Un evento deportivo como un mundial de fútbol no se da en el vacío. Si bien en el origen de estas competencias internacionales está el espíritu de cooperación entre los países, eso no es siempre lo que sucede. En efecto, las palomas de la paz y los cantos a la unidad del mundo suelen coronar las inauguraciones y clausuras de eventos como los Juegos Olímpicos o las copas mundiales de fútbol. “Somos uno”, cantaba Pitbull hace algunos años, “un amor, una vida, un mundo”. Y sí, queremos creer que este tipo de competencias promueven la paz entre las naciones. Sin embargo, no es un tema simple. Por ejemplo, el movimiento olimpista moderno, concebido por el Barón de Coubertin, en numerosas ocasiones se ha visto irremediablemente entretejido con los factores que mueven la política internacional, por lo que sus ideales de diálogo y armonía global no siempre han sido alcanzados. De hecho, hay autores que sostienen que competencias como el mundial de fútbol no hacen sino exacerbar los nacionalismos y la agresión que estos pueden producir. Ello, sin embargo, no descalifica al deporte en sí mismo como herramienta para construir la paz. La cuestión es distinguir entre estos eventos deportivos como espectáculos y el deporte en tanto actividad física y social. Ahora que inicia este nuevo mundial, echemos un vistazo a ambos temas.
Primero, las competencias internacionales como el mundial de fútbol o los Juegos Olímpicos no se limitan a lo deportivo. Están rodeadas de factores políticos, económicos y mediáticos, entre muchos otros. Yo no puedo olvidar cómo resonaba el grito argentino de “Las Mal-vi-nas son ar-gen-ti-nas” en el Estadio Azteca aquel 1986 en que Maradona metía el gol de “la mano de Dios” y luego el gol del siglo contra los ingleses, en una victoria cargada de emoción y sentido de revancha. Y es que no, un partido de fútbol no es siempre solo un partido de fútbol. Así que hoy, 2026, vale la pena mirar el mundo en el que este evento se gesta:
No estamos en un momento de paz en el planeta. Acaba de publicarse el Índice de Paz Global por parte del Instituto para la Economía y la Paz, y lo que describe es, esencialmente, un deterioro continuo de la situación de la paz mundial, impulsado por el aumento de los conflictos, la militarización y sus impactos económicos. Al mismo tiempo, los conflictos se extienden regionalmente mediante mecanismos materiales, así como por relaciones y circunstancias que los condicionan. La inteligencia artificial está acelerando la transformación de la guerra, con drones y sistemas autónomos que incrementan los riesgos de escalada, las amenazas nucleares y las vulnerabilidades cibernéticas, señala el IEP.
Este mundo, en el que tenemos 135 conflictos armados activos (según el IISS), en los que participan 59 países y gobiernos, es el mundo en el que se gesta un evento deportivo como el que inició esta semana. Esto es imposible de ignorar, puesto que varios de esos 59 países son justamente protagonistas de los partidos que veremos. Así que es natural que, cuando a un árbitro somalí se le impide la entrada a Estados Unidos por ser percibido como un agente de riesgo; cuando Irán elige alojarse en México, aunque sus partidos se jueguen en Estados Unidos, en medio de una confrontación activa con ese país; y cuando la inauguración del mundial es precedida por amenazas de escalada precisamente de ese conflicto, resulte imposible desligarse del contexto global en el que esta copa mundial está siendo disputada.
Sin embargo, hay otro ángulo desde el cual este tema debe abordarse. Existe abundante investigación que ha mostrado que deportes como el fútbol pueden ser utilizados como herramientas de base para la construcción de paz, asumiendo que se diseñen los programas adecuados y que estos sean implementados con monitoreo eficiente por especialistas en el área. De otro modo, pueden exacerbar emociones e identidades negativas que superen los beneficios que aportan.
Los estudios muestran que el deporte: (a) proporciona un lenguaje sencillo que facilita la intercomunicación entre los actores; (b) tiende a promover el respeto por los oponentes y la justicia, valores inherentes a la competencia deportiva; (c) es igualitario, dado que en los equipos pueden competir personas de distintos estratos sociales, religiones, grupos étnicos o culturales; (d) en sí mismo, como actividad física y social, es apolítico por naturaleza; (e) permite encuentros en territorio neutral, allanando el camino para posibles reconciliaciones futuras; (f) favorece una confrontación que se desarrolla bajo reglas claras dentro de un espacio delimitado que normalmente privilegia el juego justo; (g) ha mostrado ser una herramienta eficaz para canalizar la agresión de formas no violentas; y (h) constituye también un campo fértil para la capacitación en la democracia. Hay reportes que muestran que el deporte tiene un efecto psicológico positivo que puede incluir la superación de traumas y la recomposición hacia una vida mentalmente más sana (Ver Wright, 2009; SDC, 2005; Nanayakkara et al., 2010; Reid, 2006).
Con todo, los reportes también advierten contra la tentación de sobrestimar la capacidad del deporte para fomentar estados pacíficos. Existen instancias en las que se manifiestan efectos psicológicos negativos de estas actividades. Además, la labor deportiva puede sucumbir ante las tentaciones políticas o las relaciones de poder subyacentes en las sociedades. Es necesario entender que este tema no puede verse como una panacea absoluta para la construcción de paz y el desarrollo.
En todo caso, el deporte no es sino un factor más que interactúa con una serie de subsistemas tanto en el ámbito local como en el internacional. Pensarlo como una herramienta de construcción de paz, con todas las consideraciones arriba indicadas, no es equivocado. No obstante, una copa mundial de fútbol, por más que deseáramos cantar a la paz y a la unidad del mundo, está enormemente cargada por el contexto global que se vive. El reto está en trabajar sobre ese contexto y no esperar que un espectáculo deportivo produzca por sí mismo la paz que las sociedades y los estados no han sido capaces de construir.
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