Amenazaron con irse a un paro nacional y lo hicieron. Amagaron con desquiciar la Ciudad de México y lo han cumplido. Ahora aseguran estar dispuestos a boicotear el Mundial y, lamentablemente, tienen la capacidad de hacerlo. Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) no han cedido en sus demandas, aunque estas sean prácticamente imposibles de cumplir.

Quieren que les dupliquen el salario, que se revierta lo que queda de la Reforma Educativa y que se derogue la Ley del ISSSTE de 2007. Concederles este último punto implicaría prácticamente llevar al país a la bancarrota. Las finanzas públicas, ya de por sí muy presionadas por la deuda, no podrían absorber ese costo. El problema es que la CNTE sabe que la presión funciona y no es una percepción gratuita.

Llevan años consiguiendo aumentos salariales, recursos para regularizar plazas, mejoras en prestaciones y todo lo inimaginable. Cada avance en la negociación parece dar paso a nuevas presiones. Mientras más cede el gobierno, mayores son las demandas. La estrategia no ha cambiado: marchas, bloqueos, plantones, toma de casetas y cierre de vialidades forman parte de una fórmula que el movimiento ha utilizado durante años.

Las afectaciones en la cotidianidad de los ciudadanos afectados por el caos rayan en lo insoportable y no tienen para cuándo terminar. Solo que esta vez el conflicto ocurre además en un momento especialmente delicado. Estamos a unos días del arranque del Mundial y México se prepara para recibir la atención de millones de personas dentro y fuera del país.

Frente a ello, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha optado por evitar cualquier escenario de confrontación. La presidenta ha insistido en que no habrá desalojos ni acciones represivas, aun después de los actos de vandalismo registrados en instalaciones de la Secretaría de Educación Pública. La apuesta es mantener abiertas las mesas de negociación y evitar imágenes de fuerza pública contra maestros en vísperas de un evento de alcance global.

La incógnita es si esa estrategia será suficiente, porque mientras el gobierno busca ganar tiempo mediante el diálogo y las concesiones, la CNTE parece convencida de que aumentar la presión sigue siendo el camino más efectivo para alcanzar sus objetivos. Y cuando una organización sabe que siempre obtiene algo al tensar la cuerda, el incentivo para soltarla prácticamente desaparece.

Es una voracidad que alentó quien hoy es víctima de ese chantaje. Ya otros habían pagado el costo de aprobar la reforma educativa, esa que fue muy impopular entre los maestros, pero urgente en términos tanto económicos como académicos. Sin embargo, el apetito demagógico revirtió ese avance y alimentó a quienes hoy amenazan con boicotearlo todo. Imitar al doctor Frankestein tiene sus riesgos. Hoy los estamos padeciendo.

@PaolaRojas

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