El contexto es un mundo en desorden, en el que el sistema de arreglos, instituciones y leyes internacionales se encuentra profundamente erosionado, y en el que una economía híper globalizada, altamente dependiente de cadenas de suministro, puertos, rutas, posiciones y pasos estratégicos, resulta extremadamente vulnerable ante cuellos de botella geopolíticos que otorgan enorme poder a quien puede controlarlos. La economía global lo está experimentando hoy con el Estrecho de Ormuz y la falta del 20% de la energía que la mueve. Pero cerca de ahí se encuentra otro estrecho: Bab el Mandeb, que conecta Asia con el Mar Rojo y el Mediterráneo. Ese solo punto geográfico enlaza los conflictos de Yemen, Irán, Somalia, Sudán, Etiopía e incluso Gaza. Todo lo que ha sucedido ahí desde al menos 2023 exhibe buena parte de lo que señalo y podría resultar crucial ahora mismo si la guerra en Irán vuelve a escalar. Van algunas notas al respecto.
1. Cada uno de los conflictos que menciono arriba obedece a factores y dinámicas propias. En este espacio hemos hablado de ellos por separado. La cuestión es que, tal como sucedió con Siria o Libia, por poner dos ejemplos, en muchos de esos conflictos los factores meramente locales terminan entretejiéndose con dinámicas regionales e incluso globales. Esto involucra a potencias que pelean entre sí, pero a través de terceros, lo que vuelve mucho más compleja la pacificación de los enfrentamientos, pues requiere entender y considerar los intereses de esos poderosos actores externos que alimentan el conflicto.
2. Cuando Hamás y la Jihad Islámica —actores aliados de Irán— lanzan sus ataques contra Israel en 2023, esperaban que todo el eje proiraní se sumara a la ofensiva. No todos los aliados de Irán respondieron con el nivel o la intensidad de ataques que Hamás hubiese esperado, pero sí decidieron atacar a Israel. Uno de esos actores es el grupo de los houthies, rebeldes yemeníes aliados de Irán, quienes desde 2014 sostienen un conflicto armado contra el gobierno internacionalmente reconocido de Yemen, apoyado por Arabia Saudita y otros aliados.
3. Pasa que ese grupo controla justamente el estrecho de Bab el Mandeb que señalo arriba y, desde 2023 en adelante, nos mostró lo que puede suceder con un cruce tan importante. Debemos partir de que por ahí circula aproximadamente el 15% del comercio global y que por esa zona se mueve también cerca del 17% de la información global a través de cables submarinos. Por ese punto geográfico transita buena parte de las mercancías, productos e insumos que vienen desde Asia rumbo a Europa y que buscan entrar al Mediterráneo a través del Mar Rojo y el Canal de Suez, en Egipto. Los houthies decidieron emplear esa ventaja geográfica para generar presión contra Israel.
4. Además de lanzar misiles balísticos y drones desde Yemen contra Israel, los houthies informaron que atacarían cualquier embarcación que tuviese algún vínculo con ese país. Primero se fueron sobre varias embarcaciones comerciales con cualquier tipo de lazo con Israel, pero posteriormente expandieron sus ataques hacia embarcaciones asociadas con Occidente en general.
5. Lo que lograron los houthies en ese momento fue producir una percepción extendida de peligro y riesgo. Los precios de los seguros para la transportación se elevaron. Las navieras decidieron evitar esa ruta, añadiendo semanas al envío de mercancías e insumos hacia Europa. Esto, además de elevar los costos de los fletes, produjo escasez y disrupciones en la navegación comercial.
