Cuando los murales abstractos de Adrian Brun iluminaron la capital

Mochilazo en el tiempo

En la década de los 70 la Ciudad de México se volvió a color a través de los murales de Adrian Brun, obras abstractas con las que se recuperaban espacios abandonados y se intentaba influir en el ánimo de los habitantes de una metrópoli que en esos días crecía sin control

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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

Desde la segunda mitad del siglo XX los murales se convirtieron en parte esencial de la identidad mexicana; si bien no se originaron en esa época fue en esos tiempos cuando estas obras tuvieron tal impulso que llegaron a edificios gubernamentales, lo que les brindó aceptación dentro y fuera de las instituciones artísticas.

Con el paso de los años, los murales empezaron a verse a lo largo de la Ciudad de México ya fuera en forma de publicidad o como obras nacidas de la creatividad de artistas o aficionados que radicaban en la capital mexicana; sin embargo, no todas tenían figuras humanas, fauna o flora tan reconocible.

Ese fue el caso de la obra de Adrian Brun, pintor egresado de la escuela La Esmeralda  en el Centro Histórico y donde fuera aprendiz en 1957 el maestro Diego Rivera, quien en sus últimos años le transmitió su pasión por el arte prehispánico.

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Adrian Brun. Foto: Cortesía Familia Brun

De acuerdo con su hija, Aline Brun, en los inicios de la década de 1970 —entre 1971 y 1973— el gobierno de Luis Echeverría y la regencia del entonces llamado Departamento del Distrito Federal a cargo de Octavio Sentíes Gómez, su padre fue invitado a colaborar con sus murales en la jefatura de obras públicas del DDF.

“El proyecto centraba su atención en la revalorización estética de algunos edificios del Centro, usando el gran colorido de su obra para influir en el estado de ánimo de los habitantes y aportar un valor artístico a la Ciudad de México, lo cual siempre fue el objetivo su obra pública; compartir el arte con la población haciéndolo parte de su cotidianidad”, explicó Aline para El Gran Diario de México.

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Mural de Adrian Brun realizado en el estacionamiento de un hotel en el Centro Histórico. Foto: cortesía Aldo Solano Rojas.

De esta forma el gobierno invertía, a través de la obra de Brun, en la recuperación de espacios abandonados, “colindancias de edificios grises y áreas de mucha visibilidad para inyectar color y arte”; y, como para Brun uno de los objetivos principales de sus murales era el poder acercarlo a la gente, no dudó en aceptar la oportunidad.

Una de sus obras que sigue hasta la actualidad es la del Hospital General Siglo XXI del IMSS, misma que aparece en un fragmento del libro Un espía en México, de Sophie Moghrani:

“El sol poniente iluminaba las nubes y formaba un hermoso atardecer, pero para ella no tenía sentido. En la unión de esas avenidas se encuentra el hospital más grande de la Ciudad de México: el Centro Médico Siglo XXI. ¿Y si se moría? ¿Primero Iván, luego Igor y ahora Marcel? Este emblemático lugar pertenece al Instituto Mexicano del Seguro Social y diario atiende a miles de pacientes.

Al entrar Sophie se quedó parada observando el mural de Adrian Brun. Era inmenso, el esmalte horneado de cada pieza la impresionó. Su corazón estaba angustiado pero la belleza y perfección de la obra le dio un respiro…”

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Mural de Adrian Brun al interior del Hospital Siglo XXI. Fotos: cortesía Familia Brun.

A pesar de que Adrian Brun participó activamente en estos proyectos de lo que se conocía como "Arte Urbano", no es posible saber si él pintó personalmente todos los murales o supervisó el proyecto para el que fue contratado; en las fotografías se puede ver que la paleta de colores era bastante brillante.

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En la Revista “Claudia” de septiembre 1972, apareció un artículo de la obra de Adrian Brun en la capital y mientras algunos de los sitios eran muy reconocibles, los murales de los estacionamientos pudieron haber estado en cualquier parte de la Ciudad de México. Fotos: Colección Villasana - Torres.

La ciudad abstracta

Para conocer un poco más sobre la relevancia del trabajo de Brun, nos acercamos al maestro Aldo Solano Rojas, quien comenta a El Universal que en los años 60, los artistas contemporáneos mexicanos ya sentían, y manifestaban, su necesidad de salir del recinto galerístico o museístico.

El espacio común empezó a figurar en su producción. En el caso de los murales públicos geométricos se sumó a esta necesidad, la influencia de los geómetras y otros artistas abstractos, Brun también utilizó las estrategias de la publicidad”.

