“Un puñado de tiranos está destrozando al mundo” —Papa León XIV, 2026

El conflicto como estrategia es el uso deliberado del mismo para generar cambios, negociar mejores condiciones, influir en decisiones o fortalecer posiciones. Con ello se obliga a una respuesta o solución y se rompe el statu quo. Sin embargo, no todo conflicto estratégico es positivo. Mal implementado puede provocar desgaste, ruptura de relaciones y escalamientos innecesarios.

Si el conflicto como estrategia por parte del presidente Trump para controlar el relato y así avanzar en el objetivo de posicionar una victoria de los Estados Unidos frente a Irán, el resultado ha sido adverso a lo pronosticado.

La polarización para consolidar apoyo terminó por descarrilarse al incorporar en su torbellino de incontinencia verbal a un actor como el Papa León XIV.

Las palabras del Sumo Pontífice pronunciadas hace unos días que provocaron la ira del magnate estadunidense sobre “la idolatría de uno mismo y del dinero”, la “exhibición de la fuerza” y sobre todo su llamado directo sin cortapisas a “..¡Basta ya de la guerra!” durante la vigilia de la oración en la Basílica de San Pedro, exhibieron ante el mundo —que observa con preocupación la volatilidad geopolítica que ha generado el conflicto en Medio Oriente— el nulo control emocional del presidente Donald Trump, que es absolutamente clave para posicionar un relato que no se impone solo con datos sino con percepción, credibilidad y emoción.

Las palabras directas del Vicario de Cristo en la Tierra y cuya autoridad se extiende a más de mil cuatrocientos millones de católicos en el mundo retumbaron en el ánimo presidencial estadounidense, que no está pasando su mejor momento, y cuya reacción visceral contra el pastor supremo de la fe no tuvo fondos en el banco internacional de los ánimos, no sólo católicos sino de diversas religiones, amén de los actores con los cuales Estados Unidos ha tenido fricciones por la aventura bélica contra Irán.

La cascada de insultos contra León XIV abrió un frente innecesario en la agenda geopolítica de Trump, generando un consenso alrededor de la simbólica figura papal.

Y la historia reciente muestra que, en la Casa Blanca al perder credibilidad y la capacidad de incidir en los temas centrales del debate público, el margen de maniobra estratégico tiende a desplazarse de un control proactivo hacia una lógica reactiva. En este contexto, la disminución de eficacia comunicativa incentiva la adopción de tácticas más confrontativas como la escalación en la beligerancia discursiva y política para incrementar la polarización y la percepción de riesgo. Bajo esa lógica y en la antesala de la revisión del T-MEC con la visita de Jamieson Greer, Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), al país en los próximos días, aumenta la probabilidad de posturas más rígidas y presiones unilaterales.

A la mezcla de volatilidad bilateral, el timing del viaje de Sheinbaum a Barcelona calificándolo como “un encuentro por la paz en el mundo”, puede ser reinterpretado por un Trump que presenta episodios de desregulación emocional, politizando el gesto diplomático mexicano y simplificando la agenda en una dicotomía fácilmente comunicable.

La gestión de este encuadre no es menor pues en el entorno de creciente tensión geopolítica donde el conflicto se instrumentaliza como recurso de poder, Sheinbaum deberá tener la capacidad de navegar por el caos empujado en una coyuntura de gran incertidumbre.

@GomezZalce

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