La enseñanza de la materia de historia a nivel primaria y secundaria se ha ido transformando con el paso de los años. Tanto para estudiantes como para profesores, esta clase tenía vivencias muy distintivas en el México de hace medio siglo.

En un par de publicaciones del gobierno de los años 60 y 70, se aseguraba que Historia era una de las materias más populares entre los niños y niñas, al grado de que muchos estudiantes querían ser maestros de historia o historiadores.

Todavía se recuerda con mucha nostalgia el acudir a la papelería más cercana por las clásicas monografías de los héroes de la Independencia o algún episodio histórico, con el fin de ponerlas en nuestros cuadernos y escribir en la parte de abajo un texto alusivo al hecho.

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Típico salón de clases de mediados de los años setenta. Los niños apuntan todo lo que les va dictando el maestro;  muchas materias eran impartidas de esta manera, ya que al escribir se reforzaba lo que venía en el libro de texto, más lo que explicaba el maestro. La materia de historia era en gran parte memorizar pasajes relevantes del pasado y su peso en la transformación de los hechos. Colección Villasana.
Típico salón de clases de mediados de los años setenta. Los niños apuntan todo lo que les va dictando el maestro;  muchas materias eran impartidas de esta manera, ya que al escribir se reforzaba lo que venía en el libro de texto, más lo que explicaba el maestro. La materia de historia era en gran parte memorizar pasajes relevantes del pasado y su peso en la transformación de los hechos. Colección Villasana.

Era muy común escuchar la frase “si estudias historia, te vas a morir de hambre”, pero no por ello desanimó a aquellos alumnos de dedicarse a lo que más amaban: la historia.

Para conocer cómo han cambiado los métodos de enseñanza de la clase de historia desde los años 60 a la fecha, entrevistamos a la investigadora en temas históricos Suzette Álvarez.

Diferentes épocas enseñan diferente la historia

Al preguntarle acerca de los programas educativos relacionados a la historia, Suzette Álvarez nos comentó que tenía muy presentes cuatro reformas al plan de estudios de la SEP, empezando por la de 1993, que le tocó estudiar durante la primaria y la secundaria.

Luego vino la reforma de 2010, después la de 2017 y ahora que ella es maestra imparte la reforma de 2022. Dice que el plan de estudios del 22 no es tan nuevo-, ya que considera que son los mismos enfoques, casi los mismos temas, pero con otras perspectivas.

Al comparar los años 90 con décadas anteriores, la investigadora recuerda que a ella en 1993 todavía le tocó aprender temas que se veían en programas tradicionales, como la historia patria, el civismo y todo lo que tenía que ver con cómo conformar una nación. Apunta que todo lo aprendió de un modo y ahora lo está enseñando de otro.

Un niño se pone de pie para leer fragmentos del inolvidable libro de texto gratuito de la Secretaría de Educación Pública SEP a finales de los años sesenta. Leer de pie a toda la clase era una práctica muy común para aprender a lidiar con la pena y reforzar la confianza del alumno para enfrentar situaciones incómodas en el futuro. Colección Villasana.
Un niño se pone de pie para leer fragmentos del inolvidable libro de texto gratuito de la Secretaría de Educación Pública SEP a finales de los años sesenta. Leer de pie a toda la clase era una práctica muy común para aprender a lidiar con la pena y reforzar la confianza del alumno para enfrentar situaciones incómodas en el futuro. Colección Villasana.

Menciona que cada administración y cada época maneja ciertos intereses políticos e ideológicos que moldean el pensamiento de la sociedad y de los estudiantes.

La investigadora percibe que en la actualidad los programas y los libros se enfocan más en la perspectiva de género, en la igualdad, en la equidad y, sobre todo, en el papel femenino en diversos procesos históricos que antes no se contemplaban y a los que ahora se les da visibilidad.

“De los personajes que teníamos como principales en la configuración de nuestro pasado, la mayoría eran hombres. Ahora ya se está integrando la figura de las mujeres en la historia como parte de nuestro pasado”, explicó.

Una niña de quinto de primaria sonríe a la cámara para un folleto publicitario de inicios de los años setenta llamado “Educación Popular”. De acuerdo a la publicidad, las materias más populares entre los niños eran Historia, Biología y Educación Física. Colección Villasana.
Una niña de quinto de primaria sonríe a la cámara para un folleto publicitario de inicios de los años setenta llamado “Educación Popular”. De acuerdo a la publicidad, las materias más populares entre los niños eran Historia, Biología y Educación Física. Colección Villasana.

Basta observar el reconocimiento que se le da al lado masculino de la historia en nuestra ciudad. Un ejemplo muy presente, dice, son las estatuas a lo largo del Paseo de la Reforma, en las que el cien por ciento son hombres.

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Parte de nuestra historia actual y pasada se está ahora escribiendo, sostiene nuestra entrevistada, con la instalación de la estatua en “La Glorieta de las Mujeres que Luchan” y los nuevos discursos de integración que se ven en las calles y en los libros.

