La visita de Trump a China ha sido destacada por el comportamiento del Presidente norteamericano, mesurado, amable, intentando a toda costa lograr que el reservado y ceremonioso Xi Jinping (de 72 años; Trump está a un mes de cumplir 80) aceptara un trato amistoso y elogioso.

Esto se logró sólo en parte, pero si se avanzó en parchar la relación bilateral, recientemente afectada no sólo por los aranceles trumpianos del 2025, sino por las recientes sanciones a empresas chinas que dieron información satelital de bases norteamericanas en el Golfo Pérsico, las acusaciones de haber robado patentes de Inteligencia Artificial de EU (acusaciones que injustamente Trump ha extendido a la principal empresa de chips de Taiwán, TSMC), y otras acciones.

Varias fuentes internacionales hicieron notar que esta vez se hizo patente que China ya es una potencia mundial, que su dirigente habla con gran confianza en sí mismo y con autoridad, y que tiene el proyecto de largo plazo de modular un nuevo orden mundial. Nada menos. Su apoyo será su potencia industrial, militar y tecnológica, sus relaciones con su vecino Rusia, a quien llama su “socio estratégico”, para recibir energéticos y con otros 120 países con los que comercia y en los que invierte.

En ese contexto, Xi propuso al norteamericano “construir una relación bilateral de estabilidad estratégica”, palabras de un estadista internacional que no sabemos qué pueden significar para el Sr. Trump, cuya conducta ha sido por completo ajena al término “estabilidad”. Lo que queda claro es que un conflicto abierto con los EE. UU. como el que ha estado provocado el atrabancado mandatario norteamericano sería demasiado grave para los ambiciosos objetivos de China y para la estabilidad mundial

En este nuevo camino ayuda muy poco la falta de institucionalidad del gobernante americano, quien en los encuentros con los escasos líderes mundiales que respeta, como el propio Xi, como Putin, como el multimillonario y reformista Mohamed bin Salmán de Arabia Saudita y curiosamente Kim Jong-un, ha tratado en cada caso de construir una relación personal, supuestamente para en el futuro arreglar cualquier crisis “con una llamada telefónica”.

Nada de relaciones a través de diplomáticos y menos de asesores. Todo es personal. Con el dictador norcoreano dijo tenía “una bella relación”, pero de nada sirvió. Con Purin, a quien ha cortejado desde su primer mandato, también ha fracasado intentando un alto el fuego en la guerra de Ucrania y otros temas internacionales.

Bien sabido es que Trump tiene en su gobierno a conocidos “halcones contra China”, incluyendo a Marco Rubio, que ha criticado la política del gobierno chino en la región de Sinkiang, Scott Besent, Secretario de Hacienda, que ha declarado que China es “un socio comercial no confiable” y Pete Hegseth, Secretario de Defensa, que ha denunciado las acciones desestabilizadoras de los orientales en el Mar de China. Otros halcones estuvieron en el primer período de Trump, como John Bolton y Mike Pompeo. La instrucción actual parecería ser no criticar a China... hasta que Trump decida otra cosa sin consultar a nadie.

En la relación comercial, sigue abierto el problema de que Europa y EE. UU. necesitan las famosas las tierras raras, cuyo acceso China limitó a Occidente. También la seria crisis provocada en Europa por las exportaciones industriales orientales, y los proyectos de recuperar los mercados que Trump llevaba en su portafolio, como aviones comerciales de Boeing, como soya, carne y sorgo de la empresa Cargill. A pesar de las optimistas declaraciones de Trump en el avión de regreso, estas transacciones están pendientes. Conviene recordar que Xi no llevó a empresarios de su propio país al reciente encuentro.

Un riesgo inminente en la relación bilateral es que está proceso de aprobación un paquete la venta de armas modernas a Taiwán por 14 mmd, que enfatizaría modernas armas defensiva frente a un posible bloqueo naval, como radares, misiles de media distancia y drones. De forma un poco torpe, Trump declaró a la prensa a pregunta expresa, que aún no decidía qué hacer con ese paquete, y que “dependía de lo que hicieran los chinos”. Los últimos siete presidentes de EE. UU. han cumplido con la costumbre de no consultar a Beijing sobre las ventas de armas a la isla. Trump no ha seguido esta práctica.

