Pregunta. Nos quedamos la ocasión anterior cuando usted le dice Manlio Fabio Beltrones que tiene vocación de jugador y no de árbitro.
En 1991, mi jefe inmediato Manlio Fabio Beltrones se había ido de candidato a Gobernador de Sonora y dejó la Subsecretaría. Gutiérrez Barrios me propone ante el Presidente Salinas como Subsecretario. En ese momento no negociamos ninguna reforma nueva, pero hubo la elección intermedia de Salinas. En esa elección debutan el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE). El ordenamiento legal se había llamado Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE) con Reyes Heroles y Código Federal Electoral (CFE) con Bartlett. El Director del IFE era Emilio Chuayffet, y era la primera elección posterior a la de 1988, la de la famosa “caída del sistema”. El IFE hizo un buen trabajo y lo único que falló fue el sistema de resultados electorales preliminares. Tuvimos la información hasta el día siguiente a las 5 o 6 de la mañana. Me acuerdo de Gutiérrez Vivó criticando que no hubo resultados electorales la noche anterior. El procedimiento estuvo mal diseñado, y ese fue uno de los grandes retos que me tocó en la elección de 1994 cuando ya era yo Director del IFE. Fue la primera vez que el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) sí funcionó, pero en 1991 todavía fallaron los resultados preliminares. No obstante, el PRI tuvo resultados muy favorables, a diferencia de 1988. El Secretario de Gobierno de la administración capitalina de Manuel Camacho era Marcelo Ebrard y había sido postulado como candidato a diputado plurinominal, pero no pudo llegar a la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, por lo bien que le fue al PRI ese año, cuando ganó todas las diputaciones de mayoría y no tuvo derecho a participar en la distribución de las de representación proporcional. Fue hasta 1996 cuando la Asamblea de Representantes se volvió Asamblea Legislativa, pero hasta entonces en 1991 todavía era Asamblea de Representantes, más bien con facultades reglamentarias.
Como tú sabes, el concepto de Distrito Federal fue otra de las contribuciones del genio político americano en Estados Unidos. Establecieron el estado federal, no unitario ni centralista; el gobierno presidencial, no parlamentario; y establecieron el Distrito Federal de Columbia, donde radica la sede de los poderes federales, la Casa Blanca, el Capitolio y la Corte Suprema. Es decir, diseñaron un territorio especial para los poderes federales. Originalmente los radicaron en el estado de Pennsylvania. Esto lo narra Tena Ramírez en su libro de Derecho Constitucional Mexicano. Hubo una votación de legislación sobre el tabaco y los habitantes de Filadelfia rodearon el Capitolio, sacando una elección a favor de su estado. Así aprendieron que la sede de los poderes federales no debe estar en un estado federado. Al crear un Distrito Federal solo estarían ahí los poderes federales y una administración municipal. Hay un alcalde de la Ciudad de Washington, que no es un estado de la Federación. Acá convertimos el Distrito Federal en una entidad federada, la Ciudad de México, sobre todo cuando la Asamblea se volvió Legislativa.
Volviendo al tema, esa recuperación del PRI en 1991 va a crearle las condiciones políticas y legislativas al Presidente Salinas de Gortari para una serie de reformas que contribuyeron al cambio de régimen político-económico del país. Modificó la materia electoral, la religiosa, la agraria; otorgó autonomía al Banco de México, buena parte de ello en la lógica neoliberal, pero que respondían también a problemas no resueltos o no culminados en nuestra historia.
Al final del sexenio 1988-1994 hubo una colección de libros publicados por el FCE en torno a las reformas y yo escribí el de la Reforma Electoral. El maestro Lamadrid escribió el de la Reforma Religiosa, con apoyo de varios colaboradores, a pesar de que al decir de sí mismo era ágrafo y casi no escribía. Decía con razón y algo de vanidad “¿Quiere leer algo escrito por mí? Lea la Constitución”, haciendo ver que había intervenido en la redacción de muchas reformas constitucionales.
