Para enterarme de lo que sucede en la Patria chica, oigo ocasionalmente los noticieros radiofónicos sonorenses. Encuentro muy llamativa la desconexión que hay entre las noticias locales y los temas de interés político regional respecto de la así llamada agenda nacional. El único punto de conexión es sin duda el problema de la inseguridad, pero ése, debido al miedo, ya casi no es un tema abordado por el periodismo de Sonora. En temas intrínsecamente políticos, la vida local está paralizada por la huelga de la UNISON, Universidad de Sonora, que ha dejado sin clases a la comunidad estudiantil hasta nuevo aviso. En temas sociales, la violencia en las escuelas, los llamados “retos” violentos entre jóvenes y el asesinato de niños por otros niños tiene conmocionada a la ciudadanía. Respecto de la agenda política nacional, lo que impresionó al público sonorense de la reforma electoral, fue el deseo de disminuir el número de regidores, un tema que nadie solicitó nunca. A mucha gente en Sonora no le pareció bien la disminución de regidores, pues a escala local es la única autoridad o figura política con la cual tienen contacto cotidiano. La población en los municipios pequeños conoce a sus regidores, sabe dónde viven y les exige apoyo con los servicios públicos.

Desde luego, ninguno de estos temas figura en la agenda de los medios informativos nacionales, ya no digamos en la batería de propuestas y críticas de la oposición. Evidencian que hoy, como hace cien años, el centro y su elite viven desconectadas de las problemáticas locales. Uno se siente transportado a Pueblo en vilo, el libro clásico de don Luis González y González, que narra la historia de San José de Gracia, Michoacán. Uno de los muchos méritos del libro de don Luis es demostrar que la dinámica política local respondía a influjos muy distintos de los nacionales y, sobre todo, seguía ritmos diferentes. No obstante, yo suponía que esas dinámicas habían quedado superadas con los avances tecnológicos y la integración del país correspondiente con los medios de comunicación nacionales y la infraestructura carretera, aeroportuaria, etcétera. No es así. Las elecciones para gobernador del año entrante se jugarán en un tablero y una realidad tan divergente de la agenda que nos presenta la prensa nacional, que empiezo a asimilar por qué desde el centro no se entienden los resultados electorales locales.

En 2027, Sonora renovará su gubernatura, numerosas presidencias municipales, entre ellas la de la capital del estado y su congreso local, además de sus diputados federales. Los candidatos a estos cargos responderán (o no) a las dinámicas arriba descritas, pero en la medida que se sensibilicen a estos temas y otros más, ganarán el voto popular. La disyuntiva favorita del centro entre democracia y dictadura no le dice nada al habitante de Hermosillo ni al de Navojoa. Es en esa lógica que tendríamos que instalarnos como analistas para pensar las elecciones de 2027, pues, así como sucede en Sonora, seguramente otro tanto pasa con Baja California, Chihuahua, Sinaloa, etcétera. Para entender el México de 2027 tendremos que revisar más la sección de los estados en la prensa nacional y un poco menos sus primeras planas. Es una lástima que nuestros programas de opinión, podcast nacionales y youtuberos de oposición le presten tan poca atención a esto, pues corremos el riesgo de volver a calcular erróneamente las tendencias del voto.

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