El consumo de sustancias psicoactivas en México es un problema complejo de salud pública, seguridad, desigualdad social y derechos humanos. En este sentido, las encuestas nacionales elaboradas sobre drogas, alcohol y tabaco son instrumentos fundamentales para comprender la magnitud del fenómeno y orientar la acción gubernamental al respecto.
En nuestro país las autoridades realizan la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT); las últimas fueron elaboradas en 2016-2017 y 2025. Estos ejercicios exponen cambios relevantes en los patrones de consumo, así como el enfoque en que las autoridades y la sociedad mexicana miden y enfrentan el problema.
Durante mi gestión como Comisionado Nacional contra las Adicciones elaboramos la encuesta 2016-2017, cuyo propósito fue estimar la prevalencia del consumo de sustancias en la población de 12 a 65 años. En su metodología, la población objetivo fueron personas residentes en viviendas particulares; la aplicamos a nivel nacional, regional y estatal, entre junio y octubre de 2016. La muestra final incluyó 56 mil 877 entrevistas, de las cuales 12 mil 440 correspondieron a adolescentes y 44 mil 437 a personas adultas.
La ENCODAT 2025 incluyó temas en torno a las nuevas dinámicas de consumo. Se elaboró a nivel nacional, regional y por tipo de localidad. A diferencia de la realizada en 2016, se aplicó a un menor número de personas. El reporte ejecutivo de la realizada en 2025 señala que la muestra incluyó sólo a 3 mil 847 adolescentes y 15 mil 353 adultos, es decir, 19 mil 200 cuestionarios, en un rango de edades de 18 a 65 años y de 12 a 17, “cuando fue posible”, refiere la metodología oficial.
Respecto a los resultados, la comparación de ambas encuestas revela un panorama complejo, que debemos abordar con cautela. Refiero aquí algunos datos:
En la población general de 12 a 65 años, la prevalencia en 2016 respecto a 2025, en el consumo de drogas ilegales usadas alguna vez en la vida, aumentó de 9.9 por ciento a 13.1 por ciento. El cannabis se mantuvo como la sustancia ilegal más consumida y pasó de 8.6 por ciento a 12 por ciento en el mismo periodo.
También hubo incrementos en el uso de estimulantes tipo alucinógenos y anfetamínico. En la población adulta, el consumo de drogas ilegales usadas alguna vez, aumentó de 10.6 por ciento a 14.6 por ciento, esto es, un crecimiento relevante tanto en hombres como en mujeres. El dato destaca porque revela que el problema no se concentra únicamente entre jóvenes, sino que se expande entre personas adultas, al encontrarse un contexto de mayor disponibilidad.
El consumo de alcohol en adolescentes, por el contrario, mostró una reducción en el último año bajando de 28 por ciento a 17.8 por ciento. Estos resultados pueden interpretarse como señales positivas, pero, reitero, deben ser analizados con cautela. El alcohol es aún la sustancia de mayor consumo en México. En la población general, dicho consumo pasó de 71 por ciento a 73.7 por ciento. Aunque el aumento general parece moderado, el cambio por género es relevante: en mujeres adultas el consumo aumentó de 62.6 por ciento a 69.3 por ciento. Este dato obliga a revisar políticas públicas que históricamente han tratado el consumo problemático como un fenómeno predominantemente masculino. Dicho resultado revela la necesidad de establecer servicios de prevención y tratamiento con perspectiva de género, a fin de atender factores como violencia, sobrecarga de cuidados y estigma.
Respecto al tabaco, el panorama también es cambiante. El tabaquismo tradicional muestra signos de disminución, pero el uso de cigarros electrónicos y vapeadores aumentó, como lo expresé en mi artículo “Vapeadores: riesgos y realidad” (03-12-25), publicado en esta casa editorial.
La ENCODAT 2025 identifica este fenómeno como un desafío emergente, especialmente entre adolescentes y jóvenes. La política pública mexicana ha avanzado en restricciones al tabaco, espacios libres de humo y regulación de publicidad; sin embargo, el mercado de vapeadores plantea retos regulatorios, sanitarios y de comunicación. La prohibición o restricción por sí sola no basta si no se acompaña de vigilancia, información clara, prevención escolar, atención temprana y estrategias digitales dirigidas a los jóvenes.
Considero que metodológicamente, ambas encuestas comparten una base común. No obstante, es relevante destacar que la ENCODAT 2016-2017 tuvo una muestra mayor y representatividad estatal, lo cual favorece diagnósticos territoriales más detallados. En tanto, la ENCODAT 2025 priorizó representatividad nacional y regional, incorporó dispositivos electrónicos de recolección, nuevas variables y una lectura entre consumo de sustancias y salud mental. En el análisis de los resultados entre ambas, ciertos cambios pueden estar influidos por diferencias en cuestionarios, cobertura, tamaño muestral y la categorización de sustancias.
El panorama actual del consumo de drogas en México exige evaluar las políticas públicas implementadas.
Observo cuatro principales retos para las autoridades: primero, sostener la reducción del consumo adolescente sin ignorar el aumento del consumo adulto. Segundo, atender el crecimiento del consumo en mujeres con servicios sensibles al género. Tercero, responder al aumento del cannabis, estimulantes, alucinógenos y drogas médicas fuera de prescripción. Cuarto, regular eficazmente los vapeadores y nuevos productos de nicotina sin perder de vista la reducción de daños. Las políticas públicas en esta materia deben observar y atender estos fenómenos.
El consumo de drogas requiere una estrategia de salud pública basada en evidencia que permita la prevención temprana, incluya la educación socioemocional, el acceso oportuno a tratamiento, la reducción de daños, el control de mercados ilícitos y la regulación sanitaria de productos legales o emergentes.
Es indispensable fortalecer la red de atención primaria y especializada, reducir el estigma hacia quienes consumen sustancias y garantizar que los datos de encuestas como la ENCODAT se traduzcan en presupuesto, servicios y evaluación de resultados. Debemos ser responsables en la elaboración de políticas públicas y lograr que la medición estadística deje de ser un diagnóstico aislado para convertirlo en una herramienta que ayude a proteger la salud en México.
Excomisionado nacional de Seguridad y excomisionado nacional contra las adicciones
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