José Flores[1] y Ornela Garelli[2]

Más allá de los residuos orgánicos (como restos de alimentos) e inorgánicos (como empaques, envases y envolturas) que las personas generamos en el día a día, hay otra corriente de residuos domésticos que aunque no nos sea tan familiar, también está generando impactos ambientales importantes. Nos referimos a la basura electrónica.

Cada vez que cambiamos nuestro celular por la versión de moda, o en lugar de reparar o renovar nuestra laptop dañada la cambiamos por una nueva, provocamos afectaciones en el planeta, que además tienen consecuencias para la misma salud humana.

De acuerdo al Inventario de Residuos Electrónicos de la SEMARNAT-PNUD, se generaron en 2015 un total de 1,103,570 toneladas de residuos de este tipo a nivel nacional (últimos datos disponibles).[3] Esta cifra convierte a México en el segundo generador de residuos de aparatos electrónicos en América Latina. A nivel global, el Global E-Waste Monitor 2020 indica que este tipo de residuos ha crecido 21% en los últimos cinco años, siendo la corriente de residuos domésticos que más rápido crece internacionalmente, llegando en 2019 a un récord de 53.6 millones de toneladas métricas.[4]

Sin embargo, las altas cifras de estos desechos no es lo único preocupante. Del millón de toneladas generadas en México, según la SEMARNAT el 5.99% tiene componentes tóxicos, lo que los convierte en residuos peligrosos que liberan químicos dañinos, metales pesados y otras sustancias tóxicas en el medio ambiente, causando daños a la salud de la gente. A esto podemos sumar otros problemas ambientales como la extracción intensiva de recursos naturales para producir nuevos artículos, la alta emisión de gases de efecto invernadero y las prácticas mineras peligrosas que contaminan el agua y el suelo, afectando también a las personas que habitan o trabajan en zonas cercanas.[5]

Pero, ¿a qué se debe que estemos generando esta gran cantidad de residuos electrónicos? Por una parte se encuentran nuestras altas tasas de consumo, ya que motivados por el marketing empresarial, buscamos adquirir los dispositivos de moda y compramos nuevos aparatos aunque realmente no los necesitemos. Por otra parte, debido a la obsolescencia programada que promueven las empresas, nuestros aparatos y dispositivos electrónicos tienen también ciclos de vida cortos, que hacen que las personas tengan la necesidad de adquirir nuevos productos, en lugar de promover opciones que permitan extender al máximo la vida útil de los mismos, como la reparación, la renovación o el darles mantenimiento.

Esta situación puede verse agravada con las recientes reformas a la Ley Federal de Derecho de Autor y al Código Penal Federal, aprobadas el 1 de julio como parte de la armonización de las leyes mexicanas con el T-MEC.[6] Entre sus disposiciones, la reforma establece que la elusión de medidas tecnológicas de protección –también conocidas como candados digitales– es ilegal, salvo algunas excepciones vagas e insuficientes.

Estos mecanismos están diseñados para impedir el acceso a una obra protegida por derechos de autor. Muchos dispositivos electrónicos que usamos cotidianamente (como teléfonos, computadoras, automóviles, electrodomésticos) contienen software que controla la forma en que podemos usar dichos aparatos. Este software es considerado una obra literaria y muchos fabricantes buscan protegerla a través de un candado digital.

Esto significa que si la reparación de un dispositivo implica la elusión de alguna medida tecnología de protección, quien la realice podría recibir una sanción administrativa que oscila entre los 85 mil y los 1.7 millones de pesos. La ley no contempla excepciones, por ejemplo, para las personas que deseen reparar una tecnología para extender su vida útil, una acción que no solamente es legítima, sino ecológicamente responsable.

Ante una cultura que incentiva el rápido desecho de los aparatos electrónicos, una legislación que no contemple el derecho de las personas a reparar y dar mantenimiento a sus dispositivos es irresponsable. La elusión de candados digitales con estos fines ayuda a mitigar la generación de basura electrónica, cuyas afectaciones en el medio ambiente son graves y, como constatan las cifras, en un constante ascenso.

La Ley Federal de Derecho de Autor debe contemplar que existan excepciones robustas para aquellas personas que evadan estas medidas tecnológicas de protección para combatir la obsolescencia programada. De lo contrario, la legislación continuará haciéndole el juego a los intereses de las grandes empresas transnacionales, el consumismo desenfrenado y la cultura del desecho, en detrimento de nuestros derechos a la salud, el bienestar y un medio ambiente limpio.

[1] Director de Comunicación de R3D: Red en defensa de los derechos digitales

[2] Especialista en Consumo Responsable y Cambio Climático en Greenpeace México

[3] SEMARNAT. Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de Residuos 2020 https://www.gob.mx/semarnat/prensa/presenta-semarnat-el-diagnostico-basico-para-la-gestion-integral-de-residuos-2020?idiom=es#:~:text=La%20Secretar%C3%ADa%20de%20Medio%20Ambiente,s%C3%B3lidos%20urbanos%2C%20peligrosos%2C%20de%20manejo

[4] The Global E-waste Monitor 2020 http://ewastemonitor.info/

[5] Greenpeace, Guide to Greener Electronics 2017 https://www.greenpeace.org/usa/reports/greener-electronics-2017/

[6] Disponibles en https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5596012&fecha=01/07/2020 y https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5596005&fecha=01/07/2020

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