Pero en ese período 1991-1994, cuando me desempeñé como Subsecretario de Gobierno y Desarrollo Político, hubo muchos problemas electorales en las entidades federativas. Y se produjo lo que el periodista Francisco Cárdenas Cruz en EL UNIVERSAL bautizó como “las concertacesiones”. A mí me tocó contribuir a instrumentarlas por instrucciones de don Fernando Gutiérrez Barrios. Eran acuerdos tomados por el Presidente Salinas, a sugerencia -se decía- de Manuel Camacho. Por ejemplo, en Guanajuato la gubernatura la ganó Ramón Aguirre del PRI, pero a consecuencia de la insurrección panista, se le invitó a no tomar posesión.
Pregunta ¿Usted hizo esa invitación?
No, yo no. La hizo don Fernando por instrucciones del Presidente Salinas. Y se designó Gobernador a Carlos Medina Plascencia, panista, y ahí empezaron los gobernadores de Guanajuato de esa filiación partidista, que siguen hasta hoy. Como a la una de la mañana no se había designado Gobernador Interino y don Fernando le habló por la red al Presidente Salinas. “Aquí está el licenciado Núñez, que es muy capaz políticamente. Lo voy a mandar para que asesore al Gobernador Corrales Ayala”, quien enfrentaba una insurrección de la bancada priísta para no designar a un panista. Y a mí, junto, con Jorge Moreno Collado, Director General de Gobierno en la SEGOB, me tocó organizar una combinación de votos en la cual no se necesitaban todos los votos del PRI sino únicamente de dos de sus diputados locales, quienes con toda la oposición partidista, incluida la del PAN en el Congreso Local, eligieron Gobernador Interino a Medina Plascencia.
Después vino la “concertasesión” de Fausto Zapata en San Luis Potosí. Esto fue muy diferente de la elección de Baja California en 1989 cuando ganó el PAN y se produjo una transición tersa, pues Colosio -entonces dirigente nacional del PRI- reconoció inmediatamente el triunfo de la oposición panista con Ernesto Ruffo al frente y eso disciplinó a todos los priistas. Pero regresando a San Luis Potosí, Fausto había estado con Don Fernando y le pidió consejo para entrar al palacio de gobierno, pues no lo dejaban ingresar los integrantes del movimiento encabezado por el Doctor Salvador Nava. Don Fernando le dijo “licenciado, la gubernatura está donde usted esté. No tiene porqué entrar al palacio de gobierno. No caiga en esa trampa.” Y Fausto cayó. Un día me habla “Arturo, no me dejan salir de Palacio, ¿qué hago?”. Y yo le respondí “pues déjame consultarle a Don Fernando”. Él se molestó porque le había aconsejado que la gubernatura estaba donde él se encontrara, no necesariamente en Palacio. Tuvo que renunciar Fausto y llegó Gonzalo Martínez Corbalá de Interino.
Otro tanto sucedió en Michoacán con Villaseñor, un compañero de estudios de Colosio en el Tecnológico de Monterrey. Yo sostuve que las “concertasesiones” recordaban a Penélope en La Odisea, cuando varios pretendientes la asediaban, porque Ulises no regresó en 20 años, entonces yo decía que en lo electoral avanzábamos con las reformas del IFE y el Tribunal Electoral y retrocedíamos con las “concertacesiones”, pues suponían implícitamente el reconocimiento de irregularidades electorales. Se tejía de día y se destejía de noche.
Desde 1990 y todo 1991, a Emilio Chuayffet le tocó organizar las 32 delegaciones estatales y las 300 distritales del IFE, así como establecer la primera versión del Estatuto del Servicio Profesional Electoral y el nuevo Padrón Electoral. Esto había sido un reclamo de las oposiciones.
Cuando viene la elección de Gobernador del Estado de México, el precandidato del PRI con más posibilidades era Emilio Chuayffet. Entonces sus detractores cuestionaron su posible precandidatura afirmando que cómo era posible que quien había firmado las Credenciales de Elector del nuevo Padrón lo fuera. Entonces hubo quien propuso invitar a Emilio como asesor del Secretario de Gobernación para que no saliera directamente del IFE a una candidatura partidista.
