Hasta lo que va del mundial de futbol en México, hemos sido testigos de algunas lecciones, especialmente en el ámbito social, que muestran a una sociedad mexicana efervescente y deseosa de destacar, no sólo en el futbol, sino en el desarrollo mismo del país, pues está harta de la violencia, el chantaje y la corrupción como formas cotidianas de vida.

La sociedad mexicana se sabe grandiosa, esplendorosa, heredera de un pasado e historia sinigual que enamora a propios y extraños; con un presente envidiable, en el que todos quieren vivir su experiencia; y un futuro, sin embargo, incierto al que no sabe cómo arribar y disfrutar. Sabe que está cerca, pero no se atreve a brincar, a dar el paso siguiente. Y si el gobierno o el estado no le ayudan, no quiere o no puede acompañar en ese esfuerzo, estoy seguro de que la propia sociedad lo hará sola, incluso rebasando por la izquierda.

La primera lección: la sociedad mexicana quiere trascender y encuentra en el futbol su motivación. Quiere ser campeona, pero en el fondo sabe que será suficiente con llegar al quinto o sexto partido. Existe unidad y consenso en ello, y ahí están las muestras extraordinarias de solidaridad espontánea en las calles, en las plazas, en los monumentos, en los parques de toda la ciudad y de todo el país, donde sus habitantes -vestidos de verde, cual leales soldados- salieron decididos a ganar su partido. Sin miedo a los violentos de la CNTE, a los del “bloque negro”, de los transportistas y, especialmente, de algunos medios de comunicación que, con mentiras y tinta roja, querían que le fuera mal a México.

La segunda lección. Se equivocaron todos los violentos y a regañadientes tuvieron que reconocer, aún en sus noticieros y portadas, que la inauguración del mundial fue todo un éxito y que México lució y es grande con sus danzantes prehispánicos, sus Manás, sus Salmas, sus Lilas, sus Alejandros y sus Ángeles Azules, que dieron gran realce a la ceremonia. Incluso la decisión de la presidenta Sheinbaum de no asistir a ella fue reconocida por la mayoría. No sé si se pusieron de acuerdo para no ir, pero, al final, Infantino, el presidente de la FIFA, se quedó solo, esperando a Claudia, Trump y Mark en las ceremonias respectivas, como si supieran que pronto, Infantino, será desenmascarado como el gran farsante de la paz, el estafador del futbol y el mayor defensor de los intereses comerciales, que pronto acabarán con el futbol, si las federaciones no se oponen.

La tercera lección es precisamente de la FIFA, que ha cambiado su enfoque, fundamentalmente futbolístico, a uno meramente mercantil, comercial y global, donde lo que importa son las ganancias de las empresas socias. Lo que Infantino llama inclusión -de 32 equipos a 48- no es más que más partidos, más comerciales, más ganancias y, paradójicamente, menos futbol. Peor aún es la amenaza de incrementar a 60 equipos en el futuro, donde, de alguna manera quiere el pase automático de los chinos e indios, a fin de contar con miles de millones más de clientes. El primer golpe ya lo vimos ahora: comerciales a mitad de cada tiempo, que seguramente valen millones de dólares.

La cuarta lección es -de nuevo- sobre los violentos en México, cuyo discurso se vio mezquino, cobarde y rebasado por la realidad de una sociedad valiente, que los hizo ver entre traidores, anquilosados y listos para ser reciclados por el camión de la historia, pues ya no checan en el nuevo y vibrante México. Y han sido varios los avisos enviados por esta tolerante sociedad mexicana, en el sentido de si ni el gobierno, ni el estado pueden con los violentos, la sociedad lo hará, pues la pasividad y la inacción ya no es alternativa.

Si el gobierno de la 4T no quiere ser rebasada, debe encontrar una nueva metodología de acción y atención de las demandas sociales que eviten protestas, plantones y chantajes; de terminar con la violencia de las marchas y protestas, pues nada la justifica; de garantizar el libre tránsito del transporte público -incluso en marchas-; de blindar las casetas de cobro en las carreteras de todo el país; además de reorganizar el comercio callejero, que invade calles, avenidas, parques y monumentos. La sociedad mexicana no puede ser rehén de los violentos.

Y no se necesita reprimir, simplemente aplicar la ley -tal como se hace en las inmediaciones del estadio de la ciudad de México- y el principio de que, una vez encauzadas las demandas, la protesta se evita, se suspende o termina. No todas las protestas tienen causa.

Finalmente, la quinta y trascendental lección es un poco lo que mencionó la presidenta Sheinbaum, en el sentido de que todo aquel que deseé que le vaya mal a México, va a fracasar. Y ese -en mi opinión- tiene que ser el nuevo paradigma de México: que al que actúe mal, le vaya mal y al que actúe bien le vaya bien. Pareciera que siempre ha sido al revés y que siempre el pillo, el corrupto, el tramposo, el asesino se ha salido con la suya, precisamente porque la inacción de los gobiernos o, peor aún, del estado, dejó que tales comportamientos se volvieran normales.

Esa es la gran diferencia con los países desarrollados, donde la gran mayoría sigue las reglas en cualquier circunstancia y, generalmente, le va bien, precisamente porque la sociedad ha alcanzado el equilibrio en todos sentidos. Si México quiere ser un país desarrollado, debe cambiar de paradigma.

Venimos de un pasado reciente donde todo se distorsionaba, se alteraba, se irrespetaba, se corrompía y donde el estado y gobierno no hicieron nada al respecto. Eso mismo puede pasar ahora si realmente no cambiamos de paradigma, si no se gobierna de verdad, si no castigamos a los violentos, a los corruptos, si no ordenamos a una sociedad caótica, principal causa del mal humor de los mexicanos.

El mundial de futbol en México es una oportunidad no sólo para mostrar nuestra grandeza, nuestro vibrante presente, sino nuestro compromiso con un México sin violencia y sin violentos, y de un gobierno que entiende y defiende el nuevo paradigma con la ley en la mano. Si no entendemos eso, el mundial solo quedará en anécdotas y bonitos colores.

Mario Alberto Puga

Politólogo (UAM) y exdiplomático

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