“Detesto a los mexicanos", dijo el periodista argentino Eduardo Feinmann durante un programa deportivo. Hasta ahí podría parecer una polémica más de las redes sociales. Pero sus dichos no sólo ofendieron a millones de mexicanos, también volvieron a poner sobre la mesa un problema que lleva años creciendo en todo el mundo: la normalización de la xenofobia y de los discursos de odio.

Cuando un micrófono, una cámara o una plataforma sirven para normalizar el desprecio; quien comunica tiene una responsabilidad y quienes brindan la plataforma masiva también. Las palabras no se quedan en un estudio de radio o televisión; se multiplican, se replican y terminan validando prejuicios que otros harán propios.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha advertido que el racismo, la xenofobia y otras expresiones de odio avanzan a una velocidad sin precedentes. Las redes sociales han convertido cualquier mensaje discriminatorio, en un contenido capaz de recorrer el mundo en minutos. Incluso ha alertado que el discurso de odio suele ser la antesala de la discriminación, la hostilidad y, en los casos más extremos, de la violencia.

Las cifras ayudan a dimensionar el problema. Una encuesta de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reveló que el 67 por ciento de los usuarios de internet se ha encontrado con discursos de odio. Entre los menores de 35 años, la cifra aumenta a 74 por ciento.

La violencia verbal es el atajo para crecer en redes sociales, y hay muchos oportunistas que los saben y aprovechan. El verdadero riesgo llega cuando el odio deja de sorprendernos.

Nadie nace odiando, el odio se enseña; se alimenta del miedo, los prejuicios, la desinformación y los estereotipos. Y si se aprende, también puede desaprenderse, pero sólo cuando dejamos de normalizarlo.

Por eso el debate va más allá de un argentino impresentable. La pregunta es: ¿Qué hacemos como sociedad cuando alguien convierte la xenofobia en espectáculo?

Cada vez que el odio encuentra un micrófono, un foro o una pantalla, todos tenemos la responsabilidad de impedir que también encuentre normalidad. Porque el verdadero peligro no es que alguien pronuncie una frase xenófoba, sino que un día dejemos de verla como lo que realmente es: la antesala de una violencia irreconciliable.

@PaolaRojas

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