Un tsunami ha pasado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y arrastró a una de las figuras principales a suceder al actual presidente Arturo Zaldívar: la ministra Yasmín Esquivel, quien junto con Loretta Ortiz son vistas como las más plegadas al gobierno federal y en especial al presidente Andrés Manuel López Obrador.

El presunto plagio de su tesis de licenciatura ha puesto a Esquivel en un posible punto de no retorno en su intento por ser la nueva presidenta de la Corte. Aunque se rumoró que ya tenía los cuatro votos necesarios para suceder a Zaldívar, la revelación —que no puede entenderse como una simple casualidad— terminaría por descarrilarla.

El beneficiado más visible es el otro ministro fuerte que compite con Esquivel: Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, quien a su vez tiene el apoyo de Zaldívar y de Juan Luis González Alcántara. Se dice que también el del exconsejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer.

La caída de Esquivel, sin embargo, también podría cambiar el tablero. Los votos “amarrados” que supuestamente tenía no se irían de forma automática con Gutiérrez Ortiz Mena, sino quizá con otro ministro o ministra más neutral, como Javier Laynez, Margarita Ríos Farjat o Norma Piña, también metidos en la carrera.

El cargo de presidente de la Corte es relevante no solo por la interlocución con los otros Poderes de la Unión, sino porque preside a su vez el Consejo de la Judicatura Federal, es decir a los jueces, magistrados y todos los órganos de impartición de justicia y su presupuesto.

El hecho de que una ministra cercana al gobierno coordine el Poder de la Judicatura Federal y su presupuesto encendió la guerra dentro de la Corte. El problema para Esquivel fue que ni el presidente López Obrador ni el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, cabildearon a tiempo para evitar que “la sangre llegara al río”. Creyeron que con la simple operación de la ministra con sus pares era suficiente. Así no ha sucedido en otros sexenios. Ningún presidente se ha desentendido de esa importante votación.

Y pasó lo que pasó: la exhibición del supuesto plagio de su tesis de licenciatura, que Esquivel niega. Ayer la ministra salió a defenderse argumentando que fue ella la plagiada.

Esquivel niega los señalamientos de copiar el trabajo de Edgar Ulises Báez Gutiérrez, y asegura que fue al revés; el abogado en cuestión habría robado su proyecto “Inoperancia de los Sindicatos en los Trabajadores de Confianza del Artículo 123 Apartado A” debido a que Esquivel lo comenzó a redactar y revisar desde 1985, un año antes que la tesis de Báez. Eso denunció ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

Lo que sí llama la atención es que Edgar Ulises Báez no haya salido a pronunciar una sola palabra sobre el caso.

Sea como sea, Esquivel se ha convertido en blanco perfecto para los críticos del gobierno y del presidente —lo que es parte de la polarización que hay en el país, en buena medida promovida por AMLO—, y de quienes han visto afectados sus intereses por votaciones como la de la Ley de la Industria Eléctrica. Por cierto, el voto clave para que esta ley no se declarara inconstitucional fue el de Gutiérrez Ortiz Mena.

Pocas veces en la historia de la Corte había corrido tanta sangre de cara a una elección. Las acusaciones contra Esquivel difícilmente terminarán por sacarla de la SCJN (habrá que esperar el resultado de las investigaciones), pero sí del sueño de la presidencia. Muy revelador será ver el sentido de los votos de los ministros y ministras este próximo lunes 2 de enero.

@MarioMal

Google News

TEMAS RELACIONADOS