Ha llegado el Día D Económico, la nueva alternativa que Washington encontró para intentar doblegar a Irán, después de que sus otras opciones han sido insuficientes no solo para hacer que el régimen iraní colapse, sino para impactar su cálculo en temas centrales como sus proyectos nuclear y de misiles o, a partir de esta nueva guerra, el Estrecho de Ormuz. Al establecer estas nuevas medidas, EU reconoce que prefiere no reanudar las hostilidades a gran escala y que, en cambio, apuesta por medidas quirúrgicamente diseñadas para golpear aún más a una ya muy afectada economía iraní. La apuesta central, por tanto, está en producir presiones políticas internas en Irán. Bajo esa teoría, esta presión generada desde adentro sería la que terminaría por “aplastar al régimen”, en palabras de funcionarios de EU, o bien, al menos, forzar negociaciones que hasta ahora han sido incapaces de garantizar siquiera la apertura del corredor por donde, hasta antes de la guerra, pasaba el 20% de la energía mundial. ¿Qué hay detrás de la decisión de Trump, qué respuestas podemos esperar por parte de Irán, y de qué factores depende la eficacia de la nueva estrategia estadounidense?
1. Primero que nada, es importante regresar al punto en donde este último capítulo de la confrontación entre Washington y Teherán inició. Hacia fines de diciembre de 2025 e inicios de 2026, Irán experimentó las manifestaciones más numerosas y extendidas de las que tengamos registro desde la fundación de la República Islámica. Irán vivía una multicrisis simultánea: el colapso de su moneda, el cierre de negocios, una crisis de agua, una crisis de energía y todo ello bajo el contexto de una crisis de legitimidad que llevaba muchos años construyéndose.
2. Ese es el punto en el que Trump afirmó que Washington estaba lista para defender a los ciudadanos iraníes y que EU atacaría al régimen si éste asesinaba manifestantes, como lo había hecho en otras ocasiones. “La ayuda va en camino”, declaró el presidente.
3. La historia posterior es ya conocida. Las metas de Trump pasaron velozmente de producir un colapso del régimeno generar—como se había logrado en Venezuela unas semanas atrás—condiciones para que emergiera un nuevo gobierno dócil y colaborativo con Washington, hacia metas más acotadas, como afectar los proyectos nuclear, de misiles y drones iraníes,o eliminar la aviación y la fuerza naval de Irán. Posteriormente, se anunciaba que solo bastaba con negociar el proyecto nuclear de manera suficiente como para que Irán no produjera nunca una bomba atómica. Y luego, el foco se trasladó casi exclusivamente a la apertura del Estrecho de Ormuz,la nueva arma que el régimen iraní encontró para pelear eficazmente su guerra asimétrica contra Washington.
4. Lo que tenemos que entender, sin embargo, es que ninguno de esos objetivos ha sido conseguidoni por la vía de una guerra a gran escala, ni por la vía de un bloqueo naval de los puertos iraníes, ni tampoco por la vía diplomática. Lo que se ha producido, en cambio, es un endurecimiento y una solidificación de un régimen que desconfía brutalmente de Trump y de lo que Israel y EU puedan hacer en el futuro. Y desde la visión de este sector más endurecido del régimen, esta guerra continuará por mucho tiempo más, por lo que no hay alternativa sino seguir preparándose para más enfrentamientos.
5. No obstante, si hacemos un análisis de toda esta historia, el punto más débil en el que el régimen llegó a ubicarse, los momentos que de verdad lo pusieron a temblar y lo pusieron en verdadero riesgo de sobrevivir, fueron las protestas masivas del pasado enero.La guerra produjo el efecto contrario. A pesar del asesinato del líder supremo y de todo su círculo, y de buena parte de los mandos iraníes, la verdad es que el enemigo externo terminó por solidificar el control del régimen.
6. La apuesta estadounidense, por tanto, es esta: si se estructura un nuevo esquema de sanciones que golpee no tanto a Irán, sino a todo el ecosistema que permite que Irán sobreviva económicamente,las nuevas afectaciones serán tales que no habrá forma de que no se produzcan nuevamente presiones políticas internas. Primero, entre los distintos sectores de la dirigencia iraní; y segundo, entre la propia población. Bajo esa lógica, estas presiones son las que harán el trabajo que no han conseguido hacer Washington e Israel. El elemento central serán las sanciones secundarias contra terceros países y empresas que hoy hacen negocios con Irán.