“El Metro es un lugar súper cotidiano para muchísimos habitantes de la ciudad, en el que hoy en día hay mosaicos donde están las mujeres: “fulanita de tal hizo tal cosa en la lucha de Independencia, en la Revolución”, entonces pues yo creo que eso también está ligado a la forma en la que ahora estamos enseñando la historia”, señaló.

“Pienso por ejemplo en los años 20, cuando surgió el muralismo y el pensamiento de Vasconcelos, que querían mostrar lo que era lo mexicano a partir de los murales: el mexicano trabajador, indígena, valioso como raza pura. Y ahora lo vemos con estas acciones en que las mujeres cuentan su papel en la formación de nuestro país”.

Niños y niñas a nivel primaria conocen y repasan la importancia de la historia del arte y los muralistas, a finales de los años sesenta. Actividades dentro y fuera de la escuela, con apoyo de visitas guiadas a museos. Colección Villasana.
Niños y niñas a nivel primaria conocen y repasan la importancia de la historia del arte y los muralistas, a finales de los años sesenta. Actividades dentro y fuera de la escuela, con apoyo de visitas guiadas a museos. Colección Villasana.

La clase de historia en épocas pasadas

La investigadora recuerda que de entrada existía casi un código en el salón de clases para la impartición de cada materia, incluyendo historia, en la que las mesas o pupitres debían estar perfectamente alineados, todos los alumnos mirando al frente con el debido respeto a la maestra o maestro y poniendo atención. Y una vez cumplidas estas reglas de cortesía se procedía a dar la clase, no antes.

Álvarez recuerda los primeros libros de la SEP de inicios de los años 60, con ilustraciones de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, o los que le siguieron con la emblemática portada de Jorge González Camarena, que eran ya de entrada objetos artísticos con una mirada muy patriota.

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También rescata de la memoria las portadas que le tocaron a ella en 1993, con ilustraciones del Dr. Atl, Camarena, Francisco Goitia, y al hecho que los editores tuvieron especial cuidado al elegir que la portada artística tuviera relación con el tema y contenido.

Destaca el libro de historia de cuarto grado de primaria, que tenía en la portada a Miguel Hidalgo y Costilla, y cómo de inmediato lo asociamos a él con la materia. Existía esta conexión entre el arte mexicano y la historia como parte de un todo.

Volviendo al presente la investigadora reflexiona “Los libros de texto ya no son lo que eran antes, pues en primer lugar ya no tienen ejercicios, ya no tienen una lección, ahora uno como maestro tiene la libertad de cátedra de decidir qué actividades proporcionar y cómo dirigir esa lección.

Clásica visita guiada de una escuela pública mixta para que los estudiantes aprendan acerca de urbanismo e historia en algún museo capitalino a mediados de los años setenta. Los niños observan atentos una maqueta, mientras un joven muestra a un alumno una foto aérea de algún sitio de la ciudad. Colección Villasana.
Clásica visita guiada de una escuela pública mixta para que los estudiantes aprendan acerca de urbanismo e historia en algún museo capitalino a mediados de los años setenta. Los niños observan atentos una maqueta, mientras un joven muestra a un alumno una foto aérea de algún sitio de la ciudad. Colección Villasana.

¿Qué nos conviene que nuestros estudiantes aprendan? o ¿qué es lo que nosotros queremos que también sigan? Antes existían todas estas respuestas en los mismos libros y había objetivos claros tanto para estudiantes como para maestros en guías complementarias.

En este sentido, considera que se podía mejorar y modificar la materia en bien de todos, al evitar que personas no calificadas ni especializadas tengan injerencia en los planes y programas de estudios.

“Desconozco si cronistas o historiadores tengan injerencia en los planes de estudio, te diría que no, porque son personas que se dedican a la investigación. En muchos casos no son docentes o pedagogos y ellos nos hacen el discurso, entonces nos proponen ciertos temas, a ciertos personajes desde ciertos enfoques y pues ya nosotros lo vamos aplicando en la materia por ejemplo de español. Se han eliminado muchas cosas, como el proceso de investigación: cómo leer, subrayar ideas principales, ideas secundarias, cómo hacer un resumen, estrategias de estudio. Los chicos están muy perdidos”, comentó la investigadora.

Suzette Álvarez indica que en ese aspecto los niños están muy desorientados, y nos dice que no saben investigar, no saben leer o les cuesta muchísimo. También lo piensa a raíz de la pandemia, ya que a los niños les tocó una educación en línea, a distancia, este programa que mandó el gobierno de aprender en casa al no existir otra opción.

Foto de jóvenes leyendo y haciendo su tarea en una biblioteca pública del entonces Departamento del Distrito Federal D.D. F. Los maestros de historia les sugerían a los alumnos buscar lecturas adicionales para enriquecer sus conocimientos. Colección Villasana.
Foto de jóvenes leyendo y haciendo su tarea en una biblioteca pública del entonces Departamento del Distrito Federal D.D. F. Los maestros de historia les sugerían a los alumnos buscar lecturas adicionales para enriquecer sus conocimientos. Colección Villasana.