Según el especialista, los murales que Adrian Brun realizó en la capital demostraban la preocupación que empezaba a haber en ese entonces sobre el aspecto y la imagen pública, ya que entre 1970 y 1980 hubo un visible abandono acerca de cómo se veía la ciudad,  lo que se tradujo en destrucción de patrimonio o construcción de edificios “abusivos”:

“Los murales abstractos de Brun son tal vez el mejor ejemplo de este activismo del artista empapado de sus inquietudes plásticas: estrategias publicitarias, abstraccionismo y geometrismo, happening, vínculo de sus piezas con la comunidad”.

Las obras artísticas en el espacio público buscaban ofrecer un ambiente más agradable para quién vivía o visitaba la Ciudad de México, porque para la década de 1970, el crecimiento de la capital empezó ser un tanto incontrolable, fenómeno que sin duda empezó a mermar en la calidad de vida de sus habitantes.

Brun logró, a través de sus murales de un contenido “neutro y abstracto” —sin representaciones humanas o de elementos que pudieran estar relacionados con publicidad o propaganda política—, dotar a las paredes de la capital de obras entendibles y atractivas para todos.

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Mural de Adrian Brun realizado en el Centro Histórico en la década de los años 70. Fotos: Colección Villasana - Torres.

El libro El arte urbano, de Oscar Olea, describe que los murales necesitaban ser abstractos ya que se tenía que convencer a los dueños de los edificios y de las autoridades correspondientes para que —tal como ahora con murales tanto artísticos con fines culturales o publicitarios— accedieran a otorgar los permisos para pintarlos; de esta forma se evitaban conflictos políticos o ideológicos ni con el peatón, ni el automovilista, ni el residente de la zona o el mismo gobierno.

Murales emblemáticos

Solano Rojas explica que uno de los murales más grandes y emblemáticos de este momento de la pintura contemporánea mexicana fue el que estaba en el Edificio Jeanne D’Arc, frente a la Plaza Tlaxcoaque, obra llena de figuras geométricas que se expandía de forma concéntrica y se mezclaba con los detalles del estilo arquitectónico neocolonial del edificio.
 
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Mural de Adrian Brun realizado en el Edificio Jeanne D’Arc en los años 70; curiosamente, en la actualidad hay un mural de uno de los artistas urbanos más reconocidos de México a nivel internacional, el artista conocido como “Seher One”.  Fotos: Colección Villasana – Torres y Google Maps. Diseño web: Griselda Carrera.

Otro se encuentra en el Hotel Century en la Zona Rosa: “el edificio tiene prácticamente toda su espalda descubierta, por lo que fue necesario hacer este mural de ondas curvas en blanco y negro que prolongan las terrazas de su parte superior hacia atrás y abajo, jugando con los volúmenes arquitectónicos y el diseño gráfico”, detalla.

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Mural en la parte posterior del Hotel Century en la Zona Rosa. Crédito Google Maps.

Brun pertenecía al círculo de artistas más importantes de la época, entre sus amigos estaban personalidades como Felipe Erhemberg, Manuel Ferguerez, Luis López Loza, Hugo Velázquez, Paul Leduc, Beno Lieberman, Alberto Híjar, entre otros, y montó exposiciones en México, Estados Unidos y Ecuador.

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En la Revista “Claudia” de septiembre 1972, apareció un artículo de la obra de Adrian Brun en la capital, con el título “Nada de gris que somos alegres”; algunos de los sitios son reconocibles, como este, en la Glorieta de los Insurgentes; sin embargo, los murales de los estacionamientos pudieron haber estado en cualquier parte de la Ciudad de México. Colección Villasana - Torres.

Lamentablemente, la gran mayoría de los murales que se realizaron en la época de los 70 y 80, desaparecieron de forma natural —los materiales se desvanecieron con el paso del tiempo—;porque fueron sustituidos por otros o los edificios y/o paredes que los albergaban fueron derrumbados o porque aparecieron nuevos edificios que terminaron cubriéndolos.

A manera de cierre, el Aldo Solano comparte: “el espacio público y la historia urbana han sido relegados por la academia hasta hace poco tiempo, sobre todo cuando hablamos de cosas efímeras o cosas que no son tan fácilmente patrimonializables o que no es tan evidente su relevancia historico-artística”.

En la actualidad, existen murales a lo largo de toda la ciudad, dejan que artistas y aficionados expresen no sólo sus ideas políticas, sino también los elementos que consideren le den identidad a su colonia o alcaldía.

La fotografía principal es un mural de Adrian Brun en 1973. Foto: Colección Villasana - Torres.

Fuentes: 

  • Familia Brun: Isabel, Aline y Diego Brun. 
  • Mtro. Aldo Solano Rojas. Historiador del arte especializado en espacio público y diseño moderno.
  • Libro El arte urbano de Oscar Olea, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Revista Claudia Septiembre 1972.

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