Las elecciones de noviembre en EU podrían cambiar el rumbo del mundo. Si bien no tienen la magnitud de las intermedias de México (2027), en que se renovarán 17 gobiernos, 500 diputaciones federales y la mayoría de los congresos de las entidades federativas, incluidos más de 2000 cargos municipales, las alcaldías de la CDMX, pueden ser el fin de Míster Trump. En noviembre no estará en juego la presidencia todavía, pero sí la orientación de las políticas públicas y el equilibrio del sistema estadounidense.
Parecería que las elecciones mexicanas son más relevantes. En México, salvo algunos episodios de chiripa en que el hartazgo ciudadano le arrebate algunos cargos a Morena, no se vislumbra un cataclismo político. La oposición está sepultada, lo único es el ruido en la red.
En EU las elecciones legislativas sirven como termómetro presidencial durante los dos primeros años. Tradicionalmente el partido en el poder suele perder el Congreso. En noviembre se renovará la Cámara de Representantes (435 integrantes) y el Senado parcialmente. Se elegirán algunos gobernadores, legislaturas estatales y autoridades locales. La importancia es que el Congreso tiene facultades relevantes: creación y aprobación de leyes, asignación de recursos presupuestales, supervisión de la administración y ratificación de múltiples nombramientos del Ejecutivo. Un cambio en la composición del Congreso cambiaría el rumbo político. Un triunfo demócrata cancelaría proyectos trumpistas y modificaría la política internacional.
Las elecciones intermedias son algo más que una elección legislativa. Significan una consulta nacional sobre el desempeño de Míster Trump. Son un indicador adelantado de la elección presidencial siguiente. Se juega la muerte política de Trump o la subsistencia de MAGA. Las elecciones de noviembre afectan a la ciudadanía estadounidense, pero también a los mercados y gobiernos del mundo entero.
Para México las elecciones estadounidenses son muy relevantes debido al alto grado de integración económica y comercial, así como la interdependencia social de ambos países. Estados Unidos es el principal socio comercial de México y destino de cerca del 80 por ciento de sus exportaciones mexicanas. Cualquier cambio en la composición del Congreso estadounidense puede tener efectos directos sobre la economía mexicana. El resultado es una señal temprana y el anticipo del tono que le espera a México.
La mexicana siempre ha sido con quien nos iría mejor, si con melón o con sandía. En migración los demócratas apoyan políticas menos restrictivas. Los republicanos impulsan controles más estrictos y destinan mayores recursos para vigilancia de la frontera. En economía los demócratas favorecen una relación más predecible, aunque también han sido exigentes en temas laborales, ambientales y energéticos. Los republicanos, en términos generales, favorecen menores impuestos y menos regulación, lo que ciertos sectores empresariales mexicanos consideran positivo para la inversión y el crecimiento del comercio bilateral. Sin olvidar que también en el GOP existen corrientes más proteccionistas que han cuestionado acuerdos comerciales y presionan a México.
La pregunta relevante no es tanto si con melón o con sandía, sino qué grupo dentro de cada partido domina la agenda y cuáles son las prioridades de la relación bilateral. Importante labor para la diplomacia mexicana que tendrá que demostrar si el temor generalizado de su improvisación es real o si tendrán la dudosa fortaleza y tamaños necesarios para negociar con el vecino. Por cierto y hablando de soberanía, históricamente en el mundo, los cancilleres no visitan a los embajadores extranjeros.
Profesor de la UNAM
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