El 28 de diciembre de 1992 como a las 7 de la noche, Don Fernando me manda llamar. Me recibe y tenía algunas prácticas muy claras: si te iba a dar instrucciones como tu jefe, te recibía a través del escritorio; pero si quería hacer análisis político o conversar, te recibía en una sala. En ésta me recibió Me dijo “licenciado, el doctor José Córdoba Montoya me estuvo buscando para comer. Hoy comí con él y me transmitió que nuestro amigo, el Licenciado Emilio Chuayffet, podría ser candidato de nuestro partido a Gobernador del Estado de México. Al Presidente Salinas le preocupa, por lo controvertida que fue propia elección, quién sería el sucesor de Chuayffet en el IFE. Y le planteó al Doctor Córdoba que lo hablara con las oposiciones. El doctor Córdoba me narró que quien tiene unanimidad para sustituir al Licenciado Chuayffet es usted.” Yo le di las gracias. “No, licenciado, por su trabajo en la Subsecretaría las oposiciones lo respetan y le perfilan como nuevo Director del IFE. El propósito de la comida con Córdoba era preguntarme qué opinaba yo y le dije que usted es mi brazo derecho. El Doctor Córdoba entendió mis razones y acordamos buscar otros nombres. Ayúdeme con sus compañeros de generación”. Yo ya le había acercado a Don Fernando a Natividad González Parás, pero no se quedó en Gobernación sino que se fue con Fernando Solana como Secretario del Gabinete de Política Exterior; y a Carlos Almada, quien se fue al Registro de Electores, en lugar de Roberto Wong. Le dije “Don Fernando, la primera vez me dijo Manlio que usted y él ya tenían candidato para el IFE. Me dijo que era yo. Y le contesté que tengo vocación de jugador, no de árbitro.” Me contesta Don Fernando “pero lo hace usted muy bien de árbitro. Por eso tiene el consenso unánime de la oposición”. Y le contesté “lo que aprendí de usted Don Fernando.” Era cierto, pues él tenía una mano muy fina y firme para el acuerdo político. Me recomendó pasar el fin de año tranquilo con mi familia. Para el 3 de enero de 1993, era lunes y yo estaba en la Secretaría desde las 9 de la mañana. A las 12 del día llega Don Fernando y a la una de la tarde me llama por la red y me sienta en la sala: “Licenciado, quiero informarle que hace 3 horas le presenté mi renuncia como Secretario de Gobernación al Presidente de la República. Tuvo a bien aceptarla. Y me empezó a contar que estaba muy contento, porque estaba enterado que el Presidente le iba a pedir la renuncia. Y él se adelantó y se la presentó para quitarle el problema a Salinas. Alguna vez le pregunté a Don Fernando cuál era su tarea pública más difícil. “Pedirles la renuncia a amigos.” Y me mencionó a Mario Ramón Beteta, muy amigo de él, a quien le pidió la renuncia como Gobernador del Estado de México. Don Fernando recogió sus cosas, lo acompañé a su coche y me anunció “usted no se preocupe Licenciado, quien me va a sustituir le respeta y le admira. Es su amigo Patrocinio González Blanco, y me confió que va a pedir su ratificación como Subsecretario”. “Gracias Don Fernando”, le dije “Su trabajo licenciado, su trabajo.” Fue lo último que me dijo al retirarse. Volví a mi oficina y una hora después llegó Patrocinio. Nos convocaron a los tres Subsecretarios y al Oficial Mayor para la fotografía con el nuevo Secretario de Gobernación.
