Suscríbete

El vecino del Norte

Mónica Lavín

Trump dejó muy claro que nosotros éramos los “bad hombres” o los culpables de la drogadicción en su país, de la falta de empleo de sus connacionales, de los crímenes...

¿Por qué nos importan los resultados de las elecciones en Estados Unidos? Más allá de tratados, migraciones, amistades y enemistades, detenciones y deportaciones, tráfico de armas y de drogas, los casi 3200 kilómetros de frontera que marcan el río Grande y el Colorado, o la historia y los estados que fueron nuestros y ya no lo son, cada uno tiene una impresión personal o relación específica con el vecino del Norte. El presidente en turno marca el tono de la relación. Trump dejó muy claro que nosotros éramos los “bad hombres” o los culpables de la drogadicción en su país, de la falta de empleo de sus connacionales, de los crímenes, y los responsables, por lo tanto, de construir la barrera que nos atajara el paso. Nos endilgó el costo de su maniobra política y luego sonrió cuando recibió al presidente mexicano actual para conseguir la simpatía de los not so bad mujeres y hombres viviendo en el otro lado. A las mujeres de su país las denostó, a los musulmanes los declaró peligrosos, a los afroamericanos los reprimió hasta provocar el renacimiento de los ideales de Luther King en el slogan Black Lives Matter. Si los afroamericanos no podían respirar, Trump abonó a la asfixia histórica. Por eso su derrota es el triunfo de un discurso que nos devuelve una dosis de amabilidad y respeto, de inclusión en un país que ha señalado a los chinos como los responsables de la pandemia en el mundo, que ha orquestado la maneada palabra (y conveniente políticamente) complot o fraude. Por eso su derrota es una lección de humildad para su actitud imperialista (make America great). Su vulgaridad y exaltación de lo soez, su desdén al conocimiento científico y la cultura ofendió a más de la mitad de la población que en su momento no votó por él. Por eso la desatención a su denuncia de fraude en una democracia largamente construida, su comportamiento rudo e irrespetuoso en los debates, la soberbia con que ha manejado la pandemia y su propio contagio de Covid, han colocado al súper macho güero y bronceado contra las cuerdas.

Su caída es la celebración de ese Estados Unidos que les dio a mis padres (y toda una generación) el cine de Hollywood para soñar: Casablanca para enamorarse, A Kiss is just a Kiss, Fred Astaire para admirar su manera de bailar, Hemingway, Faulkner y Capote para leer, Tenesee Williams para el teatro y Woody Allen para homenajear todo ello y reírse de si mismo. Su caída es celebrar la dignidad de nuestros mexicanos jugándosela por un bienestar, por sus raíces, por su legado y el coche y la casa que aquí no podrán tener, por los Dreamers, y la protección contra el cambio climático. Es celebrar el jazz y el blues, a PhilipRoth y a Carson McCullers, a Lucia Berlin y Raymond Carver, a Steinbeck y Flannery O’Connor, a Emily Dickinson y Henry James. Es devolverme aquel tiempo cuando puse mi nombre en la Pen Pal corner de una revista y a mi buzón llegaron más de setenta cartas que relataban las vidas de adolescentes de todo el territorio estadounidense; pude sentir su geografía y la vida rural cuando una de esas amigas por carta me invitó a un pueblo de Oregon y viví esa manera conservadora y estrecha de mirar el mundo que tenían sus padres en tiempo de comunas, hippies y pregón de libertad para los jóvenes. Es llegar a San Luis, Missouri, y ver por primera vez un concierto de rock: Three Dog Night (quién no recuerda One). Es estudiar un curso en UCLA y toparse con Dustin Hoffman en los jardines de la universidad, es intentar jugar basketball en East LA. Son los Lakers, los Rockets y los Celtics. Que pierda Trump es reconocer la diferencia de naciones y sentirse partícipe y bien tratado, sentirse el vecino del este lado que abraza a sus amigos y que celebra con ellos este momento. La verdadera grandeza de América (como se autonombran) es la participación histórica en esta elección en medio de la pandemia.

(En medio de esta celebración, lamento la muerte del generoso escritor y editor Sandro Cohen, que siendo vecino del Norte escogió México por casa, el español por lengua cuya redacción enseñó -Redacción sin dolor es un libro clásico- y con la que escribió poesía y novelas para jóvenes y a la escritora Josefina Estrada, a quien abrazo, por compañera de vida.).

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios