Texto: Liza Luna
Nuestra gloriosa Victoria Alada en Paseo de la Reforma ya debe estar sudando ante la próxima la Copa Mundial de Fútbol 2026 y no es para menos: gritos, baile, matracas y cornetas, pisotones, confeti, basura, licores y otros líquidos de dudosa procedencia, todo tirado ante sus columnas cuando la Selección Mexicana hace algo bien.
El Ángel de la Independencia es nuestro lugar predilecto para festejar, porque qué mejor sitio para celebrar una victoria futbolística que ante los ojos de nuestros héroes. Pero, el mexicano no siempre celebra con responsabilidad y en 1986 se dejó llevar por el vandalismo y descontrol.

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La primera vez que la Selección Mexicana se presentó en la Copa Mundial de Fútbol 1986 fue el martes 3 de junio, contra la escuadra de Bélgica en el Estadio Azteca. La expectación se sentía en las calles capitalinas, que tuvieron que aguantar hasta las 12 del día para ver al equipo nacional luchar por su primera victoria.
Al cierre del partido y con el marcador 2 a 1 a favor del anfitrión, los mexicanos se dejaron llevar por su alegría. Más de 20 mil defeños salieron a las calles para gritar, bailar y celebrar con amigos o desconocidos, sin importarles que fuera un día laborable o que una intensa lluvia cubriera gran parte de la ciudad.
En su edición del 4 de junio, EL UNIVERSAL describió la escena como un “entusiasmo desbordante”, donde infantes y adultos se apropiaban de las calles para ondear la bandera nacional y ensordecer a todos con cornetas, matracas tricolores o gritos.
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Desde la salida del Estadio Azteca, pasando por el Zócalo Capitalino y hasta el Ángel de la Independencia, la turba futbolística colapsó las principales vialidades, provocando un tráfico intenso durante más de 12 horas.
Hubo conglomeraciones en Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Calzada de Tlalpan, Glorieta de los Insurgentes, Zona Rosa, División del Norte, Anillo Periférico y hasta Viaducto, y pensaríamos que los conductores atrapados en el festejo se molestarían con sus alborotados compatriotas, pero no.
Ya fuera con bocinazos al ritmo de los aplausos, chiflidos amistosos o con banderas saliendo por sus ventanillas, los vehículos que circulaban por estas colapsadas vialidades se unían en espíritu a los destrampados aficionados, felices de que la selección nacional jugara con el pie derecho.
Incluso el tráfico detenido en Anillo Periférico sirvió para que los conductores hicieran la famosa “ola”, como solía verse en las gradas de los estadios.
Todo muy bonito hasta aquí, pero oculto entre la felicidad y emoción de los defeños estaba el terrible rostro del vandalismo y crimen. Cientos de individuos aprovecharon el descontrol popular para hacer destrozos y cometer abusos.
Según describió este diario un día después del partido, muchos negocios de Zona Rosa y calles aledañas temieron que los aficionados se dejaran caer con piedras o palazos, por lo que optaron por bajar sus cortinas antes de las 3 de la tarde y bloquear sus entradas por si había algún intento de saqueo.
Incluso se supo de actos vandálicos ejercidos contra un campamento de damnificados por los terremotos de 1985, ubicado en la esquina de Violeta y Paseo de la Reforma, en la colonia Guerrero.
No faltaron las agresiones al transporte público. En plena era de la desgraciada Ruta-100, estudiantes y pandilleros secuestraron una docena de camiones para trasladarse al Zócalo o al Ángel de la Independencia, haciendo destrozos a las unidades.
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El gobierno de la capital ejecutó un plan de seguridad hasta las 6 de la tarde, después de varias horas de descontrol y con la estricta indicación de sólo detener a quienes “cometieran de forma flagrante un delito o falta administrativa”, respetando el festejo.
Se ubicó a agentes en puntos estratégicos para las celebraciones, como la Plaza de Garibaldi, Zona Rosa, Zócalo y el Ángel de la Independencia, pero no pudieron contener en número ni en emoción a los aficionados.
Conforme caía la noche y la lluvia por fin se alejaba, el número de mexicanos reunidos en la Victoria Alada de Reforma aumentó. “Lo grave fue que muchos fanáticos se intoxicaban de alegría y también con licor, lo que complicó las expresiones de júbilo”, mencionó EL UNIVERSAL.
Resulta que una camioneta pick-up tuvo el brillante emprendimiento de vender cervezas durante la celebración en el Ángel de la Independencia, a 400 pesos la botella, con la intención de “animar a la gente”.
Escalinatas, jardines y arroyo vehicular estaba saturados de defeños, sin importar que ya era la madrugada del 4 de junio; algunos alcoholizados se dejaron llevar y celebraron como si México ya tuviera la copa en sus manos.
EL UNIVERSAL describió los eventos de la noche del 3 y madrugada del 4 de junio de 1986 como “uno de los mayores desquiciamientos que se ha registrado en la capital”. Datos oficiales contabilizaron 100 heridos tras aquellas horas de algarabía, con casos de descalabros, cortaduras con botella de vidrio, atropellamientos y golpes por riña.