Pregunta. Entonces a usted lo ratifica Patrocinio…
No. Llega Patrocinio, nos toman una foto con él y me despido, pero me dice “espérame, tú eres el primero con el que tengo que hablar por ser el Subsecretario del Ramo”. Me abraza y me lleva a la oficina del Secretario, me dice: “Le pedí al Presidente Salinas que me permitiera ratificarte pues he visto lo útil que le has sido a Don Fernando, pero me dijo que te necesita en otra posición, pues el sustituto de Emilio Chuayffet en el IFE es fundamental para el Presidente. Quien goza de la unanimidad de la oposición eres tú. El Presidente me instruyó que te invite a ser propuesto Director General del IFE, “a reserva de que platique contigo”. Las circunstancias habían cambiado vertiginosamente; entonces respondí: “Dile al Presidente que yo soy soldado y donde me necesite ahí estaré.”
Ya después, el 13 de enero de 1993, al reconocer todas las fuerzas políticas el trabajo de Emilio Chuayffet, el Secretario González Blanco, en su condición de Presidente del Consejo General del IFE, me propuso como Director General para un período de 7 años. Todos los que votaban en el Consejo me consideraron idóneo para el cargo y anunciaron su voto a favor de mí nombramiento. Solamente Jesús Ortega fijó posición del PRD: “no estamos de acuerdo que al Titular del IFE lo sugiera el Secretario de Gobernación, por eso no vamos a votar por su propuesta; ahora, por lo que se refiere a la persona, reconocemos en Arturo Núñez, a alguien que entiende y asume los nuevos tiempos democráticos de México, razón por la cual no vamos a votar en contra suya. Nos vamos a abstener”. En los hechos se me votó por unanimidad el 13 de enero de 1993 y duré hasta diciembre de 1994, cuando el Presidente Zedillo me invitó a ser Director del INFONAVIT. Entonces, aunque fui electo por siete años, estuve casi dos al frente del IFE, incluido el proceso electoral federal de 1994.
Pregunta. ¿Y luego?
De inmediato, yo convoqué a una reunión nacional de vocales estatales y distritales, para leerles mi decálogo de programa de trabajo para cada área del IFE. Siempre hay ‘tontos útiles’. Cuando yo convoco esa reunión, me dicen “el Vocal Ejecutivo de Quintana Roo no puede venir a la reunión nacional porque tiene un acuerdo con el Gobernador.” Me molesté y pregunté “quién le paga. Dile que su jefe lo está convocando a una reunión muy importante. Que le pida a su amigo el Gobernador que lo reciba otro día.” Volvió a decir que no vendría. Le informé a Patrocinio “ya ni la amuela Mario Villanueva, ¿no le puede dar cita otro día? Lo pienso cesar en esa reunión y me servirá de efecto demostración para los otros 31 vocales estatales.” Efectivamente, el primer día de la reunión cesé al Vocal Ejecutivo de Quintana Roo. Quedó constancia de que yo no iba yo a aceptar interferencias como Director General del IFE. Nunca más tuve problemas con los vocales estatales y distritales.
Pregunta. Cuénteme su participación en la Reforma Electoral de 1993.
En el caso de esa Reforma, organicé un foro de cuatro días para recoger las propuestas de todas las fuerzas políticas. Participé marginalmente porque ahí no se constituyó el grupo con José Luis Lamadrid. Se me consultaba como Director del IFE, pero no fui protagonista de esa Reforma. Tuve el privilegio de estar en el diseño de las instituciones electorales y operar una de ellas. Mejoramos el Estatuto del Servicio Profesional Electoral. Yo tenía un amigo que había conocido en el INAP y había sido mi colaborador: Manuel Carrillo Poblano. Pensé en un proyecto para él como colaborador independiente para que recorriera el país y pulsara la opinión sobre el IFE en cada entidad federativa. El día que lo recibí para invitarlo a esa función, me sorprendió con una propuesta. “Arturo te preparé este documento”, y ahí me decía que la ‘caída del sistema’ derrumbó la imagen democrática de México en el mundo. Todas las reformas deberíamos difundirlas en el exterior mediante la creación de una unidad de Asuntos Internacionales del IFE. Me encantó la idea y se la llevé a Patrocinio; también le encantó la idea. Se la llevamos al Presidente Salinas y la recibió de maravilla. Salinas nos felicitó a los dos pues estaba negociando un Tratado de Libre Comercio y este trabajo democratizador debía conocerse fuera de México. Ofreció todo el apoyo para esa Unidad. Manuel Carrillo Poblano se desempeñó 30 años como Director General de la Unidad de Asuntos Internacionales en el Instituto.
