El gran reto del siglo XXI en salud pública: las enfermedades crónicas

Malaquías López y Kenneth Thorpe

A poco más de tres meses del primer registro de COVID-19 en México, nos enfrentamos a uno de los más grandes retos de salud en la historia del país. Reportes clínicos han demostrado que las personas que sufren de enfermedades crónicas tienen un mayor riesgo de que los síntomas y efectos de COVID-19 se agraven. Al mismo tiempo, su prevalencia genera un impacto sustancial en los gastos del sector de salud pública, así como en los gastos de los pacientes que padecen tales enfermedades como diabetes, hipertensión y obesidad mórbida. En México, las enfermedades crónicas representan 7 de las 10 principales causas de muerte[1], siendo la diabetes y las enfermedades cardiovasculares las más relevantes.

Recientemente la UNAM, con el apoyo de PFCD [2], realizó un estudio titulado “La diabetes tipo 2 en México: Mortalidad y la situación actual”, en el cual se confirma que México tiene la mortalidad por Dt2 más alta en el mundo. Para comprender esta aserción, es importante observar las rutas de diagnóstico y tratamiento de los pacientes, mismos que dan evidencias de la severidad del padecimiento. Si bien es importante hacer visible la existencia y la seriedad de esta enfermedad, es aún más significativo crear conciencia de la urgencia de acciones preventivas y no correctivas.

En el país hay una relación directa entre el nivel de desarrollo social y económico y el comportamiento de la mortalidad. En general, las entidades del país con mayor desarrollo son las que ya muestran un descenso en el padecimiento de Dt2, mientras que las tendencias de incremento sostenido corresponden a los estados con menor nivel socio-económico. Los datos arrojados en el estudio muestran esta mejora, sin embargo, es necesario enfocar esfuerzos en términos de prevención y detección, dado que el 25% de diabéticos no son diagnosticados[3].

Ante el contexto de la pandemia actual, la diabetes duplica el riesgo de hospitalización y triplica el riesgo de muerte. En México, el 17% de los pacientes con COVID-19 tienen diabetes, y el 38% de los fallecidos también padecía esta enfermedad[4]. Por esta razón es más relevante que nunca proveer información oportuna y detallada a los pacientes. Por ejemplo, en los anuncios del gobierno sobre los síntomas del COVID-19 es importante recalcar el riesgo que tienen los pacientes con enfermedades crónicas, dado que esas personas corren un mayor riesgo de presentar complicaciones.

La pandemia nos está enseñando la necesidad de actualizar y afinar los protocolos para proporcionar atención a personas con enfermedades crónicas y las comorbilidades que esto conlleva. La salud pública está en juego y su futuro es incierto, esta emergencia sanitaria nos brinda la oportunidad de fortalecer y establecer nuevas políticas públicas y/o legislación; su revisión beneficiaría las rutas clínicas y tratamientos adecuados, y su influencia sobre la salud de los pacientes, además de reducir el impacto económico para el Estado y los ciudadanos. Hoy es un gran momento para afrontar este reto, un reto que ha colocado a las enfermedades crónicas como las causantes de la muerte de miles de mexicanos cada año.

Dr. Malaquías López - Profesor de Salud Pública en la Facultad de Medicina en la UNAM y Dr. Kenneth Thorpe, presidente de PFCD

[1] Webinar presentado por la UNAM y PFCD, “Mortalidad temprana por diabetes mellitus tipo 2 en CDMX y su factor de riesgo ante la pandemia Covid-19”

[2] Partnership to Fight Chronic Disease, o La Asociación para la Lucha contra las Enfermedades Crónicas

[3] El creciente aumento de las enfermedades crónicas en México, PFCD

[4] Covid-19 México, Gobierno Federal
 

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