Fue hasta el 5 de junio de 1986 que se conoció la dimensión de los festejos y desenfreno vistos tras la victoria de México sobre Bélgica. A consideración de las autoridades del DF, la celebración colectiva por el primer partido de la Selección Mexicana “rebasó con mucho lo que inicialmente era una fiesta popular al propiciar acciones que dañaron el patrimonio nacional”.
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La luz del día exhibió severos daños distribuidos entre Paseo de la Reforma y Zona Rosa. “Infinidad de abusos y hechos delictivos [en casas y negocios], tales como la destrucción de aparadores y saqueo de tiendas, daños a vehículos, agresión a transeúntes y consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública”.
Esta casa editorial informó sobre los destrozos cometidos contra patrullas y varias unidades de transporte público. El monto necesario para reparar esos vehículos se estimó en 6 millones 500 mil pesos y la cuenta estaba por aumentar.
Las consecuencias más graves de la destrampada alegría futbolística se vieron en el Ángel de la Independencia. Mientras miles de aficionados se ubicaron alrededor del monumento para celebrar de forma controlada, hubo algunos desquiciados que escalaron hasta donde estaba la escultura de Miguel Hidalgo y ondearon sus banderas como si un marcador 2 a 1 en Fase de Grupos igualara a la independencia nacional.
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Según datos de la policía capitalina, las afectaciones a la Victoria Alada de Reforma incluyeron: mutilaciones en los dedos de la estatua de Ignacio Aldama; robo de la vaina y espada que empuña Vicente Guerrero; y daños en las manos del Padre de la Patria, así como en su estandarte.
La parte baja del Ángel de la Independencia sufrió pintas y destrozos, averías en las puertas para ingresar al monumento, desprendimiento de faroles, así como destrucción total de la zona verde de la glorieta y más de 100 botellas de diferentes licores tiradas alrededor.
Por si fuera poco, las autoridades denunciaron el robo de la lámpara votiva de bronce, ubicada en la columna de la Victoria Alada. Este objeto honorario se colocó en el monumento desde mayo de 1929, por orden del entonces presidente Emilio Portes Gil, como “símbolo de amor que debe existir en todos los mexicanos para los héroes que nos dieron patria”, según indicó EL UNIVERSAL.
Nunca antes se vio tal vandalismo contra el Ángel de la Independencia, ni durante un festejo o manifestación, siendo una llamada de atención para las autoridades.
El gobierno capitalino asumió su culpa tras el saldo negativo de las celebraciones futbolísticas, pues “en ningún momento se realizaron restricciones a la libre manifestación de los aficionados, pero infortunadamente varios grupos aprovecharon las expresiones de alegría para cometer actos que alteraron el orden de la ciudad”.
Tras su descuido durante la jornada del 3 de junio de 1986, las autoridades del entonces Distrito Federal se pusieron las pilas y un día después ejecutaron el “dispositivo especial de seguridad para impedir que se repitan los reprobables hechos registrados en los últimos días”.
Este plan, integrado por 5 mil 800 elementos del orden, “actuará con la mayor energía en contra de quienes se aprovechen del júbilo popular para cometer actos de vandalismo”, afirmó el entonces Procurador General de la Justicia del Distrito Federal, Renato Sales Gasque. “La imagen del pueblo mexicano es de dignidad y trabajo, y no se permitirá que sea desvirtuada por fanáticos del fútbol”, afirmó el funcionario.
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Las autoridades aseguraron que toda sana celebración por la Selección Mexicana se respetaría, pero que tendrían que intervenir en caso de identificar “violaciones al derecho de terceros o actos delictivos”, según se leyó en este diario el 5 de junio.
Se garantizó la aprehensión de alborotadores, el bloqueo de acceso a monumentos nacionales que pudieran ser blanco de vandalismo, protección y vigilancia de las principales vialidades para no tener embotellamientos, la pronta restauración del Ángel de la Independencia, así como la prohibición y persecución contra la venta de bebidas alcohólicas en vía pública.
Pero, el principal método para sofocar cualquier acto vandálico sin perturbar la celebración futbolística fue el establecimiento de sitios exclusivos y controlados para “manifestaciones y festejos sanos”.
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Para el segundo partido de México, celebrado el 7 de junio en el Estadio Azteca contra la escuadra de Paraguay, se resguardó a la Victoria Alada de Reforma con una valla de madera de 200 metros, bloqueando toda su glorieta. En sustitución se instalaron seis sitios seguros para festejos mundialistas, divididos entre las delegaciones.
Según informó EL UNIVERSAL, “en todos estos sitios se contará con dispositivos de seguridad para vigilar el orden y se tendrán conjuntos musicales para amenizar las concentraciones”. Cabe aclarar que en esos lugares no se transmitiría el partido, para eso estaban las pantallas gigantes de la AMPOFEC.
