Cuando me quedo quieta y volteo hacia atrás, veo todo lo que he avanzado a lo largo de mi vida. Para ser sincera, no ha sido nada fácil ser una mujer adolescente; mucho menos ser una mujer adolescente en un entorno rural. El crecer y pertenecer a una comunidad machista, con limitantes y en una situación vulnerable, me hizo enfrentar varios desafíos, pero también me dio la oportunidad de contribuir para cambiar el mundo desde mi trinchera.

A los 16 años cuando estaba en preparatoria, junto con Andrea y Reyna, impulsamos Qué Huevos un proyecto de emprendimiento social que nació de la sobreproducción de huevo en mi comunidad. A través de este proyecto logramos consolidar una red de 12 familias productoras para comercializar su producto en distintos puntos del estado de Querétaro, impulsando el empoderamiento económico de las mujeres y una economía solidaria. Durante este proyecto aprendí a ir contra corriente y vencer miedos, enfrentándome al adultocentrismo y a las personas que dudaban de mis capacidades. Comentarios como “Estás muy pequeña, deja que alguien más lleve el proyecto” son el ejemplo de los muchos que recibí durante mi trayectoria.

Salir de mi zona de confort ha sido el reto más grande al que me enfrentado, especialmente para poder estudiar una licenciatura a pesar de escuchar, durante años, la típica pregunta “¿Pa'qué estudias si te vas a casar?”. Convertirme en la primera mujer de mi familia en estudiar una carrera universitaria, titularme de Técnico Superior Universitario en Desarrollo de negocios y ser la primera mujer adolescente en el Estado de Querétaro en ganar el Premio Nacional de la Juventud por Compromiso Social han sido elementos fundamentales para demostrar que las jóvenes y las adolescentes somos capaces de lograr grandes cosas.

El comité de U-Report ha sido un espacio de participación en el que he podido alzar aún más mi voz sobre temas que nos importan y afectan, representar a mi comunidad y estado, conocer distintas perspectivas y tejer redes, así como inspirar a otras mujeres en distintos ámbitos a hacer lo mismo. Además, me ha dado la oportunidad de pertenecer a la Comisión de Igualdad y del Día Internacional de la Juventud, en donde gracias a las herramientas que nos han brindado, hemos podido llevar la voz de mujeres adolescentes a quienes deben escucharlas: las y los tomadores de decisión.

A lo largo de mis 21 años de vida he conocido a muchas mujeres, adolescentes y jóvenes que me han marcado y enseñado que cada una de nosotras vive situaciones y contextos muy diferentes, que enfrentamos y gozamos de distintas limitantes y privilegios, y que lo importante de la lucha y resistencia es no pelear con ellas y con ellos, sino saber usarlos para construir un mundo mejor, en el que haya más y mejores condiciones y oportunidades en la vida; un mundo en el que las próximas generaciones tengan acceso a todos sus derechos, entre ellos, a una educación y a una vida más digna de la que nos tocó vivir a nosotras.

Ser mujer joven o adolescente en México es una constante lucha de nadar contra corriente y de enfrentar retos, pero también es un mundo de oportunidades para demostrar que somos quienes están cambiando el mundo desde nuestras trincheras. A las niñas, adolescentes y mujeres jóvenes les digo: no se detengan, el cielo no es el límite.

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21 años, miembro del comité U-Report México 
 

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