La misma política norteamericana de apoyo a Taiwán está ahora en duda: los isleños tienen la impresión de que el Presidente norteamericano los puede dejar tirados si logra acercarse más a China. Los expertos no tienen muy claro hasta qué grado Trump entiende que la relación con Taiwán ha sido estratégica para su país desde 1950.

Una posible consecuencia de una invasión o bien el control chino sobre Taiwán similar al que ejercen sobre Hong Kong desde 1997 (en que Gran Bretaña se retiró de su antigua colonia) sería sobre las capacidades de Inteligencia Artificial de China continental. La razón es que ahí reside la principal empresa mundial fabricante de semiconductores, la TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company). Esta empresa cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York, y produce semiconductores para las principales empresas norteamericanas como Apple, NVIDIA, AMD, Qualcomm y MediaTek. Además, ha anunciado planes para triplicar su inversión en sus plantas de Phoenix, Arizona, inversión que podría llegar a los 165 mmd en cuatro años. Requiere capacitar a trabajadores especializados.

Otro aspecto central a considerar es el cambio en la doctrina de armamentos nucleares de China, que en el pasado fue principalmente defensiva, para convertirse en el país del mundo que más rápidamente ha ampliado sus armas nucleares y todo lo que las acompaña, como misiles de cabezas múltiples (MIRVs), submarinos capaces de lanzar misiles, y bombarderos estratégicos que puedan cubrir largas distancias.

Desde hace años las doctrinas de una eventual guerra nuclear han enfatizado que no basta fabricar un cierto número de bombas, sino adquirir la capacidad de lanzarlas desde tierra, mar y aire, única forma de responder a un posible ataque nuclear sorpresivo. Un reportaje de la Agencia Alemana DW de abril pasado calculó el arsenal chino en más de 600 armas nucleares, que llegarán a mil en 2030. Es una forma contundente – no la única-- de proyectar poder a nivel internacional.

Otros datos: actualmente el País de Enmedio es la tercera potencia militar después de los Estados Unidos y Rusia, pero el gasto militar chino es el segundo del mundo después del norteamericano. En número de embarcaciones, China ya tiene más que los EE, UU., pero menos aviones de combate. En lo que se refiere a la principal arma de los mares: los portaviones, las FF. AA. de los Estados Unidos informan que China está construyendo seis portaviones para 2035, para llegar a un total de nueve. Los Estados Unidos tienen once, tecnológicamente muy avanzados.

Conviene recordar, finalmente, que China ha construido desde el primer gobierno de Trump siete islas artificiales en el sur del Mar de China, es decir, bases navales.

Tres conclusiones sobre este tema:

(1) China aspira a equilibrar las fuerzas nucleares de los EE. UU.

(2) se está convirtiendo en una amenaza para La India, Japón, Filipinas, Australia, Corea del Sur, todos aliados cercanos de los Estados Norteamericanos hasta que llegó el Sr. Trump con sus aranceles y

(3) en el futuro inmediato serán tres las potencias nucleares; Estados Unidos, Rusia y China.

Cuatro días después de la visita del Presidente norteamericano, llegó a China Vladimir Putin en su visita número 25. La cooperación entre los dos países es amplia y diversificada. Destaca la próxima inversión en un segundo gasoducto que ha sido planeado durante veinte años. Rusia necesita sustituir el gas que ya no le vende a Europa, y China necesita depender menos de los energéticos que vienen del Golfo Pérsico, actualmente bloqueados. El gasoducto llevará hasta 50 mil millones de metros cúbicos de gas anuales desde los yacimientos árticos de Yamal en Siberia hasta China a través de Mongolia, con una longitud de unos 2.600 kilómetros.

Finalmente, la pregunta queda en el aire: ¿las relaciones entre los EE. UU. y China llevarán a una nueva y peligrosa Guerra Fría, o podrán construir una especie de entente que no ponga en peligra la estabilidad económica y política mundial?

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