El encuentro terminó en empate 1 a 1, motivo suficiente para que 20 mil aficionados salieran a las calles a celebrar. Según se leyó el 8 de junio de 1986, “del destrozo y el vandalismo [vistos el 3 de junio] se pasó a la celebración familiar”, con mariachis animando a los capitalinos en los sitios de “manifestación segura”.
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“Todo fue distinto; la gente y las autoridades estuvieron a la altura de la hospitalidad mexicana, [...] gritos y porras en ambiente cálido”, reconoció EL UNIVERSAL.
El dispositivo de seguridad implementado por el gobierno capitalino dio buenos resultados conteniendo a aquellos desubicados que pretendían dañar el espíritu futbolístico durante el mundial de 1986.
Para ejemplo estuvieron las reiteradas aprehensiones de jóvenes que intentaron secuestrar unidades de la Ruta-100 y o la detención de conductores alcoholizados que querían jugar a las “carreritas” en la Plaza de la Constitución. Tras los festejos del segundo partido, la policía capitalina contabilizó 314 detenidos y 120 lesionados, algunos acuchillados o golpeados.
Para el partido México vs. Irak del 11 de junio y a pesar de tener cinco “sitios seguros para celebración”, el desorden en los festejos volvió a hacer acto de presencia.
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Según describió EL UNIVERSAL en la edición del día siguiente, la capital lució “camiones repletos, secuestrados, con gente hasta en el toldo y las caravanas por Paseo de la Reforma y hasta el Ángel de la Independencia; los jóvenes detenían a todos y les repetían a todos ‘¡la hicimos, la hicimos!’”.
Apenas eran las 2 de la tarde cuando autoridades capitalinas ya contabilizaban 10 mil personas bloqueando las principales vialidades de la ciudad con sus festejos.
El caos vial generado por esta celebración duró varias horas y se supo de choques menores ocasionados por el irregular avance. Por suerte, el dispositivo de seguridad actuó de forma oportuna y logró detener a mil jóvenes responsables de secuestrar unidades de la Ruta-100, así como a presuntos ladrones de negocios y transeúntes.
Era 15 de junio y llegó el cuarto enfrentamiento de la Selección Mexicana en el mundial, contra el equipo de Bulgaria. Considerando que el festejo podría descontrolarse si se obtenía el pase a Cuartos de Final, el gobierno del DF aumentó la cantidad de sitios para “manifestaciones festivo-deportivas".
“Las autoridades tenían instrucciones de respetar cualquier demostración de euforia y alegría de la ciudadanía, pero también estaban advertidos de intervenir en forma drástica al registrarse actos vandálicos”, indicó EL UNIVERSAL.
En esa ocasión, sólo hubo 73 detenciones, pero se reportaron varios casos de secuestro de unidades de la Ruta-100 y riñas en vía pública.
El reto mayor era el quinto partido... ese preciado quinto partido para la Selección Mexicana, jugado el 21 de junio ante Alemania Federal. Todas las apuestas daban la victoria a México y si se lograba el pase a semifinales, el caos estaba asegurado en todo el Distrito Federal.
Fue el único encuentro de la escuadra nacional jugado fuera de la capital, en Monterrey, pero eso no mermó el ánimo capitalino. “La Ciudad de México no será desquiciada por la multitud que, de ganar la selección nacional, ganará las calles y manifestará su júbilo como nunca”, aseguró este diario.
Según indicó EL UNIVERSAL, el dispositivo de seguridad fue más intenso para el encuentro México vs. Alemania, abarcando vialidades como Calzada de Tlalpan, Insurgentes, Reforma, Anillo Periférico, Revolución, Zona Rosa y Zócalo.
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Para preservar el orden se utilizaron patrullas, grúas, motociclistas y carros antimotines, además de tener el apoyo del Estado Mayor Presidencial, la Secretaría General de Protección y Vialidad, junto con la Policía Judicial del DF.
El gobierno capitalino instaló 12 templetes para “celebraciones sanas”, la mayor cantidad vista desde el comienzo del mundial, en extremo confiados de que México ganaría el partido. ¡Qué decepción se vivió cuando cayó 4 penales a 1!
El sueño mundialista quedó hecho trizas luego de perder contra Alemania y los planes de la capital se empañaron. Miles de defeños salieron a las calles a gritar su decepción por ser eliminados del mundial, pero no cometieron vandalismo alguno.
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A consideración de esta casa editorial, “el dispositivo de seguridad que implantó la Secretaría General de Protección y Vialidad, junto con la Policía Judicial del DF, se vio exagerado”, pues no hubo agresiones o problemas en vialidades.
“La fiesta se había preparado en grande, incluso se cerraron a la circulación calles o zonas para el mejor desplazamiento de los caminantes”, sostuvo EL UNIVERSAL. Todo quedó en desaire, pues pesó más la tristeza que el desenfreno.
Muy pocos defeños se subieron al toldo de su coche para gritar “¡México, México!” y todavía menos ondeaban banderas como si celebraran una victoria inexistente.
El Ángel de la Independencia duró meses en reparación, fue reinaugurado durante el aniversario número 76 de la Revolución Mexicana y sigue siendo el sitio por excelencia para festejar distintas victorias.