Es difícil reseñar el libro de un amigo. Lo es porque si de por sí la objetividad es algo difícil de alcanzar en la vida en general, lo es más cuando uno no lee realmente lo escrito, sino que lo escucha. Eso pasa cuando leemos a las personas que conocemos: no las leemos, no sólo pasamos la vista sobre esos símbolos conexos que forman palabras, enunciados, frases; sino que los escuchamos. Su voz se mete en nuestra cabeza, les ponemos un lugar al lado de donde los leemos y los vemos contarnos la historia. También, tratamos afanosamente de conectar su relato con la propia vida de quien escribe. Como lo conocemos tan bien —o eso creemos— tratamos de ver a qué experiencia quiere dar forma, si tenemos alguna idea de a qué suceso de su vida referencia en tal o cual pasaje, cuánto hay de suyo —y, por tanto, algo también de nosotros— en ese texto que leemos.

Eso me pasa cuando leo a Gonzalo Sánchez de Tagle. Pero, en particular, en este libro de cuentos. Gonzalo es un ser de otra época, un híbrido, hijo lo mismo de Quetzalcoatl que de Zeus. Desde que lo conozco tiene esa cualidad metafísica, que despliega a sus anchas, sobre todo, en la conversación. Dueño de una memoria prodigiosa, tiene la habilidad de hipnotizar a sus interlocutores con historias y más historias. Mitos y leyendas reverberan de su mente y logra conectar distintas dimensiones a través de su imaginación. En alguna parte de su último libro (Principio, medio, fin) Valeria Luiselli dice que la ficción es el conector entre la memoria y la imaginación, es decir, entre el pasado y el futuro. Y eso es precisamente lo que Sánchez de Tagle hace cuando habla y, ahora, lo que logra con este magnífico libro de cuentos que desde su título invita al misterio y lectura: Tu cuerpo será nube.

Cada cuento es un universo donde Gonzalo muestra sus principales intereses y preguntas vitales. ¿Cómo morir? ¿La forma de morir dirá algo de nuestra vida? ¿Podemos, debemos, planear nuestra muerte? Toma a Empedocles y su muerte en el Etna para sumergirnos en la planeación de una muerte en el Popocatépetl. ¿Qué dicen los sueños de nosotros? ¿De dónde surgen los sueños? ¿cuánto de nuestros sueños tienen que ver con la vida? ¿Son los sueños una extensión de nuestra vida, es decir, son experiencias? Nos enseña una historia de alguien convencido de que los sueños son vida y la vida sueño es. Habla, también, sin tapujos de las venganzas, de cómo el odio habita en la propia vida, y vivir es hacernos cargo del odio que nos va a encontrar en nuestra propia muerte. Muestra a alguien obsesionado con sus dientes, como lo estamos hoy con el éxito, con el bienestar, con el cuerpo, con las mercancías. Tememos tanto la pérdida que optamos por la destrucción de lo natural y por el triste sucedáneo de lo artificial. Se lee que el dolor real es el que no vemos. El dolor invisible es el que nos carcome. Al final, moriremos no de cáncer, no de neumonía, no de sífilis. Moriremos siendo el festín de nuestros fantasmas. Vemos las dos muertes de Quetzalcoatl, el hombre que se hace dios y su corazón estrella, y la muerte de dios en manos de los hombres, corazón ya no estrella sino cruz. Se pregunta sobre el origen de todo lo que hay: ¿qué somos? ¿Y si somos tan sólo el resultado de un prolongado bostezo del creador? Me gusta la imagen: somos un bostezo, el resultado del aburrimiento, la pereza, la apatía. Reflexiona sobre las pasiones, sobre las condiciones del placer. Los sabios dicen que hay que domarlo, pero a veces es imposible. A veces, sólo somos en la tempestad.

De todo esto escribe Gonzalo Sánchez de Tagle. Uno aprende, reflexiona, se divierte durante su lectura. Pero a mí, lo que más me gusta del libro, es que es una forma de siempre conversar con mi amigo. Y vaya qué conversación. Lean el libro, se los recomiendo.

Cuenta de X: @MartinVivanco

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