Pocas actividades humanas tienen hoy la capacidad de movilizar simultáneamente a miles de millones de personas. El deporte lo consigue. Gracias al periodismo y los medios de comunicación, a la televisión y —más recientemente— a las plataformas digitales, el deporte ha alcanzado un lugar preponderante, como una de las principales formas de entretenimiento.

Hoy, constituye un verdadero fenómeno global que informa, emociona, crea historias y narrativas, genera espacios comerciales, impulsa el consumo, produciendo un enorme impacto económico. Además, identifica a grandes ídolos y —en muchos casos— los convierte en ejemplos e inspiración para millones de personas.

La Copa Mundial de la FIFA, organizada de manera conjunta por tres países, es la mejor prueba de esa dimensión universal. Eventos de esta magnitud han obligado a los medios de comunicación a evolucionar, formando directivos con una visión más amplia, productores cada vez más creativos, con comentaristas y analistas capaces de enriquecer la transmisión con información, contexto y análisis que elevan la experiencia del espectador.

Todo eso confirma que el deporte ha dejado de ser únicamente una competencia, para convertirse en uno de los fenómenos culturales más relevantes en nuestra época.

Al mismo tiempo, el deporte representa entretenimiento, así como una actividad económica de enorme importancia.

Es complejo, apasionante, participativo e —incluso— político. Mueve multitudes, despierta emociones intensas y genera tensiones derivadas de la inmensa pasión que comparten deportistas, dirigentes, patrocinadores, medios de comunicación y aficionados.

Como ocurre en cualquier actividad humana, existen buenos y malos dirigentes. Los buenos construyen instituciones sólidas, fortaleciendo e innovando el deporte. Los malos directivos, en cambio, suelen ignorar aspectos esenciales, así como principios y valores, por falta de preparación o visión.

Ahora inicia Wimbledon, con una extraordinaria cobertura mediática. La televisión, apoyada por las nuevas plataformas digitales, llevará cada partido a millones de hogares de manera simultánea.

El Mundial ocupa un sitio privilegiado en el calendario, pero Wimbledon —así como otras grandes competencias— también posee audiencias fieles y continúa fortaleciendo este fenómeno global que forma parte esencial de la cultura contemporánea.

Hoy, el deporte ya no sólo se juega en una cancha, una pista o un estadio, también se vive en las pantallas, se debate en el periodismo serio, así como en las redes sociales, convirtiéndose en un lenguaje universal capaz de unir a millones de personas alrededor del mundo. Ese es, precisamente, el verdadero poder del deporte.

luis@vamosdeportes.com

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