacional es evidente que salieron vapuleados por lo menos en imagen el PAN, MC y el PVEM, partidos que, de mantenerse las tendencias, perderán el registro local. El PAN llegó a ser una fuerza política significativa en el estado, gobernando las principales ciudades e incluso a punto estuvo de ganar la gubernatura en algún momento. Ahora, dejó en ridículo a su dirigencia nacional. MC, el partido que alardea de ser el que tiene mayor potencial a futuro, demostró que todavía necesita mucho para fortalecerse en varios estados del país, y que no es lo mismo una proyección de voto nacional que una presencia territorial local. Raro que no lo vieran venir o se anticiparan de algún modo, pues si alguien se ha especializado en política local, son ellos. En fin, un golpe a su credibilidad como aspirantes a ser la principal fuerza de oposición. Y el otro azotado por esto fue el PVEM, que desde hace meses presentó indicios de rebeldía contra Morena, pero ahora quedó exhibido como un partido sin mucho potencial por cuenta propia. Parece mentira, pero yo creo que en estas elecciones la gran beneficiada fue la presidenta de la República, si es que sabe aprovecharlo.

Me anticipo a la crítica. Se me dirá y con razón, que Morena, el partido de la Presidencia, recibió un desmentido brutal en su calidad de invencible. Cierto. Se me dirá también que no lograron crecer en intención de voto a nivel local, e incluso retrocedieron respecto a la elección anterior comparable. Todo lo cual es verdad. No obstante, de analizar otros aspectos, la facción interna de Morena que simpatiza con Sheinbaum (ya debería haber quedado claro que no son todos los militantes del movimiento), puede salir fortalecida. Coincidentemente el fracaso de Morena en Coahuila es atribuible a Andrés Manuel López Beltrán, una herencia desagradable para Sheinbaum, de la que ha querido desembarazarse y a quien ha exhibido y atacado con todas las plumas al servicio del gobierno. López Beltrán sigue acumulando fracasos como supuesto operador electoral, primero en Durango y Veracruz, ahora en Coahuila. Segundo, el PAN, o la derecha como le dicen Sheinbaum y los morenistas, recibe un golpe que los dejó en ridículo respecto a sus presuntas estrategias electorales. No hay partido de oposición al que Sheinbaum desprecie (¿odie?) tanto como a los panistas. Tercero, el PVEM, el aliado que quiso rebelarse, queda exhibido como incapaz de mostrar músculo por cuenta propia. Cuarto, MC, un partido que alguna vez fuera aliado de Morena en las elecciones previas a la victoria de AMLO, también fue humillado con este resultado electoral. Y el ganador de la elección fue el PRI, un partido de oposición inofensivo a nivel nacional, al cual Morena puede domesticar y someter cómodamente gracias a los innumerables expedientes de corrupción del dirigente Alito Moreno. De todas maneras, Coahuila, un estado que no representa gran cosa en el padrón nacional, ya estaba en poder del PRI, una oposición poco amenazante desde el punto de vista del gobierno federal.

En suma, ganadores y perdedores de la elección benefician, o cuando menos perjudican poco a la Presidencia de la República. Da la impresión que están haciendo cuentas alegres quienes miran esto como una profecía de la derrota del oficialismo en 2027, pero así es la oposición actual: vive de ilusionarse sin sustento cada proceso electoral.

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