"Los amigos se cuentan siempre dos veces: en las buenas para ver cuántos son y en las malas para ver cuántos quedan"
-anónimo


Se cierran fronteras, se limita el uso del espacio aéreo, se implementan toques de queda y cuarentenas obligatorias; así han reaccionado muchos países del mundo para aplanar la curva de la pandemia que representa COVID-19.

Cada país está en su derecho soberano de implementar las medidas que considere apropiadas para atender su situación nacional, pero el efecto colateral está presente: permanecen miles de ciudadanos extranjeros varados en distintas partes del mundo. En el caso de México, la Cancillería y su red consular llevan semanas haciendo todo tipo de gestiones para facilitar la repatriación de mexicanos; al 12 de abril se ha apoyado el retorno a casa de 9,090 connacionales. No obstante el gran esfuerzo, según registros, aún permanecen varados 2,797 mexicanos más.

Ya desde la etapa inicial de la pandemia, se recomendó a los connacionales limitar sus viajes y, para quienes ya se encontraban en el exterior, tomar las precauciones para asegurar su retorno a casa. La red consular se aprestó para facilitar gestiones con aerolíneas nacionales y extranjeras así como alojamientos para cambiar boletos, fechas, rutas en las condiciones menos onerosas para nuestros nacionales.

Conforme se cerraban fronteras y las aerolíneas comerciales cancelaban sus vuelos, la Cancillería y el Instituto Nacional de Migración trabajaron conjuntamente para organizar y cubrir costos de vuelos charters, de carácter humanitario, para lograr la repatriación. Por citar un ejemplo, hacia Perú –uno de los casos más apremiantes en todo el mundo- se realizaron seis vuelos humanitarios para repatriar a más de 700 personas. Conforme la logística se complicó, el Gobierno de México –en cumplimiento de instrucción Presidencial- echó mano de la Fuerza Aérea para habilitar vuelos en misión especial de carácter humanitario para traer de vuelta a connacionales sobre todo desde aquéllos países donde había un número importante de mexicanos. Tal fue el caso de los tres vuelos a Argentina desde donde se devolvieron 340 personas.

Sin duda se trata de un esfuerzo titánico y ningún país podría hacerlo sin el apoyo de sus socios de la comunidad internacional; aquí es donde se valoran las buenas relaciones y el manejo diplomático para solucionar situaciones urgentes.

México encontró el respaldo oportuno de sus pares latinoamericanos. Ninguno de los vuelos humanitarios hubiera sido posible sin el apoyo y coordinación con los respectivos países. Esta cooperación se representa de distintas formas, destacan:

1) Permisos-

Cada operativo requiere autorizaciones para sobrevuelos y uso de espacio aéreo que está limitado o restringido. Asimismo, el traslado de terrestre de connacionales requiere el trámite de exenciones en la forma de salvoconductos para navegar entre las cuarentenas y toques de queda, con limitaciones inclusive para encontrar medios de transporte locales.

2) Coordinación logística-

Es necesaria con autoridades de aviación civil o militar, servicios migratorios, de sanidad y de las fuerzas del orden para que un operativo cumpla con su misión. Desde luego, el apoyo en el terreno de las embajadas y consulados de los países involucrados es esencial para la movilización de las personas y agilización de trámites. Basta ver la impresionante coordinación logística que supuso el operativo conjunto entre México, Argentina, Chile y Uruguay que se realizó entre el 11 y el 13 de abril y que benefició a 386 nacionales de estos países.

3) Repatriaciones mutuas-

Quizás este es el aspecto más sobresaliente. Cuando se organiza un vuelo humanitario a determinado país, sería un desperdicio que éste despegara vacío. Por ello, el gobierno de México ha apoyado la repatriación de argentinos, chilenos, ecuatorianos, peruanos y uruguayos en cada vuelo humanitario, y de igual forma, Ecuador, Perú y Uruguay han apoyado el retorno de mexicanos en sus vuelos humanitarios para repatriar a sus nacionales varados.

Pese a los esfuerzos, difícilmente cualquier país del mundo podrá atender a la totalidad de sus connacionales. Conforme avanza la pandemia, cada vez hay menor margen de maniobra y las restricciones complican las de por sí limitadas capacidades. En México la fase 3 es inminente y los recursos humanos, logísticos y financieros deberán enfocarse en resguardar la integridad y seguridad del país y sus habitantes. Por si fuera poco, en estas circunstancias, la movilización de aeronaves enfrenta costos cada vez más prohibitivos.

El panorama es extremadamente complicado, y los gobiernos del mundo tarde o temprano llegaremos a la conclusión de que siempre habrá mayor demanda y necesidades, que las capacidades reales para atenderlas todas de la manera ideal. En algunos casos, los mexicanos al igual que otros extranjeros en terceros países no solo están varados, sino literalmente atrapados por las medidas impuestas por tales gobiernos. En otros casos se trata de nacionales ubicados en países o regiones demasiado remotas y de difícil conexión. Aunque se solucionó en localidades como Ushuaia, Argentina –a más de 3,000 km de Buenos Aires-, la mayoría de las veces no ha sido posible la evacuación.

Sobra decir que todas las Embajadas y Consulados mexicanos seguirán desplegando su mayor esfuerzo de asistencia y protección consular para quienes tengan que guardar la cuarentena en el extranjero. Cierro estas líneas con un reconocimiento amplio a mujeres y hombres del Servicio Exterior Mexicano y funcionarios de la SRE, con quienes he laborado en este año y cinco meses, por el empeño y dedicación mostrados a lo largo de esta crisis siempre buscando soluciones a los problemas pese a las limitadas opciones.


Subsecretario para América Latina y el Caribe. SRE

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