La Copa del Mundo inició y la inauguración pudo llevarse a cabo sin contratiempos. Las marchas y movilizaciones no impidieron que los aficionados llegaran al Estadio Ciudad de México, ni frenaron la fiesta luego del triunfo de la selección mexicana ante Sudáfrica.

Luego de semanas de bloqueos en varios estados del país, los maestros en paro fueron consultados. El resultado fue una votación dividida entre quienes apoyan el receso a la huelga y los que prefieren continuar con las protestas.

Lo interesante es el cambio de estrategia por parte del gobierno federal, que ha planteado negociar con las bases del magisterio y ya no con los líderes. Conocedores de la inconformidad al interior del movimiento, parecen haber optado por el siempre efectivo “divide y vencerás”. Y es que las demandas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación no pueden ser cumplidas. No hay presupuesto que alcance, así que el estire y afloje continúa; las afectaciones por los bloqueos y marchas también.

Pero los maestros no fueron los únicos que se movilizaron en el primero tenso y luego muy festivo día de la inauguración de la Copa del Mundo. Colectivos de madres buscadoras, aprovecharon la atención internacional para hacer ver la crisis que enfrenta México con las más de 133 mil personas no localizadas. Lo hicieron con su dolor a cuestas y de manera pacífica.

Hubo por momentos tensión entre manifestantes y policías que impidieron el avance hasta el estadio en lo que llamaron “la última milla”, pero no escaló la violencia. Eso sí, el famoso bloque negro volvió a dar la nota. Un grupo de aproximadamente 200 personas encapuchadas atacó inmuebles, lanzó objetos a los agentes, volcó coches y saqueó negocios.

Volvieron a repetirse esas imágenes que llegan a las pantallas de los medios de difusión y que refuerzan la idea de que quienes se manifiestan son enemigos de los ciudadanos. Cada movimiento social persigue diferentes causas, se expresa de formas distintas y se nutre de vías diversas, pero comparten ese estigma de ser incendiarios. Quiere decir que el “bloque negro” ha hecho bien su trabajo.

Y es que no podemos ser ingenuos. Quienes rompen todo con la cara cubierta y desprestigian con ello a movimientos legítimos, eventualmente tienen que quitarse el pasamontañas. Curiosamente, las autoridades prefieren que sigan en el anonimato. Podrían seguirlos e identificarlos; podrían detenerlos y sancionarlos. Pero por alguna razón poco clara, prefieren que sigan vandalizando. Hay de dos: o son muy ineficientes y no pueden proteger a los ciudadanos, o el desprestigio de quienes tienen reclamos sociales les viene bien. Una u otra, los afectados somos todos los que padecemos cotidianamente de los atropellos tolerados por una autoridad que nos expone, nos usa ¿y nos miente?

@PaolaRojas

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