“Los que tenían internet tomaban clases y veían los programas, pues así se les dieron sus clases, no tienen una capacidad muy amplia de investigación entonces cuando yo dejo algún tema para investigar solamente sacan lo primero que encuentran en internet, desde ahí es una gran gran chamba, porque tienes que rescatar aspectos básicos bien simples de primaria, no como hago un resumen, como es una idea secundaria como la diferencia de la principal y y así”, señaló Suzette.

Maestra de historia por cuatro décadas

Para conocer otra vivencia, entrevistamos a la maestra de historia ya retirada, María Yolanda Esquivel, de 84 años.

La maestra Esquivel nos relata que su amor por la historia nació precisamente en un salón de clases cuando era niña. Le resultó primordial la conexión que existía entre el maestro y el alumno y el amor que le imprimía al dar la materia de historia.

Para ella, se notaba a todas luces los docentes que preparaban sus clases y el entusiasmo que le imprimían al hablar del pasado con tanto cariño y emoción, conscientes de la importancia de sus palabras ante los jóvenes estudiantes. Aquello que llamaban “madera” comentó nuestra entrevistada.

Salón de clases de escuela de niños a nivel primaria en 1972. Colección Villasana.
Salón de clases de escuela de niños a nivel primaria en 1972. Colección Villasana.

“Para poder impartir la clase de historia a nivel secundaria tuve que profesionalizarme, por ello acudí a la Escuela Normal Superior. Ya tenía para entonces la convicción y la vocación que se requería, en el lugar indicado para conocer y aprender todas las herramientas necesarias para ser un maestro especializado, en mi caso, en historia”, relata la Maestra Esquivel.

Recuerda la maestra que en aquellos años no existía el Sistema de Transporte Colectivo Metro, por lo que el trayecto desde su casa en el sur de la ciudad a San Cosme era complicado, ya que tenía que abordar distintos camiones para llegar a su destino, pero al final del día, valía mucho la pena el esfuerzo.

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También nos comenta que en su época algunas maestras combinaban la docencia con la maternidad, lo que ahora ve mucho más complejo por cuestiones de tiempo, traslados y el alto costo de la vida que poco permite ahorrar siquiera.

Integración y convivencia. Inicia en la casa, pasa a los salones y a los patios de juego. Parte fundamental del aprendizaje hacia una sociedad moderna y preparada. Colección Villasana.
Integración y convivencia. Inicia en la casa, pasa a los salones y a los patios de juego. Parte fundamental del aprendizaje hacia una sociedad moderna y preparada. Colección Villasana.

En cuanto a la experiencia de dar clases de historia en distintas décadas, la maestra Esquivel nos dice que muchas de las materias complementaban a las otras, como era el caso de la clase de “Lengua Nacional” que se basaba en la lectura de comprensión en silencio o para toda la clase, con el fin de que el alumno hablara en público sin tartamudear o hacer pausas, lo que les llenaba de autoestima y que se fomentaba desde primaria.

También recuerda la importancia de escribir la fecha en el pizarrón y lod hechos históricos y efemérides, que se dieron justamente en ese día.

Otra actividad que recuerda eran los Honores a la Patria, Honores a la Bandera y la tradición de los bailables regionales con mucho sabor a Historia de México.

Una de las actividades preferidas de sus alumnas, -ya que siempre fue maestra de historia en escuela de niñas- era la de las visitas escolares que se hacían cada año al Castillo de Chapultepec, al Museo de Antropología y al Museo de Historia Natural.

Algo que la enorgullece al repasar sus años como maestra es encontrarse con alumnas, ya con hijos, que todavía la recuerdan con mucho cariño y que le digan que su clase de historia era su clase favorita.

Salón de clases de escuela de niñas a nivel primaria en 1972. Colección Villasana.
Salón de clases de escuela de niñas a nivel primaria en 1972. Colección Villasana.

Para cerrar este tema, volvemos con la investigadora Suzette Álvarez y le preguntamos acerca de la enseñanza de la historia y su manera de ver el futuro de esa materia con la oportunidad de hacer algo novedoso con las distintas plataformas digitales actuales.

“Ya no podemos prescindir de las redes sociales pues, en muchos casos, ya son parte de nuestras vidas y del cómo establecemos nuestras relaciones con otros. Vamos aprendiendo acerca de la difusión cultural, y muchas personas han hallado la forma de dar a conocer la historia de una manera sencilla y atractiva para que la gente la conozca”.

“Yo creo que ése es un aspecto positivo en nuestros tiempos, por ejemplo lo que hace Sara Benítez con Historia Chiquita. Y pues si ella, Sara, es como un medio informativo y cultural no oficial, que no es político o parte de un programa de política educativa, resulta súper valioso porque gente de todas las edades pueden conocer nuestra historia”, concluyó Álvarez.

  • Entrevistas:
  • Suzette Álvarez es investigadora y docente. Hispanista por la UNAM, investiga las autobiografías y memorias del siglo XIX mexicano. Ha publicado en revistas especializadas y participado en coloquios.
  • María Yolanda Esquivel es Doctora en Pedagogía y Maestra de Historia.

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