Daniel Zovattto, entonces Director de CAPEL en Costa Rica, quien luego pasaría a IDEA Internacional, organizó el primer grupo que vino a México a ver lo que estábamos haciendo en lo electoral, vinieron con él Dieter Nohlen y la gran mayoría de las autoridades electorales en los países latinoamericanos. Hicieron grandes aportaciones. Trajo al Decano de las autoridades electorales de América Latina, de Uruguay. Trajo al titular del área en Chile y Nicaragua. Trajo a Edmundo Valadés, Presidente del Tribunal Electoral de Panamá, quien me dijo una gran frase “los temas calientes, especialmente los electorales, se deben manejar en tiempos fríos”, un muy buen consejo. Durante tres días les explicamos todo lo que estábamos haciendo. Ahí empezamos una promoción electoral internacional. Nos invitaron a dar asesoría técnica a varios países. Manuel me propuso una Conferencia Trilateral Canadá-Estados Unidos-México, cuya primera sesión se realizó en México. Los americanos se salieron por la descentralización de su sistema electoral, la elección indirecta de su presidente y su sistema sin representación proporcional; la Comisión Electoral estadounidense solo tiene atribuciones en materia de finanzas. Todo lo demás está descentralizado a nivel de Estados y Condados. Abrimos una brecha que facilitó que en 1994 hubiera observadores internacionales, ante la crisis del EZLN y el asesinato de Colosio.
Me hice amigo de varias figuras internacionales. Cuando yo me quedé sin empleo en el año 2000, las organizaciones internacionales me invitaron a toda América Latina para misiones de asistencia técnica, capacitación y observación en materia de elecciones. En su momento trajimos a Dieter Nohlen, a Giovanni Sartori y otros muchos politólogos. Nos hicimos muy amigos de Tim Golden, corresponsal del New York Times en México, así como del corresponsal del Diario del Pueblo de Beijing, Guo Weicheng y de Iván Travki, representante en México de la Agencia Tass de la Unión Soviética. Y me hice amigo de la mayor parte de las autoridades electorales de la época. En fin, una apertura provechosa para la institución electoral y también para el Tribunal Electoral con Fernando Franco al frente. Por cuestiones técnicas y de seguridad, la Credencial Electoral con Fotografía se emitía en Atlanta, USA, y emitimos 55 millones para las elecciones de 1994 con un segundo nuevo Padrón.
Así transcurrió 1993. En la reforma ese año se hizo algo importantísimo: se suprimieron los colegios electorales de las Cámaras de Diputados y de Senadores. Todavía la calificación de la elección presidencial dependía de los diputados; eso cambió hasta 1996.
La supresión de colegios electorales supuso un debate muy largo. El PPS se oponía a que un tercero juzgase las elecciones. Decía que íbamos a restablecer el Supremo Poder Conservador. Además, la reforma de Bartlett de 1986 había cometido graves errores a ese respecto, por corregir. ¡Habían hecho un colegio electoral universal! Ahora 500 diputados calificaban a 500 diputados, una de tantas aberraciones. Antes el Colegio Electoral de Diputados era representativo, se integraba con 100 miembros, 60 de mayoría y 40 de representación proporcional. El diputado Miguel Montes, brillante jurista, me mostró varios dictámenes, que se negó a firmar como Presidente del Colegio Electoral de la Cámara, por ser arreglos aberrantes en la elección de 1988. En varios distritos, gracias a la perversión del sistema de calificación de las elecciones, ganaban candidatos que habían obtenido menos votos. Todavía en 1991 hubo autocalificación y los colegios electorales siempre salían mal librados. Por eso en 1993 se resolvió que el Tribunal Electoral atendiera las controversias.
