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Políticas violentadas, testimonios contra la cobardía (I)

Maite Azuela

“Le hice saber que era notorio cómo le molestaban mis posturas y respondió: ‘tus formas no me molestan, me encantan, me quiero acostar contigo’”

Senadora Josefina Vázquez Mota.

“La contienda interna en el PAN para la Presidencia de la República fue muy desigual, porque era claro que el presidente Felipe Calderón apoyaba a Ernesto Cordero, aunque decía que teníamos la cancha pareja. Un gobernador me invitó a su casa, pero me advirtieron, ‘dentro de la casa tú eres nuestra apuesta, pero afuera no, porque nos han pedido que el apoyo no sea para ti’. El día que gané la interna, recibí una llamada de Calderón, me preguntó cómo me había ido, le dije que había ganado en 25 estados; hubo un silencio del otro lado que me pareció eterno, escuché después su voz: ‘yo tengo otros datos, déjame checar con el otro equipo y te hablo más tarde’”.

Senadora Verónica Delgadillo.

“Es común y poco notorio que dices algo y lo minimizan, haces una propuesta y nadie reacciona, la repite tal cual un compañero hombre y se convierte en su idea con el apoyo de los demás. He recibido invitaciones a salir de hombres poderosos de la legislatura y del gobierno pasado, simulando cortesía, pero que en realidad son acoso. No puedes devolverles la agresión porque son políticos con los que vas a trabajar los siguientes tres años, pero debes poner un alto y responder con la educación de la que ellos carecen”.

Presidenta de la Cámara de Diputados, Dulce María Sauri

“Al paso del tiempo he construido una experiencia que me permite entender que la violencia política es lo que llamo ‘el referente masculino’: buscan quien es el hombre que me da instrucciones. Si eres casada suponen que el marido dice qué hacer y como. Si eres soltera, el hermano; Inconcebible para la opinión pública que una mujer decida sola. Es una forma de violencia pasiva, sutil pero muy discriminatoria, sin la idea de autonomía que a los hombres se les otorga en automático”.

Secretaria Nacional de Mujeres de Morena, Carol Arriaga.

“Es la primera vez que milito en un partido, mi carrera política inició como simpatizante del movimiento en 2006. En la medida que he crecido políticamente, la violencia ha incrementado. En una sesión de Comité Ejecutivo Nacional de MORENA, intervenía entre interrupciones y burlas; lo más agresivo es que cuando presenté una inconformidad para defender la selección adecuada de perfiles (no violentos, no deudores alimentarios) se molestaron. En otra sesión le hice saber a un integrante del Comité que era notorio cómo le molestaban mis posturas y me respondió: ‘tus formas no me molestan, me encantan, me quiero acostar contigo’”.

Secretaria Global de WiM, exdiputada y exsubsecretaria de Movilidad, Laura Ballesteros.

“Tengo historia de violencia que ha marcado de manera determinante mi carrera profesional, esto no es sólo una carrera política. Sufrí denostación pública siendo diputada del PAN, destitución sin previo aviso, violencia económica con respecto a las prerrogativas que me correspondían, (por no coincidir, por disputarle poder y visibilidad al coordinador parlamentario en turno). Recibí oferta de contender por otro partido y acepté, pero esperaban que me regresara a casa a lavar trastes, como ellos decían. Cuando renuncié al PAN, el entonces Presidente del partido me dijo: ‘¡Ay, Laura!, pues algo le hiciste al coordinador de bancada o algo no le hiciste”.

Estas piezas de los testimonios que levanté hablan por sí mismas. Quienes materializan leyes, políticas públicas y protocolos de género son justamente las mujeres en espacios políticos. La violencia política impide institucionalizar la lucha contra la violencia de género. En mi próxima columna compartiré más de sus experiencias y mi reflexión al respecto. Hoy dejo que sus palabras nos revelen la realidad.
 

@MaiteAzuela

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