Abrazo solidario a familiares y amigos de Íñigo Arenas, que pronto encuentren consuelo y paz.

El año pasado en el Paris Bar de la colonia Juárez en la Ciudad de México, a Beto (nombre ficticio) le vaciaron sus tarjetas de crédito y lo mandaron a su casa en taxi. La esposa al verlo notó un comportamiento extraño. Tenía razón, lo habían drogado, no tenía ninguna voluntad sobre sus actos. Al despertar seguía con enormes lagunas de lo sucedido durante la noche; recordaba la comida de amigos, pero no lo sucedido después de las 9 pm que abordó un Uber para que lo llevara a su casa, a donde llegó cinco horas después. Tuvo la valentía de denunciar, hablar de las escasas imágenes de las horas que estuvo retenido en el antro, mencionó que recordaba mujeres a su alrededor y botellas, pero no mucho más. Al día de hoy, sigue sin ser detenido el chofer que lo condujo al antro, y el establecimiento sigue abierto.

Muchos de quienes visitan un antro saben que conseguir droga es tan sencillo como pedir más hielos. Ahora, además, cada día es más común que meseros y choferes pongan droga a las bebidas pues han creado redes criminales que se dedicar a robar, violar y extorsionar.

Hasta donde se sabe, hay dos drogas que utilizan estos criminales, gotas para los ojos que contienen Clonazepam y que ingeridas ocasionan desvanecimiento, y Escopolamine, una droga que provoca sumisión química, es decir anula la voluntad, pero la persona sigue respondiendo a los estímulos externos. Entonces los criminales aprovechan la seminconsciencia para hacer con la persona lo que les viene en gana sin necesidad de forzarlos.

Íñigo fue víctima de este modus operandi. La desaparición del empresario a las 2:40 am del domingo después de salir del antro República en Polanco provocó la movilización de amigos y familiares en redes sociales. Pero desgraciadamente por la noche se enteraron de que murió alrededor de las 6:30am en el antro Black Royce en Naucalpan.

Quienes lo conocieron pasaron de la sorpresa por su desaparición, al dolor de saber que estaba muerto y a la indignación por la forma como los dueños de ambos antros y las autoridades manipularon y falsearon la información. De forma deleznable revictimizaron a Íñigo y a su familia.

Después de 3 días de filtrar información confusa, el jueves la Fiscalía del Edomex sacó un comunicado donde indica que en el antro Black Royce Iñigo fue intoxicado con droga que deliberadamente pusieron en su bebida, lo que, combinado con el alcohol, lo mató. Es decir, lo asesinaron.

Es una buena noticia que avance la investigación en el Edomex, pero eso no evitará que las redes criminales en los antros en la CDMX dejen de operar. Muchos testimonios de clientes que terminaron en lugares como el Black Royce mencionan que los drogaron adentro de los antros, los sacaron y afuera “los tarjetearon” ofreciendo llevarlos a seguir la fiesta. Entonces cerrar un espacio no termina con las redes criminales afuera de antros de Polanco y otras zonas de la ciudad. La Fiscalía y las alcaldías tienen que dejar de dar la espalda y actuar.

Muchos se preguntan si es tan común, ¿por qué no hay denuncias formales? las víctimas tienen miedo porque los criminales se quedaron con mucha de su información; por vergüenza o temor a que no les crean ni sus familiares, ya que es difícil para quienes no conocen estas drogas creer que alguien terminó en un antro con mujeres, o tuvo relaciones íntimas sin que haya sido su voluntad hacerlo o incluso porque algunos siguen siendo víctimas de la extorsión o, simplemente, como en el caso de Beto, la autoridad no tiene la voluntad o las herramientas para detener a toda la red.

La familia de Iñigo merece justicia, que las autoridades dejen de dar la espalda y cerrar los ojos a un tema que sigue cobrando víctimas.

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