El impacto de nuestras decisiones en la búsqueda de la equidad

Raquel Macías

La discriminación y la inequidad por razones de género es una realidad en la vida cotidiana de México. Si bien, la participación de la mujer en el ámbito laboral ha incrementado, las estadísticas revelan que aún hay un largo camino por recorrer en materia de equidad en el acceso a oportunidades y el desarrollo profesional. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) apenas 45% de las mujeres mexicanas participan en la fuerza laboral.

La desigualdad se hace aún más evidente al observar las condiciones en las que las mujeres se desempeñan. Muestra de ello son los datos publicados en el estudio Discriminación estructural y desigualdad social, del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) que indican que los hombres reciben un ingreso por hora trabajada 34.2% mayor al de las mujeres. Aunado a esto, en México, solo 4 de cada 10 mujeres graduadas logran emplearse y apenas 10% alcanza un puesto gerencial a lo largo de su carrera.

Los costos de la inequidad no solo tienen un impacto negativo en las mujeres al limitar sus oportunidades de recibir mayores ingresos, sino también repercuten gravemente en la sociedad y sobran cifras que lo evidencian tal como se expone en la hoja de ruta que presentamos hace unas semanas con Laboratoria.

Adicionalmente, CONCANACO SERVYTUR ha estimado, por ejemplo, que el paro de mujeres del próximo 9 de marzo repercutiría en una pérdida de más de 26 mil millones de pesos y, en lo referente al trabajo no remunerado en los hogares, se calcula que éste equivale al 24.2% del PIB.

Sabiendo que cerrar la brecha de género en México tendría el potencial de aumentar el PIB del país hasta en un 70%, erradicar esta problemática es una encomienda que, por su impacto y dimensión, debe obligar a todos los actores de la sociedad a colaborar. En este sentido, trabajar de manera aislada no derivará en resultados concretos y en la velocidad que ésta exige.

Desde nuestro lugar en la industria hemos construido puentes para acercarnos a diversas organizaciones con las que compartimos los mismos valores e ideales. La más reciente colaboración con Laboratoria ha abierto nuevas puertas para fortalecer esta comunidad. Así, hoy llamamos a más actores a ser partícipes de los esfuerzos que el país necesita para cerrar la brecha de género, especialmente en una industria donde se palpa –no sólo en México, sino a nivel mundial– la desigualdad. A la par de los esfuerzos que como industria hagamos, debemos mantenernos vocales en la construcción de políticas públicas que garanticen que las “mejores prácticas” sean en realidad un derecho.

Está claro, aún queda mucho por hacer para eliminar las barreras que impiden a las mexicanas desarrollarse plenamente, pero es responsabilidad de cada una tomar las decisiones que nos convertirán en agentes de cambio, no solo para nosotras, sino para el país. Sí, son muchos los patrones culturales y prejuicios que hay que romper, también son muchos los retos a los que hay que enfrentarse, pero son las decisiones que tomamos cada día, las que construirán el país que queremos tener.

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