El Gobierno se sostiene de la recaudación tributaria. De cada 10 pesos que ingresa, nueve provienen de nuestros impuestos. Para ser más precisos, casi seis pesos de cada 10 provienen en exclusiva del Impuesto Sobre la Renta (ISR), que es hoy la principal fuente de ingresos del Estado mexicano.
El ISR se cobra sobre los ingresos de las empresas y el sueldo de los trabajadores. Es decir, sobre las utilidades que genera la actividad productiva y los salarios de los empleos formales. De ahí que su evolución funcione como un termómetro de la economía formal.
Cuando la economía se desacelera, la recaudación del ISR retrocede, y la capacidad del Estado para garantizar el bienestar se reduce. Por eso, lo ocurrido en el primer semestre de 2026 merece una mirada atenta.
En más de dos décadas, sólo hemos acumulado cinco semestres en terreno negativo: 2009 (-10.4%), 2014 (-0.2%), 2021 (-0.9%), 2024 (-0.4%) y este primer semestre de 2026 con una caída real anual de 6.2%. Nótese que tres de estas cinco caídas sucedieron en los últimos cinco años. Más grave aún: este primer semestre de 2026 fue el segundo peor desempeño de la recaudación del ISR en 26 años. Sólo el desplome de 2009, en medio de la crisis financiera global, lo superó.
Las utilidades empresariales se comprimen
Este descalabro de 6.2% no es una sorpresa. En el primer trimestre de este mismo año, el ISR ya había reportado una pérdida, impulsada principalmente por la debilidad de la recaudación del ISR empresarial, que cayó 11.8% frente al mismo periodo de 2025. En términos absolutos, son 61.4 mil millones de pesos que dejaron de llegar a las arcas públicas. Se trata de recursos que podrían haber ido a salud, seguridad o educación.
En contraparte, las retenciones de nómina —es decir, el ISR que las empresas descuentan directamente de los salarios de los trabajadores formales— alcanzaron 392.6 mil millones de pesos, con un crecimiento anual de 7.4%. Esto revela que, aunque las empresas reportaron menores utilidades, mantuvieron plantillas activas y, en muchos casos, salarios nominales intactos o crecientes.
Aquí está la clave: las utilidades empresariales se comprimen y generan menos impuestos, pero han logrado mantener el empleo. El empleo formal está sosteniendo la recaudación. Las empresas ganan menos, pero los trabajadores aportan más.
La gran interrogante es cuánto podrá mantenerse este equilibrio forzado, porque el empleo formal no existe sin empresas formales que lo sostengan.
El riesgo de que el amortiguador salarial se agote
Hoy, las nóminas actúan como colchón frente a la debilidad en la renta de las empresas. Sin embargo, la resistencia del empleo formal no es infinita. Si los márgenes empresariales siguen ajustándose, veremos mayor generación de empleo informal y hasta pérdida de empleo formal y un escenario menos propicio para la inversión que tanto urge, que tanto invocamos.
Menos inversión hoy significa menor capacidad productiva mañana y, por ende, una base gravable más reducida en el futuro.
Si la caída de la rentabilidad frena la inversión y el crecimiento, y con el tiempo debilita también el empleo formal, la Secretaría de Hacienda podría enfrentarse a un doble golpe: una caída del ISR empresarial y del ISR salarial. Lo que hoy es una contracción históricamente excepcional se convertiría entonces en un problema fiscal de largo aliento.
¿El preludio de cambios profundos que conviene anticipar?
La caída del ISR en 2026 es un síntoma más de la debilidad económica. Para el Gobierno, esto exige atender las señales que envía la base productiva antes de que el deterioro se extienda. Para la ciudadanía, el mensaje es igual de importante: cuando las empresas dejan de generar utilidades, su primera reacción no es despedir de inmediato, sino congelar contrataciones, reducir aumentos o frenar inversiones. Si la presión persiste, el ajuste terminará por llegar al empleo y a los salarios.
Dicho de otro modo, aunque hoy tu nómina sea la que está sosteniendo los ingresos del Estado, tu propia estabilidad laboral y tu capacidad de ingreso dependen directamente de que las empresas puedan recuperar su rentabilidad.
La historia fiscal de México nos dice que caídas tan pronunciadas como la de 2026 son poco frecuentes, pero cuando ocurren, pueden ser el preludio de cambios profundos que conviene analizar y en su caso anticipar antes de que sea demasiado tarde.
Directora general de México Evalúa. @mariana_c_v