Otro elemento de la Reforma de 1993 fue que por vez primera se abordó el financiamiento de los partidos a fondo. Se hizo una metodología muy sofisticada para el tope de gastos de campaña sustentada en el kilometraje de los distritos electorales federales. Lo hicieron César Augusto Santiago y su equipo en la Secretaría de Acción Electoral del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. No duró más que para la elección de 1994. Luego fue preciso establecer metodologías más sencillas. Se abordó también la regulación de observadores nacionales, pero de modo muy restringido y algunas reglas para equidad en los medios de comunicación, que incluyeron exhortos a los concesionarios de radio y televisión al difundir actos de campaña. Era común que las televisoras mostraran sillas llenas en los actos de campaña del PRI, y cuando eran eventos de la oposición, mostraban sillas vacías. Había manipulación. Todo eso se resolvió hasta 1996, pero en 1994 se hicieron exhortos. La reforma de 1993 no aceptó observadores electorales extranjeros todavía, debido a reflejos del nacionalismo defensivo de los gobiernos.
En 1993 también se abrió el Senado a la participación pluripartidista. Desde 1977, el Senado no se abría porque en 1977 un connotado cetemista, Joaquín Gamboa Pascoe, amigo de López Portillo y coordinador de los priistas se opuso. Pero en 1993 se abrió el senado a cuatro senadores por entidad: tres de mayoría y uno de primera minoría. Lamadrid decía que también había que darle alicientes con las reformas al partido mayoritario, porque se estaban haciendo muchos a las oposiciones. Y el Senador de Primera Minoría podía serle útil también al PRI.
Apostábamos por la pluralidad que Plutarco Elías Calles prefiguró para México en aquel memorable discurso del primero de septiembre de 1928 cuando dijo “ha llegado el momento de transitar de una vez por todas de país de caudillos a nación de instituciones y leyes.” En la parte final de ese discurso, afirmó Calles, “ojalá algún día en este augusto recinto de la ley, veamos sentados en esas curules a representantes de todas las corrientes ideológicas de la nación, incluida la reacción, en proporción a los votos que logren con los ciudadanos.” El PRI no fue concebido como partido hegemónico, aunque después lo haya sido. Desde luego cuentan más los resultados, pero la intención de Calles era otra. Había estado en Alemania y otros países europeos y aprendió mucho.
El año 1994 empieza con el alzamiento del EZLN en Chiapas y una guerra que se prolonga dos semanas. Muchos de los guerrilleros tenían fusiles de madera. Afortunadamente el Presidente Salinas aprueba una tregua unilateral, anuncia una amnistía y nombra a Manuel Camacho como Comisionado para la Paz. Se manejó bien el problema. El mundo entero supo del EZLN, pero se manejó bien el tema. Fue la primera guerrilla en la época de las TICs, y el EZLN hizo reuniones contra la globalización. Vino hasta la viuda de Mitterrand. Eso tensó al país. La proclama del EZLN era que la vía electoral y pacífica estaba cerrada, pues favorecía al PRI.
El 27 de enero de 1994 se suscribió el Acuerdo Nacional por la Paz, la Justicia y la Democracia, por 8 de los 9 candidatos presidenciales, incluido el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, los presidentes de los partidos políticos nacionales y el Secretario de Gobernación como Testigo de Honor. Fue la reivindicación de la vía electoral. El nuevo árbitro fue el recién designado Secretario de Gobernación, el Doctor Jorge Carpizo. Tuvo la autoridad de arbitrar en la casa de Barcelona 32, de ahí que le llamasen los Acuerdos de Barcelona.
Pregunta. Usted recuerda dónde estaba cuándo se enteró del asesinato de Colosio seguramente…
Sí. Sería hacia las 16:30 horas del 23 de marzo de 1994. Yo presidía la Junta General Ejecutiva, integrada por el Director General y los Directores Ejecutivos del IFE y estaba hablando, cuando Felipe Solís Acero, pasó una tarjetita: “parece que acaba de darse un atentado contra el candidato presidencial del PRI en Tijuana. Alta tensión”. Suspendí la reunión y me salí. El país se tensionó toda la tarde. Hasta que salió Liébano Sáenz e hizo el anuncio oficial del deceso del Licenciado Luis Donaldo Colosio.
