Qué bueno que los mexicanos celebremos con fiesta, gritos y sombrerazos en el Ángel de la Independencia y en la Minerva, durante la fase de grupos. Sin embargo, la verdadera evaluación del equipo nacional apenas comienza.
Clasificar ya no representa una hazaña, en un Mundial donde prácticamente avanzan todos. Lo importante será ver qué sucede cuando enfrente a rivales de mayor jerarquía y en partidos donde realmente se juega el prestigio.
La ampliación del torneo ha transformado radicalmente la competencia. La FIFA parece haber tomado prestada la Liguilla del futbol mexicano, donde avanzan los primeros, los segundos y hasta los mejores terceros lugares.
El resultado es un torneo más largo, con más partidos y menos riesgo para las selecciones poderosas durante la primera fase.
Desde el punto de vista comercial, la FIFA ha conseguido un éxito rotundo. Con 104 partidos, estadios llenos y boletos a precios exorbitantes, el Mundial se ha convertido en un espectáculo de dimensiones nunca antes vistas.
El futbol dejó de ser únicamente un deporte, para convertirse en una gigantesca plataforma de entretenimiento y negocios.
Afortunadamente para México, el impacto económico, turístico y promocional ha sido muy positivo.
Millones de personas observan imágenes de nuestras ciudades, nuestros estadios y nuestra cultura.
Por unas semanas, el Mundial ha logrado proyectar una imagen distinta del país y ha dejado en segundo plano muchas de las noticias que habitualmente dominan los titulares.
Mientras el futbol acapara la atención mundial, el tenis enfrenta una noticia preocupante: Wimbledon se jugará sin una de sus grandes figuras, Carlos Alcaraz.
Diversos medios de comunicación españoles han informado sobre la lesión en la muñeca derecha que obligará al joven tenista a perderse el torneo más prestigioso del mundo.
Se trata de una ausencia importante para un jugador que, a sus 23 años de edad, ya suma siete títulos en certámenes del Grand Slam y parecía destinado a dominar el tenis durante la próxima década.
Pero la lesión no es el único tema que genera interrogantes.
La decisión del padre de Alcaraz de prescindir de Juan Carlos Ferrero, pieza fundamental en la construcción deportiva de su hijo, ha despertado numerosas dudas dentro del tenis español.
Ferrero no sólo fue un campeón de torneos dentro del Grand Slam, también fue el arquitecto de gran parte del desarrollo profesional del murciano.
La historia del deporte demuestra que la fórmula padre-entrenador y manager, rara vez funciona a largo plazo.
Carlos Alcaraz sigue teniendo las condiciones para marcar una época, pero las decisiones tomadas en los últimos meses han generado más preguntas que respuestas.
Por ahora, el entorno del español está asumiendo riesgos innecesarios en un momento crucial de su carrera.
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