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En las papelerías se vendía desde vinos hasta muebles

En el siglo XIX en los negocios papeleros había cuadernos, sobres, hojas, vinos, alhajas, medicinas y frijoles. La Helvetia y Al Libro Mayor, fueron las más antiguas de la ciudad
Papelerías del centro
09/02/2020
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Texto: Aída Castro Sánchez
Fotos actuales: David Pineda Villalpando
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

“Si no hay azúcar ofrece sal pero que no se vaya un cliente decía mi abuelo”, recuerda Lorena Rudorff, dueña de la papelería El Buen Estudiante, con 60 años en la ciudad. 

Las primeras papelerías establecidas en la capital se dedicaban a la encuadernación y vendían vinos o tés, como en La Helvetia de Guillermo Kaiser y su socio Luis Martín, de acuerdo con un anuncio publicado en el libro Nomenclatura actual y antigua de las calles de la Ciudad de México 1891.

El negocio de Kaiser de finales del siglo XIX tenía “un surtido muy variado de papeles, sobres extranjero, tarjetas blancas, útiles para escritorio carteras, lapiceros, cromos diversos, vino de la casa de Brandenburg Freres de Burdeos y te fino de la India”.

La Helvetia se ubicaba en la calle del Coliseo Viejo 21 (hoy 16 de Septiembre). Con el tiempo cambió de dueño y en 1909 pasó a manos de Santiago Galas, menciona una nota de EL UNIVERSAL publicada en 1920.

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Anuncio de la papelería La Helvetia, publicado en EL UNIVERSAL ILUSTRADO en 1921.

Galas surtía “desde un alfiler hasta un mueble elegante”, como lo indicaba su publicidad. En 1913 Galas adquirió una pequeña imprenta que modernizó dos décadas posteriores para elaborar cromos y calendarios.

El lugar ubicado en la calle de 16 de Septiembre 41, ofertaba artículos para escritorio, muebles elegantes para despacho de la marca “Yauman & Erbe”, calendarios, lapiceros y plumas, así como grabados en acero, se lee en un anuncio de 1921.

En los años treinta La Helvetia cambió de nombre a Galas de México, en honor a su fundador Santiago Galas. Una década después se convirtió en una gran compañía impresora papelera que promocionaba “un gran surtido de calendarios, abanicos, artículos de piel y propaganda en general”.

En los años setenta Galas de México perteneció al Grupo Carso y en años recientes pertenece a  la familia Kuri.

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El Buen Estudiante

“Este negocio es mi vida yo nací aquí”, dice con orgullo la señora Lorena Rudorff, dueña de El Buen Estudiante, segunda papelería que nos indica, abrió en Mesones, fundada por María de la Luz Ortega Olvera, su madre.

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Interior de la papelería El Buen estudiante con más de 60 años de antigüedad, donde puede encontrar desde un lápiz, hasta una puerta, dice su dueña, la señora Lorena Rudorff.

“Llevamos dos generaciones desde mi bisabuelo Cresenciano Ortega, mi abuelo Luciano Ortega, mi madre y yo”, relata la señora Rudorff, quien comparte con este diario la historia de su familia dedicada al negocio papelero desde el siglo XIX.

“En 1800 teníamos una tienda donde se vendía desde un cuaderno hasta frijoles, de todo se podía encontrar. Mi familia hacía cuadernos y se llamaba El Buen Tono, donde se hacían muchas cosas como mejorales, eso era perfectamente normal en el Siglo XIX”, afirma la señora Rudorff.

Lorena Rudorff empezó a trabajar a los siete años con su madre cuando enviudó. “No tengo más hermanos y a mí me quedó siempre claro que tenía que ayudar a mi mamá”.

“Cuando inició el negocio era papelería, mercería, librería, juguetería y un poquito de farmacia, se vendían curitas o alka seltzer”, recuerda Rudorff.

El Buen Estudiante se fundó el 1 de septiembre de 1959, en la calle de Mesones 149 (letras F y G), en el centro de la capital. Los productos más vendidos hace 40 años en su negocio eran grasa y crema para  zapatos, gises, papel china, papel celofán, diamantina, moños, mapas, biografías,  lápices, colores, “lo de cajón”, señala la empresaria.

“Vendíamos juguetes, triciclos  y unas muñecas de pasta. Las tarjetas de acetato se vendían muchísimo y si quería mandar felicitar a alguien o se enfermaba se usaban, hoy ya no se venden porque  se mandan tarjetas por internet y antes se vendían millares”.