Algunos factores que deberemos estar observando
1. Primer factor: será necesario observar lo que Irán hará como respuesta ante las sanciones.Hasta ahora, la táctica central empleada por Irán para su defensa ha sido lo que se conoce como “triangulación coercitiva”, es decir, hacer pagar a terceros países por los golpes efectuados contra Teherán y conseguir con ello elevar el costo de las acciones de Washington e Israel. Una especie de “me atacan a mí, y yo ataco a todos los que pueda”. Esta táctica ha sido eficaz para producir múltiples efectos psicológicos y simbólicos, pero también financieros, económicos y, por tanto, políticos, no solo en la región, sino incluso en el seno de la sociedad estadounidense—muy mayoritariamente opuesta a esta guerra—en pleno año electoral.
Así que es probable que Irán mantenga ese guiony que sus respuestas incluyan un incremento de sus ataques contra países de la región, o incluso más allá de la zona, contra infraestructura energética y contra embarcaciones, con tal de seguir provocando disrupciones a la economía global.
2. Segundo factor: Irán podría intentar traducir la decisión de Washington de trasladar el enfrentamiento hacia la arena económica, regresándolo justamente de vuelta a la arena militar, una arena en la que EU por ahora se siente incómodo. No olvidemos que Irán está leyendo con claridad las señales de que Washington no desea continuar las hostilidades. No solo se trata de declaraciones, sino de los múltiples reportes que hablan de cómo el arsenal estadounidense y su capacidad defensiva se han estrechado, de casos como la crisis de salud mental en el portaaviones Lincoln, o ahora mismo, de la decisión de cancelar ejercicios militares anfibios con Corea del Sur alegando limitaciones de recursos derivadas de su guerra en Medio Oriente. Pero lo más importante de todo es que Irán ha entendido y jugado con la poca tolerancia que tiene no solo Trump, sino la mayor parte de la sociedad estadounidense para resistir un conflicto prolongado. Regresar el foco hacia el campo de las hostilidades sería seguir manipulando los eventos con el propósito de generar presiones sobre Trump.
3. Tercer factor: la forma como reaccionarán terceros países, especialmente China, que es el principal cliente de Irán.En el pasado, Beijing ha optado muchas veces por desconocer o evadir las sanciones contra Teherán. Pero, especialmente hace unos meses, Xi ordenó a las empresas chinas ignorar las sanciones estadounidenses contra Teherán. Por tanto, si ahora Beijing fuese objeto directo de sanciones secundarias por parte de Washington, Xi tiene múltiples vías para responder. Esto podría terminar afectando las relaciones entre ambas superpotencias justo cuando están buscando administrarlas. Sin embargo, también hay que considerar que Xi podría optar por esperar, usando sus reservas energéticas y reduciendo por ahora sus compras de petróleo iraní.
4. Cuarto factor: la evasión de sanciones.A pesar de que EU anuncia que habrá un monitoreo sin igual contra la “flota fantasma” de Irán, hoy en día asumir que las sanciones tienen efectos absolutos solo por su implementación o por los anuncios que se hacen es entender solo una parte de la historia. Las vías que Irán, y muchos otros países, han desarrollado para evadir sanciones son múltiples, sofisticadas, y, por lo pronto, atenuarán el impacto de las mismas, aunque desconocemos los posibles efectos en el largo plazo.
5. Al final, la pregunta que deberá orientar el análisis es hasta qué punto el balance entre las afectaciones que Irán reciba y los costos que Irán consiga elevarterminará o no por impactar el cálculo y la toma de decisiones, sobre todo de la línea más dura en Teherán, aquellos que realmente detentan el poder en el país. Esto dependerá no solo de qué tanto se pudiera prolongar la situación y el deterioro de la economía iraní, sino de qué tanto el régimen sea capaz de contener las presiones sociales y políticas que se produciránvis-à-vis qué tanto pueda Trump tolerar y sostenerpolíticamente los costos de sus decisiones, que seguramente también se seguirán incrementando con el tiempo. Tendremos que seguirlo observando.
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