Desde hace algunos años se ha hecho más visible la violencia hacia las mujeres dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): acoso laboral, sexual, hostigamiento, violaciones, feminicidios, por mencionar algunos. Visibilización realizada por la comunidad de las preparatorias, colegios, escuelas, y facultades, irrumpiendo así la “normalidad” que se pretendió imponer en la vida universitaria.

Esta “normalidad” se incubó en un ambiente antidemocrático, con grupos de poder enquistados y totalmente ajenos a lo que sucedía con las y los universitarios, una burocracia que hace a placer lo que decide en escuelas y facultades, con mecanismos que excluyen constantemente, de la toma de decisiones, a sus estudiantes y académicos.

Desde la primera Asamblea Interuniversitaria de Mujeres en marzo de 2018, ya se demandaba la atención en casos de violencia de género y acciones concretas para combatirla. A casi dos años de este llamado reiterado que ha condensado en un paro indefinido desde noviembre de 2019 en la Facultad de Filosofía y la preparatoria 9, a tres semanas de iniciado el semestre escolar, más de una decena de escuelas se han sumado a esta exigencia, con un horizonte al que se pueden sumar más; resulta claro que desde rectoría hasta las direcciones de cada plantel, no dieron atención oportuna a las demandas, y eso es hoy, parte del problema.

De acuerdo a cifras presentadas por la Unidad para la Atención y Seguimiento de Denuncias dentro de la UNAM (UNAD) y la Oficina de la Abogada General (OAG). En el Informe sobre la implementación del protocolo para la atención de casos de violencia de género, de junio 2018 a junio 2019, se presentaron 437 denuncias, de las cuales el 99.3% fueron realizadas por mujeres y el 94.3 % de “las personas presuntas agresoras” fueron hombres. Con base al tipo de violencia, el 70.9% fue sexual (clasificada por abuso sexual (25.9%); acoso sexual (24.1%) y hostigamiento sexual (23.4%)); el 43.8% violencia psicológica (insultos (22.5 %), humillaciones (18.6%) y amenazas (18.3%)); 23.2% violencia física; 11.7%; acoso y 8% violencia patrimonial. (https://bit.ly/37qBVJq)

Los cambios en la legislación universitaria (reforma a los artículo 95 y 99 del Estatuto General de la UNAM) para reconocer la violencia de género como una falta grave que se aprobó el día 12 de Febrero por el Consejo Universitario, es solo un paso, es el instrumento legal para atender y sancionar las denuncias, pero la pieza clave es la transformación de esas relaciones entre las y los universitarios para ir construyendo un espacio educativo sin violencia de género. Soluciones reales demandan cambios reales que involucren a la comunidad universitaria.

Atendiendo al contexto actual coincidimos con voces que señalan que “el reto es construir desde adentro y desde abajo, con una Universidad que tenga suficiente independencia para intervenir en la transformación de la sociedad” (Ordorika, La Octava, 28/02/2020). En julio de 2018 un sector importante manifestó la urgencia de un cambio de rumbo en el país, la UNAM no puede quedarse atrás, necesita transformarse, empezando por su democratización, atendiendo con seriedad la violencia de género, esos son hoy elementos centrales para abonar a la estabilidad de nuestra institución.



Profesoras de la Facultad de Economía.
Integrantes del Centro de Análisis de Coyuntura
Económica, Política y Social, CACEPS.​​​​​​​

caceps@ gmail.com

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