La señora Lorena nos muestra un catálogo con unos angelitos y palomas de cartón, impresos a color,  se venden desde hace casi un siglo, nos dice.

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Los productos más antiguos que se venden en las papelerías son las libretas Ideal.

“Estos ángeles nada más nosotros los trabajamos, se usan en los estados de la República, ahora en Semana Santa, en Navidad y en Día de Muertos los utilizan para adornar los sepulcros.

Tras el sismo de 1985 muchos inmuebles resultaron afectados como los de  Mesones. Además, el  aumento en la renta  la llevó a ella y su esposo a cambiarse a Isabel la Católica 69.

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La señora Lorena Rudorff y su esposo Moisés Guzmán, atienden personalmente su negocio porque como ella dice: “El negocio hay que quererlo es un hijo y hay que cuidarlo”.

Todo queda en familia

El 80% de las papelerías en nuestro país son administradas por empresas familiares que realizan las actividades tanto administrativas como operativas, de acuerdo con el texto  “Origen de las papelerías en México”, publicado por la Universidad Veracruzana.

Una de las papelerías  más antiguas y que se manejó bajo este modelo de negocio familiar fue Al Libro Mayor, fundada en 1832, por el francés Teófilo Leroux, de acuerdo con  el libro Cántabros de ayer y hoy: una historia centenaria alrededor del papel, de Aurora Cano Andaluz.

Al libro Mayor se encontraba en la antigua calle de Coliseo Viejo (hoy 16 de Septiembre). Vendía libros en blanco, papel de todas clases, objetos para escritorio, máquinas para encuadernar, daguerrotipo, (imagen en positivo a partir de una placa de cobre recubierta de yoduro de plata), libros de oraciones, alhajas y todo tipo de trabajos de imprenta, de acuerdo con un anuncio publicado en los diarios de 1849.

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Anuncio de Al Libro Mayor publicado en EL UNIVERSAL ILUSTRADO en 1924.

Las papelerías de Mesones

En la actualidad hay un corredor importante de negocios papeleros en la Ciudad de México que se encuentra en las calles de Mesones, Las Cruces y Jesús María, cerca de la Merced.

Después de la Revolución mexicana éste popular barrio se convirtió en un espacio casi exclusivo para el comercio donde se incorporaron inmigrantes árabes y judíos que introdujeron la venta de telas, papelerías y ropa, de acuerdo con el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC).

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Comparativa 1932 - 2020.

Muchas papelerías ya estaban instaladas en la calles de Mesones desde los años 50 pero después del sismo de 1985 La Merced se convirtió en un barrio fantasma porque la gente, dice entrevista con el cronista Jesús Petlacalco.

Debido la mudanza de la antigua Merced a la Central de Abastos y quedaron muchos locales vacíos y así  empiezan a crecer las papelerías en  esa zona”,  explica Petlacalco.

En la actualidad las papelerías  como Lumen, Office Depot, Grupo Tony, Casa Marchand, entre otras, diversificaron el negocio papelero porque ofrecen en sus instalaciones el autoservicio, además de  fotocopiado, engargolado e impresión.

La foto principal se publicó en 1932, en EL UNIVERSAL ILUSTRADO. La comparativa es de la papelería La Helvetia de 1922, de la colección Villasana-Torres. La foto comparativa 2 es de la papelería Gutiérrez y Roquero.  En ella se ve la fachada de la papelería y almacén de bolsas de papel Gutiérrez y Roquero, ubicada en la calle de Ayuntamiento 52.

Fuentes:
Archivo y Hemeroteca de EL UNIVERSAL
Entrevistas a la señora Lorena Rudorff Ortega, dueña de la papelería El Buen Estudiante, a su esposo Moisés Guzmán y al cronista y escritor Jesús Petlacalco. 
Fundación de “La Helvetia” y su desarrollo progresivo, nota publicada el 8 de septiembre de 1920 en EL UNIVERSAL.
Nomenclatura actual y antigua de las calles de la Ciudad de México 1891, publicado por C. Montauriol y Cia.
“Origen de las papelerías en México”, de la Universidad Veracruzana, 2005. Texto de Violeta Flor del Rosario Morales y Martha Patricia García Ramírez.
De la Colonia a la globalización. Empresarios cántabros en México. “Cántabros de ayer y hoy: una historia centenaria alrededor del papel”, de Aurora Cano Andaluz.
“Seminario permanente. Centro Histórico de la Ciudad de México”, 2010. PUEC, UNAM