Contaba yo en mi artículo anterior que al regresar Mario Lavista de Europa, a principios de los años setenta, creó un grupo de improvisación músical que denominaron “Quanta”, formado por el propio Mario Lavista, Nicolás Echevarría, Fernando Baena y Juan Herrejón, para esto la hija del compositor Julián Carrillo —descubridor en México del “sonido trece”—, les prestó unos instrumentos de su papá que emitían extraños sonidos que utilizó el grupo “Quanta” para sus conciertos al aire libre. Se presentaban en la calle, en lugares como la Zona Rosa, creando una impresión en los espectadores que se juntaban alrededor, de que era una música extraterrestre. Yo misma fui una vez a una presentación en la Zona Rosa para fotografiarlos, desafortunadamente, por no contar ahora con un cuarto oscuro, no pude imprimirlas. Las presentaciones eran una especie de “happenings” muy de moda entonces.
En el programa “La escritura musical de Mario Lavista”, que realicé en 2014, Mario nos habla respecto a esta etapa en su labor musical: “…después de un tiempo de experimentar en la improvisación musical me sentí limitado, el grupo se diluyó y yo regresé a los métodos tradicionales de componer música escrita en una partitura”.
Mario se dispara como un gran compositor y escribe obras para orquesta completa impresionantes como su obra ”Ficciones” que hoy se toca con frecuencia en los conciertos. Nos cuenta que hacia 1975 conoce a la flautista María Elena Arizpe, quien regresaba a México después de sus estudios en Europa sobre las nuevas técnicas de profundizar en los nuevos sonidos de la flauta transversal y le cambia por completo su forma de afrontar la composición musical para encontrar nuevas sonoridades del instrumento…. continuará
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