La Calle de Dolores: del opio a coloridas celebraciones

Mochilazo en el tiempo

En los años 70 se reconoció al Barrio Chino de la Calle de Dolores como centro de intercambio cultural entre México y China. Pero décadas atrás, estos migrantes sufrieron numerosas persecuciones por motivos raciales

Texto: Elisa Villa Román

“El segundo Callejón de Dolores es una calle china. Estrecha y larga como la esperanza de nuestros mártires, oscura y misteriosa como un edicto gubernamental. Unos caracteres anuncian no sabemos si una carbonería o un diminuto puesto de quesadillas, aunque, según parece, es un casino chino que hay más al fondo”, escribió el reportero Moreno Ruffo.

En enero de 1925, Ruffo y el fotógrafo Sosa visitaron el antiguo Barrio Chino de la Ciudad de México, el cual queda a unas cuantas cuadras de este diario. Los habitantes del barrio no se dejaron retratar y miraron a los periodistas con desconfianza. “El tono era de disgusto y Sosa y yo empezamos a temblar”, escribió.

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Inspección en la Calle de Dolores para buscar fumaderos de opio en 1922. Archivo/EL UNIVERSAL.

En esos antiguos callejones se vendía comida frita, café con leche y panes en negocios custodiados por estatuas de dragones a la entrada. Los habitantes del barrio pusieron una barricada de costales de arroz, palillos, roscas y pan de sal que el reportero interpretó como un obstáculo para impedir el paso a los extraños:

“Con un leve empujón podríamos derrumbar, pero temimos encontrar del otro lado tenebrosos suplicios y tortuosas veredas que conducían a jardines de martirio y rostros cetrinos con mirada asesina. Por fin nos decidimos a entrar: qué nos iban a hacer”.

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Hombre fumando opio en 1925. Foto: Casasola.

Los migrantes chinos llegaron a México gracias a un tratado firmado entre las dos naciones en 1899. Con él se permitió su entrada para trabajar en el país, pues se les consideraba mano de obra barata. 

Pero con el paso de los años sufrieron discriminación y fueron comunes los operativos policiacos para detectar fumaderos de opio. En las prensa de inicios del siglo XX era común leer notas sobre el arresto de personas de origen chino.

Además las historias del opio se narraban según conviniera. Si lo fumaban adinerados o intelectuales, la acción les daba un aire de misticismo, sensualidad y clase. Si eran migrantes chinos, entonces se hablaba de suciedad y crimen. Misma acción, diferentes resultados.

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Lavandería del señor Hong Lee en la Calle de Dolores, en un reportaje de Ruffo y Sosa. EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1925.

Además los chinos fueron acusados de “robar” empleos a los trabajadores mexicanos porque estaban dispuestos a realizar cualquier tarea por bajos salarios. Según Flora Botton Beja, los migrantes chinos estuvieron dispuestos a emplearse en labores tradicionalmente femeninas como el lavado de ropa, mientras la sociedad mexicana los rechazaba por su manera sencilla de vivir, pues ahorraban tanto como podían para enviar dinero a su país.

“Más que desplazar a los mexicanos, los chinos supieron aprovechar las oportunidades que ofrecía una economía emergente y se incorporaron a ella de una manera imaginativa”, escribió Botton en el artículo La persecución de los chinos en México.
 

La persecución

Los asiáticos no fueron los únicos extranjeros que llegaron a inicios del siglo XX y sin embargo sufrieron múltiples persecuciones racistas. En ese México del pasado se crearon teorías pseudocientíficas sobre razas superiores e inferiores, a pesar de ser un país mestizo.

Los juzgaron por el color de su piel, la forma de sus ojos y sus costumbres a la hora de comer. Los acusaron de ser los transmisores de enfermedades como la sífilis o la lepra, les prohibieron casarse con mujeres mexicanas y los empujaron a vivir en guetos para no mezclarse con el resto de la población, así es como nacieron los Barrios Chinos.

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"La toxicomanía de los genios: Siempre se ha dicho que mucho de la producción de celebrados escritores, poetas y artistas se debe en gran parte al vicio de las drogas heroicas”. Portada de la entrevista realizada al doctor Antonio Pagador en diciembre de 1927.

