La democracia mexicana no se está deteriorando en abstracto; de hecho, ha ocasionado un cambio de régimen, posiblemente el más importante en los últimos cien años. Su debilitamiento ya tocó la vida económica del país. No se trata solo de un problema político, institucional o jurídico. La erosión de los contrapesos, del Estado de derecho y de la confianza en las reglas, deprimió la inversión desde 2024. Todo ello también tuvo consecuencias en el crecimiento y las expectativas de lo que viene.
Esa conexión aparece con claridad al leer en conjunto dos diagnósticos recientes: el reporte de Varieties of Democracy, V-Dem, y la última encuesta de expectativas de especialistas del sector privado publicada por el Banco de México (Banxico).
En el umbral de la autocracia
El reporte más reciente de V-Dem, publicado en 2026, ofrece una lectura preocupante sobre el estado de la democracia en el mundo. Analizó 202 países y territorios en 2025. Su conclusión principal es que la autocratización continúa avanzando y que el mundo atraviesa un deterioro democrático profundo, tanto por el aumento del número de autocracias, como por el debilitamiento interno de muchas democracias. De acuerdo con el reporte, en 2025 el mundo contaba con 87 democracias y 92 autocracias. Además, 74% de la población mundial vive ya bajo algún tipo de régimen autocrático, frente a solo 26% que vive en democracias.
Lamentablemente, V-Dem ubica a México entre los 44 países que atraviesan un proceso de autocratización. El diagnóstico es severo. V-Dem clasificó a nuestro país como autocracia electoral. Esto significa que las elecciones pueden ocurrir, pero en un entorno con instituciones democráticas debilitadas, con menos contrapesos operando y con menor capacidad para limitar al poder.
La diferencia entre los índices de V-Dem ayuda a entenderlo. El Electoral Democracy Index (EDI) mide la calidad de la democracia electoral: si hay elecciones libres, limpias y competitivas. El Liberal Democracy Index (LDI) mide algo más exigente: si el poder que surge de las urnas está limitado por jueces independientes, Congreso funcional, Estado de derecho, libertades civiles como la libertad de expresión y asociación y derechos efectivos, así como la participación de las organizaciones civiles en la vida pública.
México tuvo un resultado más alto en la dimensión electoral que en la liberal. En otras palabras, la organización interpretó que el país conserva elecciones, pero el poder que surge de ellas enfrenta cada vez menos límites.
Coincide la visión del sector privado en México
El sector privado parece estar leyendo una realidad similar —que México ha sufrido un deterioro institucional—, aunque desde otro lenguaje. En la “Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado: junio 2026” publicada por Banxico, los encuestados identifican la gobernanza como el principal conjunto de factores que puede obstaculizar el crecimiento económico. Cuando se les pregunta por los factores específicos y por los obstáculos para hacer negocios, aparecen problemas de inseguridad pública, falta de Estado de derecho, corrupción e impunidad y debilidad de las finanzas públicas y corrupción. En casi todos estos indicadores, percibieron peores condiciones institucionales en junio de 2026 frente a junio de 2025.
La coincidencia es importante. V-Dem observa deterioro democrático; los analistas económicos perciben erosión en las condiciones para crecer e invertir debido a una marcada disfuncionalidad institucional. No son dos fenómenos separados. Son dos formas de describir el mismo problema: México está perdiendo calidad institucional. Al ver los datos de inversión en México lo que podemos decir es que esa erosión institucional ya no genera la confianza suficiente para invertir.
La economía necesita recuperar algo que perdió: la previsibilidad y calidad de las reglas del juego. Necesita tribunales independientes, autoridades confiables, contratos que se cumplan, competencia efectiva, seguridad, controles al poder y certidumbre sobre el futuro. Cuando esas condiciones se debilitan, la inversión se vuelve más cautelosa, el crecimiento se deprime, se debilita el erario y el país desaprovecha oportunidades que hoy deberían estar a su favor.
Del nearshoring al friendshoring
México tiene ventajas evidentes: cercanía con Estados Unidos, una red exportadora robusta, integración comercial, talento, mercado interno y una posición privilegiada frente al reordenamiento de cadenas globales. Pero esas ventajas no bastan si el entorno institucional se vuelve incierto.
Estamos migrando hacia un modelo basado en la resiliencia y la seguridad económica. Hoy la prioridad es la confianza en las relaciones comerciales. La disrupción en las cadenas globales que el mundo ha enfrentado desde 2009 por distintas crisis y guerras —crisis financiera de 2009, pandemia, crisis climática, guerras— ha puesto en marcha nuevos criterios comerciales, los cuáles están buscando controlar los riesgos que la globalización descuidó.
El friendshoring —producir con socios de confianza— exige tres condiciones ineludibles: alineación política, estabilidad institucional y reglas similares entre los socios comerciales. Los países piensan dos veces en dónde invertir, para evitar los efectos nocivos de cualquier crisis. Entonces la estabilidad jurídica y la certeza institucional son dos pilares que sostienen esa confianza y sobre los que se construye cualquier economía que aspire a crecer en este entorno de fragmentación geopolítica.
Señales de alerta
Por eso es tan preocupante el deterioro institucional de México, que obviamente ya ha derivado en la actual falta de definición práctica del T-MEC. El tamaño del desafío es mayúsculo; no es sólo una depresión económica coyuntural. Quizá se trata del cambio político-institucional más importante que ha vivido México en un siglo. No porque haya desaparecido la democracia de un día para otro, sino porque se está transformando desde dentro. Las instituciones conservan sus nombres, las elecciones continúan, los gobiernos invocan su legitimidad popular, pero los contrapesos pierden fuerza, las reglas se vuelven menos confiables y las instituciones operan distinto.
Ese cambio tiene costos económicos. Cuando las decisiones públicas dependen cada vez más de la voluntad política que de reglas estables, la economía pierde dinamismo. La incertidumbre se vuelve un impuesto invisible sobre la inversión.
El país enfrenta una paradoja dolorosa. Tiene oportunidades extraordinarias, pero está debilitando las condiciones internas necesarias para aprovecharlas. Puede atraer inversión pero no está aprovechando su potencial porque genera dudas sobre su viabilidad o calidad institucional. Puede presumir estabilidad macroeconómica el día de hoy, pero erosiona los fundamentos institucionales que sostienen la confianza de largo plazo.
La advertencia de V-Dem y la preocupación del sector privado ayudan a entender el tamaño del desafío: el deterioro institucional ha debilitado el funcionamiento de los mercados y ello ya está pasando factura: baja inversión y crecimiento. Si seguimos socavando las bases democráticas seguiremos destruyendo al mercado que contribuye en gran medida al desarrollo. La historia no nos recordará por lo que pudimos ser, sino por la oportunidad que dejamos perder.
Directora de México Evalúa. @Mariana_C_V