Esto llevó en las negociaciones de Barcelona al reconocimiento de los observadores nacionales y de los visitantes internacionales. La ONU buscó la manera de ayudarnos con observadores internacionales, pero Fernando Solana, el Secretario de Relaciones Exteriores, le dijo al Presidente Salinas “yo no voy a firmar esa solicitud.” Salinas contestó “no te preocupes, la firmará nuestro Embajador en la ONU, Jorge Montaño, no tú.” La ONU dijo “conforme a mis reglas, no puedo enviar observadores internacionales, ya que México no representa un conflicto para la paz mundial, pero sí puedo capacitar observadores nacionales.” Se instituyó un fideicomiso para capacitar observadores nacionales mexicanos. Una segunda tarea que hizo la ONU fue promover un dictamen técnico de expertos sobre el Sistema Electoral Mexicano, y lo calificaron de excelencia. Sergio Aguayo, el presidente de Alianza Cívica, andaba ahí en esos días.
En febrero de 1994 estuve a punto de dejar de ser Director General del IFE. El Doctor Carpizo me dijo “el PAN reconoce en usted a un gran funcionario electoral, pero ha pedido su relevo de la Dirección General del IFE. Dicen que usted entregó el IFE a los gobernadores”. Hubo gobernadores que contribuyeron, entendieron y mandaron vocales de primera, pero otros mandaron mapaches o líderes estudiantiles que les causaban problemas. Yo manifesté mi respeto por las estrategias de los partidos, pero pedí no ser juzgado ni por mi pasado ni por mi posible futuro, sino por mi desempeño al frente del IFE. La libré porque en el PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Samuel del Villar se opusieron a las propuestas que se hacían para sustituirme.
Se cambiaron los Consejeros Magistrados del IFE por Consejeros Ciudadanos y seleccionaron 6 entre Carpizo y los partidos. Del PAN, Santiago Creel. Del PRD, Ortiz Pinchetti y Granados Chapa. Porfirio Muñoz Ledo propuso a Fernando Zertuche. El PRI propuso a Woldenberg y a Ricardo Pozas Horcasitas. A Creel lo propuso Castillo Peraza.
A Norberto Bobbio lo invitaron a escribir cuál es la virtud de la política y escogió la templanza. Max Weber dice que se necesita pasión y mesura. Isaiah Berlin dice que se necesita sosiego interno. La política exige muchas virtudes, pero la templanza es la primera. Ya sabes cómo somos los tabasqueños, equilibrados y ecuánimes (risas). El Doctor Carpizo me llegó a decir “al Presidente Salinas y a mí nos tiene impresionados, su manejo equilibrado en esta etapa tan difícil para usted”.
Lo de los Consejeros Ciudadanos fue un gran acierto. En esos días me llamó Woldenberg para darme garantías que él no estaba metido en las intrigas para remplazarme como Director del IFE. Le dije que yo sabía de dónde venían y que su telefonema me ratificaba en lo que yo pensaba de él como un hombre íntegro. Después sería Consejero Ciudadano y el primer Consejero Presidente del IFE “ciudadanizado”.
Desde el principio, el Instituto despachó en las oficinas de Tlalpan, un terreno donado por el Sindicato de Salud, con Joel Ayala como Secretario General. Yo dije siempre que “el IFE estaba bien situado, cerca de los hospitales de cardiología y psiquiatría, por lo que se pudiera ofrecer”. Entre otras se ubicó al IFE al sur de la Ciudad de México porque si se situaba en el Centro lo hubieran bloqueado continuamente las manifestaciones.
Los Consejeros Ciudadanos se integraron al Consejo General a principios de junio y la elección era en agosto. Se incorporaron sobre la marcha…
Continuará…