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“En un sucio fumadero de opio fueron detenidos seis chinos que se dedicaban a aspirar el narcótico”. Nota del 29 de marzo de 1930. Imágenes: Archivo/EL UNIVERSAL.

El movimiento antichino fue conformado por comités autodenominados “pro-raza” y se desarrolló entre 1911 y 1934 en varias ciudades del país, principalmente al norte de México.

En algunas ciudades hicieron que los chinos tuvieran prohibido vender comestibles, entrar a restaurantes y museos, casarse con mexicanas, acceder a puestos públicos y salir de sus barrios después de la medianoche.
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La Convención de Ayuntamientos sonorenses se reunió en abril de 1924 en Hermosillo, Sonora, y pidió que los chinos se concentraran en barrios especiales, aislados, para impedir que se casaran con mexicanas, de acuerdo con un artículo de Moisés González Navarro. http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/29883/1/18-072-1969-0569... Imagen: nota publicada en 1939 sobre detenciones por presunto tráfico de opio.

En 1921 los comités antichinos presionaron al gobierno de Álvaro Obregón para prohibirles la entrada. Surgieron los Guardias Verdes de Sonora y la Liga Antichina de Tapachula. Cientos de migrantes fueron expulsados y junto con ellos, también sus esposas mexicanas, quienes perdieron su nacionalidad.

En San Pedro, Coahuila, un grupo racista repartió volantes entre los agricultores de la región para darles a conocer sus posturas sobre los chinos. Además acordaron enviar felicitaciones a Plutarco Elías Calles por su apoyo al movimiento.

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El opio, los chinos y la prensa. Entre las décadas de 1920-30 son comunes las publicaciones sobre tráfico de narcóticos. Muchas acusan a los Tongs (mafias chinas), aunque los artículos no dan seguimiento al proceso de los detenidos. Archivo/EL UNIVERSAL.

Según Ana Luz Ramírez Zavala, distintas organizaciones nacionalistas pidieron a Plutarco Elías Calles que interviniera para eliminar “la plaga” de chinos en el país apoyándose en las leyes de migración.

Para la autora de La justificación higiénico-sanitaria en la campaña antichina, 1924-1932, el discurso xenófobo encontró su lugar en la crisis económica, política y social que vivía México después de la Revolución Mexicana.

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En 1927 había 26 mil chinos (no nacionalizados) en México. Para 1940 quedaban menos de 5 mil, de acuerdo con el historiador Moisés González Navarro. Imagen: Vista del Barrio Chino en 1925. Archivo/EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Prohibirles el ingreso traería conflictos diplomáticos al gobierno, pues se violarían tratados internacionales. “Si bien no se prohibió la entrada de los chinos al país, por medio del marco legal se restringió con argumentos sanitarios”, dice Ramírez.

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Así, con propaganda, vigilancia y boicots a los negocios chinos, las organizaciones antichinos fueron ganando terreno. Éstas difundieron que los almacenes de negocios eran usados como fumaderos de opio, considerado un crimen según el Código Sanitario vigente en los años 20.

“Se reunirá en breve una convención antichina: presentarán iniciativas para hacer más efectiva la campaña contra los amarillos y restringir la inmigración”, dice una nota publicada en este diario el 20 de octubre de 1924.

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Los hijos del Celeste Imperio, como los apodaba la prensa, fueron objeto publicaciones estigmatizantes vistas en su época como “normales”. La primera es una caricatura de los operativos policiacos contra la comunidad china realizados en Torreón, Coahuila. La segunda es el supuesto retrato de un hombre detenido por cometer un crimen. Archivo/EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

La nota anunciaba que más adelante, entre enero y febrero de 1925, se reunirían todos los comités antichinos del país para hacer “más efectiva” la campaña contra ellos “en aquellos lugares donde por su número constituyen una verdadera plaga”.

Algunas de las acciones propuestas eran: elaborar propaganda dirigida contra los migrantes chinos, establecer nuevos comités en donde no los había y crear leyes contra los asiáticos para restringir su entrada al país.

