A partir del reencuentro del compositor de música Mario Lavista con su tío, el también compositor Raúl Lavista, se convierte en asiduo asistente a las sesiones musicales en casa de su tío con quien establecerá una relación extraordinaria, ambos se retroalimentan, oyen música juntos, analizan las partituras de los grandes compositores clásicos del pasado, así como de compositores de música contemporánea, tocan el piano a cuatro manos, además de que curiosamente comparten algo que en ambos es nato, que es el sentido del humor. Se ríen constantemente, Mario, entonces, se convierte en parte de nuestra familia, llega a comer, comparten con alegría su gusto por el arte en general, etc.; además de oír música, platicamos, vamos al cine todos juntos. Parece que Mario encuentra a la figura paterna que nunca tuvo y mi padre encuentra en Mario al hijo ideal.

Mario sigue su camino hacia el aprendizaje de nuevas expresiones musicales, experimenta nuevas formas de componer, termina sus estudios en el Taller de Carlos Chávez para convertirse en maestro del propio Taller de Composición.

En ese 1966, Mario tiene una guapa novia, Rosa Martha Fernández, con quien está comprometido, ella también asiste, eventualmente, a las sesiones musicales en nuestra casa. En septiembre de 1966 se casan al tiempo que Mario solicita una beca para continuar sus estudios en Europa, precisamente con grandes maestros compositores de música contemporánea. A los pocos meses de haberse casado le conceden la beca a Mario y la pareja se va a Francia. Mario le escribe con frecuencia a su tío Raúl y para contarle de sus avances en el orden musical.

Entre 2013-14 tuve la fortuna de realizar un programa sobre mi primo Mario Lavista para TVUNAM, con motivo sus 70 años de vida que titulé: La escritura musical de Mario Lavista; nos cuenta en el programa detalladamente los pasos que sigue hacia el aprendizaje de la escritura musical y hace hincapié que de niño su mayor asombro, al tomar su primera clase de piano, fue enterarse de que la música se podía escribir y este asombro me parece que fue lo que lo llevó, muy seriamente, a perfeccionar y aprender todas la formas posibles de componer música.

En la entrevista nos cuenta Mario lo importante que fue para él ir a París y luego a Colonia en Alemania para aprender más sobre la escritura musical contemporánea. En febrero de 1969 nace en París su hija a la que nombra Claudia, por su gran admiración por el compositor Claude Debussy y el pintor Claude Monet.

A su regreso a México, además de ser maestro, Mario forma el grupo experimental de improvisación musical Quanta junto con su exalumno Nicolás Echevarría, Fernando Baena y Juan Herrejón, quienes se presentan en la calle con instrumentos estrafalarios a improvisar una música instantánea, compuesta en el mismo momento en que se sientan a tocar. (Continuará...)

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