6. Estados Unidos—todavía con Biden al cargo—y varios de sus aliados, como Reino Unido, decidieron intervenir y lanzaron sus primeros ataques contra los houthies. Israel también atacó puertos e instalaciones clave de esta agrupación. Pero la realidad es que no consiguieron disuadir a los houthies de continuar con sus tácticas. Más adelante, ya con Trump en la Casa Blanca, Washington inició una campaña mucho más fuerte contra esta agrupación. Sin embargo, desde entonces el Pentágono advirtió a Trump que estaban destinando arsenal y recursos a una zona no prioritaria. La voz de Vance y de varios sectores del grupo MAGA se hizo escuchar: esa región del mundo debería ser protegida por Europa, no por Estados Unidos, que tenía otro tipo de prioridades, como América Latina o el Indo-Pacífico. Finalmente, Trump decidió desescalar y llegó a un endeble acuerdo con los houthies, quienes se comprometieron a “no atacar embarcaciones relacionadas con EU”, aunque dejaron claro que no dejarían de atacar a Israel o a intereses vinculados con ese país.
7. Lo sucedido con este tema desde 2023 puso los ojos de varios actores regionales y globales en ese punto geográfico concreto. Israel decidió que no podía quedar fuera de ese teatro y comenzó a coordinar sus esfuerzos con actores de la región. Entre otras cosas, optó por reconocer a Somalilandia, un territorio que se autodeclaró independiente de Somalia en 1991 tras el colapso del Estado somalí. Con ello, Israel se convirtió en el único miembro de Naciones Unidas que hoy reconoce a ese territorio separatista, lo que, como era de esperarse, ya está derivando en una cooperación militar que tiende a crecer. Debemos esperar que, con este movimiento, Israel busque una base militar, justo ahí, en el Cuerno de África, en las cercanías de Yemen y Bab el Mandeb, frente a los houthies y desde una posición geoestratégica crucial.
8. Pero ese no es el único tema. Muy cerca de ahí tiene lugar el conflicto de Sudán, del que en este espacio hemos escrito ampliamente. Basta observar un mapa para dimensionar la relevancia geográfica de Sudán, precisamente a un paso de la zona que describo: acceso a costas, puertos y recursos en un punto clave entre África, el mundo árabe y las rutas comerciales globales.
9. La posición geográfica privilegiada de Sudán, sumada a su importancia política, ha atraído intereses de distinta índole. Actores regionales como Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU) o Irán han tejido vínculos, en distintos momentos, con diversos actores sudaneses. En el pasado, Sudán fue un eslabón clave en el tráfico de armas de Irán hacia Gaza, lo que motivó ataques israelíes contra instalaciones en su territorio. Más adelante, la administración Trump contempló a Sudán dentro de los procesos de normalización con Israel a cambio de retirarlo de la lista de patrocinadores del terrorismo, un proceso que quedó estancado tras el golpe de Estado de 2021.
10. En el actual conflicto entre Abdel Fatah al-Burhan, líder del ejército sudanés (SAF) y el general Hamdan, líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), se observaron varios alineamientos relevantes. Arabia Saudita y EAU formaron parte del denominado “Quad”, junto con Estados Unidos y Reino Unido, activo en las negociaciones para una transición que debía desembocar en un gobierno civil. Pero al mismo tiempo, EAU desarrolló una relación económica y política estrecha con Hamdan, interesándose en el potencial alimentario del país y, sobre todo, en la industria aurífera controlada por las RSF, que venden oro a compradores de Rusia y Medio Oriente, incluido Abu Dabi. Combatientes sudaneses de las RSF participaron incluso en la guerra de Yemen del lado de la coalición respaldada por EAU.
11. Egipto, en contraste, ha apoyado al ejército sudanés y a Burhan, a quien considera un socio estratégico. Buena parte del liderazgo militar sudanés recibió formación en Egipto, y la cooperación bilateral se intensificó en el contexto de las tensiones con Etiopía por la represa de al-Nahda y el control del caudal del Nilo. En 2023, las RSF llegaron incluso a detener a soldados egipcios en Sudán, ante el temor de una intervención directa, lo que evidenció el riesgo de una escalada regional. Hubo también reportes sobre el respaldo del mariscal Khalifa Haftar, desde Libia, a las fuerzas de Hamdan.
