Los libros siempre encienden la conversación y son antídotos contra el olvido. Un permiso para asomarnos a una vida excepcional: la de Leonor Villegas.

Escuché hablar de Leonor Villegas de Magnón por primera vez ya entrado el siglo XXI cuando escribía mi novela sobre Sor Juana y fui invitada a Estación palabra en Nuevo Laredo. Mis anfitriones mencionaron a una mujer neolaredense que había participado con Carranza en la Revolución mexicana. Me interesó el tema pero estaba yo metida de cabeza en el siglo XVII. No le presté atención hasta que me encontré (como Lavinia Melín en mi reciente novela La ausencia) sin tema para mi siguiente novela. Quise saber quién era la mujer mencionada y así recibí por parte de mis anfitriones —luego amigos— de Nuevo Laredo el libro La rebelde, publicado por Arte Público Press en el programa de Recuperación de la Herencia Literaria Hispana (Hispanic Literary Heritage) de la Universidad de Houston en 2004. Leonor Villegas participó en la gesta revolucionaria formando un cuerpo de enfermeras y periodistas, primero de manera espontánea cuando convirtió su casa de Laredo en un Hospital de sangre para atender a los heridos del lado de los rebeldes de la batalla de frontera, después nombrada Constitucional cuando sus servicios fueron solicitados por Carranza y partieron desde Ciudad Juárez hasta acompañar la entrada triunfal a la Ciudad de México en agosto de 1914 como Cruz Blanca Nacional . Leonor Villegas hace un recuento particular del nacimiento del grupo de enfermeras y voluntarias en el que se refiere a sí misma en tercera persona. Dicho recuento y la versión en inglés, que ella misma escribió 20 años después, no fueron publicadas ni en vida de Leonor ni de su hija, fue a través de su nieta Leonor Smith que donó el archivo a la Universidad de Houston que las publicaciones hicieron justicia a la memoria de la participación de un grupo de mujeres binacional en la gesta revolucionaria, como me pude enterar por el estudio de Clara Lomas que acompaña ambas versiones. Yo me nutrí tanto de esas dos versiones en tono de crónica de Leonor Villegas como de los documentos de su archivo en la universidad —telegramas, cartas, notas, facturas, fotografías de Eustacio Montoya, también olvidado y que murió en la pobreza a pesar de filmar varias batallas e intentar vender la película a Carranza— para escribir la novela Las rebeldes, donde añadí a los personajes reales como la enfermera Lily Long y la periodista Jovita Idar, (cuya familia fundó el periódico en español La Crónica), personajes ficticios como Jenny Page, encargada de escribir la historia de Leonor en mi novela.

El 12 de junio se cumplen 150 años del nacimiento de Leonor Villegas en Nuevo Laredo, es de celebrar que el Instituto Tamaulipeco de Cultura publique La rebelde, de Leonor Villegas, para el disfrute del público mexicano: una historia de frontera de mujeres valientes y comprometidas donde podemos leer de primera mano la experiencia de una mujer que había sido educada con las Ursulinas en San Antonio y que tenía un compromiso con la educación, con la preservación del español en el lado texano de la frontera y con la causa maderista.

También celebro la coincidencia de que al cierre de este año 2026 se vuelva a lanzar en bajo el sello Planeta mi novela Las rebeldes, que no pudo haber sido escrita sin el archivo de Leonor Villegas, que como periodista que también era guardó material para la posteridad, y sus memorias. Los libros siempre encienden la conversación y son antídotos contra el olvido. Un permiso para asomarnos a una vida excepcional: la de Leonor Villegas (1876-1955).

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