En la semana pasada, se informó que la inflación general al consumidor y total al productor de México en junio registraron una caída mensual de 0.27% y 0.87% con la que las variaciones anuales se ubicaron respectivamente en 3.37% y en 2.10%, lo que reabrió la posibilidad de que el Banco de México pudiera bajar la tasa objetivo de un día de 6.50% a 6.25%.
La caída de la inflación al consumidor fue impulsada porque la no subyacente, esto es, la que sólo considera componentes volátiles, precios agropecuarios, energéticos o administrados por el gobierno registró una baja de mensual de 2.04% dejando la variación anual en sólo 1.11%. Cabe recordar que las cifras no están ajustadas estacionalmente, por lo que la tendencia más bien la marca la tasa anual.
Este martes, la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) de Estados Unidos (EU) informó que la inflación al consumidor, con cifras ajustadas estacionalmente, disminuyó 0.4%, luego de que en mayo había crecido 0.5%, siendo la mayor caída desde 0.8% en abril de 2020. En variación anual, pasó de 4.2% en mayo a 3.5% en junio. El descenso estuvo impulsado por una baja mensual del índice de energía de 5.7% en junio, luego de alzas de 3.9% en mayo y 3.8% en abril.
El índice de precios excluyendo alimentos y energía se mantuvo sin cambios en junio, luego de que en mayo creció 0.2%, por lo que en variación se ubicó el mes pasado en 2.6% frente a 2.9% en mayo. El anuncio de la inflación cambió la expectativa de una posible alza de tasas de interés por parte de la Reserva Federal (Fed), apreciando las divisas de todo el mundo. En particular, el peso cerró en 17.4326 el martes, 9 centavos menos que el día anterior.
Esto abre la interrogante de si la inflación recupera los niveles aceptables por los bancos centrales y podría impulsar las tasas de interés de referencia a niveles menores a los actuales, y en el corto plazo mayor crecimiento económico; o si se trata de un fenómeno transitorio, por lo que estos debieran ser cautelosos hasta que se consolide la inflación en esos niveles.
Cabe recordar que a finales de 2021 los bancos centrales tuvieron un error de diagnóstico al considerar que la elevada inflación era transitoria y que obedecía más bien a un choque de oferta, pero que una vez que se restablecieran las cadenas de suministro, los precios volverían a disminuir. Eran los tiempos en que escaseaban los chips y semiconductores, por lo que había un fuerte retraso en los pedidos de una variedad de productos desde automóviles hasta teléfonos móviles.
Ni el repunte de los precios de los energéticos y de los alimentos por el estallido de la guerra de Rusia contra Ucrania en 2022 modificó la idea de que se trataba de un problema transitorio. En realidad, las agresivas políticas fiscales y monetarias expansivas habían contribuido a generar presiones de demanda, que combinadas con los problemas ocasionados por los conflictos bélicos y sequía en varias partes del mundo dispararon la inflación, por lo que cuando los bancos centrales reaccionaron, era tarde. Además, como lo hicieron de manera agresiva subiendo fuertemente las tasas de interés contribuyeron a que varios bancos de tamaño intermedio importantes quebraran en 2023, porque no estaban preparados para un cambio de escenario tan drástico.
Antes de analizar la situación concreta de cada país, es importante considerar que hay varios factores que pudieran provocan mayor inflación a nivel mundial. Uno será el fenómeno del Niño, que podría ocasionar fuertes sequías o inundaciones provocando daños importantes a la producción de productos agrícolas y en particular de los alimentos.
Otro sería la reactivación del conflicto bélico en el Golfo Pérsico, luego de que la tregua había generado un descenso importante del precio de los energéticos. Este riesgo ha estado latente, incluso el Fondo Monetario Internacional en la actualización de las Perspectivas de la Economía Mundial, lo había señalado como uno de los principales riesgos potenciales. Es decir, aunque reconocía que su escenario de conflicto moderado era el que se estaba materializando, no descartaba la eventualidad de un agravamiento. Cabe recordar que, no sólo se elevan los precios de los energéticos, sino también el de los fertilizantes que inciden en el mayor costo de las cosechas.
El efecto de los aranceles no sólo está afectando el precio de los bienes de consumo, sino también los costos de producción, porque se encarecen los insumos importados, una vez que la variación de existencias se agota y hay que renovar los inventarios. Algunas empresas han sacrificado márgenes para no perder ventas y participación de mercado, pero más pronto que tarde han tenido que elevar precios.
Por otra parte, la fuerte demanda de semiconductores y chips por el auge de la inversión en inteligencia artificial ha generado un alza importante del precio de teléfonos inteligentes, computadoras, televisores, automóviles, etc. por lo que se anticipa un importante repunte de precios de estos bienes.
En EU se observa un considerable incremento de los precios de los productores, por lo que una parte de los mayores costos, incluidos los laborales intensificados por la persecución de trabajadores indocumentados, podrían trasladarse a los consumidores. La escasez de vivienda también sigue afectando las rentas, lo mismo que la mayor demanda de entretenimiento que eleva el precio de los espectáculos.
En México, al observar las variaciones anuales de los principales componentes, los focos amarillos tirándole a anaranjados se observan en tarifas autorizadas por el gobierno (7%), colegiaturas (5.94%), frutas y verduras (5.56%), otros servicios (5.12%) y alimentos bebidas y tabaco (5.08%). Algunos preocupan menos porque llevan una franca tendencia de baja como frutas y verduras que en la segunda quincena de junio se ubicó en 3.36%; pero otros sí, como los servicios que se resisten a descender.
Si bien los precios al productor están en niveles que no generan preocupación por un traslado de precios al consumidor, y que el componente importado se ha beneficiado de un tipo de cambio apreciado; no podemos desconocer que las extorsiones, el derecho de piso, los mayores salarios y los gastos de seguridad, afectan sobre todo a las pequeñas empresas. En muchos lugares el precio de la tortilla es mas elevado por la cuota que hay que pagar a los delincuentes, por ejemplo.
En conclusión, la baja de la inflación en junio en EU y México fue una buena noticia. Allá todavía está lejos de los niveles aceptables; acá ya cerca si consideramos que la del consumidor de la segunda quincena fue de 3.18% en variación anual, pero que tanto se debió a controles de precios disfrazados o a subsidios para que el precio de la gasolina no se disparara. Por su parte, la subyacente (que excluye componentes volátiles) en la segunda quincena fue de 3.94% (4.03% en todo el mes), esto es todavía alta. No cabe duda, cada quien ve las cifras que quiere ver.
Adenda
1. El Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) de mayo y junio anticiparía un crecimiento trimestral en variación anual de 2.5% del consumo privado, ligeramente mejor al 2.4% observado en el primer trimestre.
2. ¿Y dónde está el piloto? Cine de parodia de los 70’s. En 2026, es una realidad incomprensible. El gobierno de CSP lo tenía y se lo entregó al gobierno de Trump.
3. El impacto económico del Mundial, mucho menor de lo que anticipaba la propaganda del Gobierno. El saldo favorable por la buena imagen que generó la gente de México. La afluencia de turistas por vía aérea está limitada por la capacidad de recibir más pasajeros. Terrible paradoja de estos tiempos. Con el aeropuerto de Texcoco no tendríamos esta limitante.
4. Temporada de reportes en las bolsas. Las expectativas siguen siendo favorables. Los resultados no tanto.
5. Se acaba el Mundial. Argentina o España, ¡ese es el dilema! De vuelta a la realidad.
*Analista económico, catedrático de la EST-IPN y de la Universidad de la Libertad
Email: pabloail@yahoo.com.mx