12. Hacia 2026, sin embargo, la tensión más visible es la competencia estratégica entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Ambos países respaldan a bandos rivales y utilizan la guerra civil sudanesa como escenario de proyección de poder. Mientras EAU continúa apoyando a Hamdan, quien controla rutas de contrabando y el comercio del oro, Riad busca preservar un Estado formal con el cual negociar estabilidad, seguridad en el Mar Rojo y control de rutas marítimas estratégicas.
13. Como dije, el oro se ha vuelto un factor crucial en todo esto. La guerra en ese país está empujando a miles de personas hacia la minería informal como mecanismo de supervivencia ante el colapso económico, el aumento de precios, los apagones y la crisis agrícola. En regiones del norte de Sudán, muchos agricultores han abandonado el campo para incorporarse a actividades mineras altamente precarias y peligrosas, mientras el oro se convierte cada vez más en un combustible financiero del conflicto entre el ejército sudanés y las RSF. Según expertos de la ONU, buena parte de ese oro es extraído y traficado ilegalmente para financiar a actores armados, profundizando así un círculo en el que economía de guerra, colapso estatal y supervivencia social terminan completamente entrelazados (Africa News, 2026).
14. Pero las alianzas actuales entre potencias no se limitan al factor oro. Hace apenas unas semanas, el ejército sudanés de Burhan acusó a Emiratos y a Etiopía de lanzar drones contra Jartum, la capital sudanesa, y respondió atacando con drones territorio etíope. Según diversos reportes, EAU está trazando nuevas rutas para el tráfico de armas hacia el actor que Abu Dabi respalda—las RSF—y además está contribuyendo al entrenamiento de combatientes en Etiopía.
15. Sumemos a ello que los intereses de Israel y los de EAU se encuentran cada vez más cerca; que Israel ha contribuido a la defensa de Emiratos tras los ataques de Irán contra ese país; y que ambos están buscando posicionarse de manera más firme en las zonas aledañas al Mar Rojo y al estrecho que conecta ese mar con el Golfo de Adén.
16. Por si lo anterior no bastara, los intereses de las superpotencias también están bien posicionados en esta región. Primero, el respaldo del grupo Wagner de contratistas militares privados rusos se volcó sobre Hamdan y sus RSF. Pero después, el Kremlin recalculó. En febrero de 2025, el gobierno militar de Sudán confirmó que había alcanzado un acuerdo con Rusia para permitir la construcción de una base naval rusa en Port Sudan, justo ahí, sobre el Mar Rojo. El tema es que esa decisión generó fuerte preocupación en Washington, debido al temor de que Rusia ampliara significativamente su presencia militar en África y en una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Posteriormente, hace justo un año, las RSF atacaron Port Sudan con drones durante una semana, y Jartum acusó a EAU de estar detrás de esos ataques, los cuales exhibieron los riesgos que enfrentaría la construcción de la base rusa.
17. Ya para diciembre del año pasado, se supo que Trump y su administración se opusieron activamente al establecimiento de dicha base naval rusa en Port Sudan. Washington advirtió a las SAF y a Burhan que avanzar con el acuerdo para esa base en el Mar Rojo desencadenaría “serias consecuencias”, incluyendo la imposición de sanciones estadounidenses contra cualquier entidad o individuo involucrado. Al final, el proyecto fue suspendido.
En suma, lo que podemos ver es que esa zona geográfica del mundo está siendo altamente disputada, y solo hace falta mirar un mapa para entender por qué, en el contexto cada vez más anárquico que vive el planeta, varios actores buscan hacerse de posiciones estratégicas. En este caso, además, el estrecho de Bab el Mandeb podría volverse todavía más relevante si el conflicto entre EU e Israel contra Irán volviera a escalar. Los houthies ya se sumaron a esta guerra lanzando misiles contra Israel, y podrían terminar convenciéndose de que deben apoyar a sus aliados iraníes bloqueando una vez más el paso de las embarcaciones por el estrecho que controlan.
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