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Cateo a un fumadero de opio en la Calle de Dolores, 30 de noviembre de 1922. Archivo/EL UNIVERSAL.

El diputado Alejandro C. Villaseñor realizó una gira por varias ciudades de Chihuahua, Coahuila y Sonora  donde fue invitado por los comités para observar los trabajos contra los asiáticos. Villaseñor aseguró que los comités eran “dignos colaboradores del Estado de Sonora, donde se está combatiendo con verdadero ahínco la plaga de los asiáticos”.

A finales de los años 60 se publicó la noticia de un fumadero de opio descubierto por la policía en la Calle de Dolores: “cuando los policías irrumpieron en el local, encontraron un centenar de chinos acostados fumando largas pipas que contenían opio (…) uno de ellos pidió a los agentes que lo dejaran fumar antes de que se desvaneciera una bella visión”. Pero no quedó claro cuál fue el destino de los detenidos, ni si llevaron  a cabo un juicio.
 

Primera imagen: Caricatura de un hombre chino, estereotipado. Segunda: Un hombre camina con la imagen de la Virgen de Guadalupe en las calles de la capital. Archivo/EL UNIVERSAL.

Una calle colorida

Si en la actualidad visita el Barrio Chino se encontrará con varios negocios de comida, no necesariamente china, y vendedores ambulantes de galletas de la fortuna envueltas en bolsas color pastel con orejas de conejo. También verá los negocios más apegados a la idea que tenemos sobre esta cultura, con grandes lámparas rojas colgando a la entrada, dragones dorados, tipografías e imágenes del animal dominante este año, según el zodiaco chino.

Este barrio, como se conoce actualmente, se estableció en la década de los 70 como un centro de intercambio cultural y comercial entre México y China. Desde antes de entrar a la Calle Dolores uno se percata de la energía juvenil que irradia.

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Celebración por el Año Nuevo Chino a principios de 2020 en el Barrio Chino de la Ciudad de México. Foto: Valente Rosas/EL UNIVERSAL.

Si hoy se caminara desde Bellas Artes y se cruzara la avenida Juárez, lo primero que llamaría la atención es el enorme arco rojo con motivos orientales a la entrada de esta calle. Ahí inicia el Barrio Chino.

La experiencia depende de la fecha y la hora a la que acuda, pero imaginando que es un día cualquiera antes de la epidemia, probablemente vería bajo el arco a una banda de jóvenes integrantes tocando covers de los años 70, rodeados de personas que se detienen a escuchar.

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Celebración en la Calle de Dolores en 2018 con el arco rojo de fondo. Archivo/EL UNIVERSAL.

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En una casa de té del actual Barrio Chino se venden panes de arroz y distintas variedades de bebidas. Durante un recorrido realizado por este diario a principios de febrero, la encargada del establecimiento comentó que entre semana las ventas son muy tranquilas, pero los domingos toda la Calle de Dolores se llena de jóvenes admiradores de las culturas asiáticas.

Muchos de ellos son atraídos por la comida y la estética del lugar que adquirió su estatus actual en los años 70, estableciéndose como el Barrio Chino más pequeño del mundo.

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Celebración en el Barrio Chino en febrero de 2002. Foto: Luis Manuel Acevedo/EL UNIVERSAL.

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Retrato de una mujer en el Barrio Chino durante las celebraciones del Año Nuevo en 2007. Foto: Pedro Mera/EL UNIVERSAL.

Hoy es común ver connacionales atendiendo negocios de comida china y bailando en las celebraciones del Año Nuevo Chino, vestidos de dragones, o haciendo demostraciones de alguna disciplina marcial de este país oriental en las celebraciones de la Calle de Dolores.

La herencia china, que una vez fue confinada a unas cuantas calles, se transmite en celebraciones donde todos pueden participar. La historia de cómo México estigmatizó a los chinos todavía es estudiada desde la academia y se divulga como un recordatorio de las cosas que no deben repetirse. Este fue el convulso pasado de una colorida calle del Centro Histórico.

Fuentes:

 

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